Isidora Padrón, 20 años. Estudiante de derecho Universidad de los andes

  • 24 octubre, 2019

«El domingo 20 de octubre me levanté más tarde. Desperté con una sensación de rabia, de pena, de impotencia. Sentía rabia del caos, del desorden, de ver imágenes violentas. Eran días muy intensos y solo se hablaba de lo mal que estaba todo. Me vino la necesidad de ayudar, de hacer algo. Y estaba segura de que si había sido tan fácil convocar gente para destrozar, se podía hacer algo para ayudar a reconstruir. Llamé a una amiga y le propuse ir a limpiar estaciones de metro, recoger escombros. Me dijo que no, que era peligroso y me advirtió que nadie me iba a querer acompañar. No me di por vencida. Hice una convocatoria a través de mi Instagram. Me sorprendí porque rápidamente comencé a recibir mensajes. Eran tantos, que creé una cuenta en esa red social llamada “Reconstruyamos Chile”. En dos horas, ya tenía cuatro mil seguidores. Me impresionó el impacto, las ganas de muchísima gente por salir a la calle a devolver la ciudad a una cierta normalidad. Un día después me llamó otra agrupación, “Limpia por Chile”, para que los voluntarios uniéramos nuestras fuerzas. Teníamos el mismo objetivo: generar un espíritu de unidad, de restauración. Partimos por ir a las estaciones de metro de Macul, Santa Julia, Vicuña Mackenna, Baquedano y Pedro de Valdivia. Pero la situación se estaba complicando, muchas de esas estaciones nos exponían a un riesgo inminente. Así que nos concentramos en ser agentes activos limpiando calles aledañas. Lo sorprendente es cómo se fueron sumando más y más personas en esta tarea de reconstrucción. He pensado que algo así debió haber pasado con las evasiones masivas del metro. No se dieron cuenta del impacto que iban a tener y lo rápido que esa acción podía crecer. Yo apoyo las manifestaciones pacíficas, la gente tiene derecho a expresarse. Pero no la violencia. Reprocho que los estudiantes se hayan organizado para evadir el metro usando la fuerza más que la razón. Nuestra causa es apolítica. Nos interesa generar otra forma de comunicarnos, sumar fuerzas en pro de la unidad más que de la división. Ya somos un grupo enorme de jóvenes organizados para ayudar y tenemos claro que nuestro proyecto va a seguir. Somos conscientes del impacto que podemos causar socialmente al ser un elemento de cohesión dentro de la comunidad, una contraprotesta. Mirando lo que ha sucedido en el país en estos días, he llegado a la conclusión de que nos falta dialogar, escuchar al otro. Cuando eso sucede, llegamos a medidas violentas como las que hemos vivido. Quizás esto sirva para abrir nuevas conversaciones, nuevos acercamientos”.

«Evadí. Y lo volvería a hacer»

«La primera vez que lo hice fue el jueves 17 de octubre», cuenta Joshua Díaz López. «El reloj marcaba entonces las 15:00 horas. Eso fue antes de que el ambiente se tornara violento, antes de ese viernes 18 de octubre –y mucho antes de que los militares salieran a la calle–, decidí junto a un grupo de compañeros no pagar el pasaje del metro». Lee la nota aquí.