La aparición de Kindle 2 –un artefacto delgado y liviano que puede almacenar centenares de libros para leer en una pantalla electrónica- ha desatado la alarma de los nostálgicos, que postulan que el viejo formato de papel impreso, con lomo y páginas encuadernadas, podría extinguirse. En esa queja hay un componente fetichista muy alejado del […]

  • 5 marzo, 2009

La aparición de Kindle 2 –un artefacto delgado y liviano que puede almacenar centenares de libros para leer en una pantalla electrónica- ha desatado la alarma de los nostálgicos, que postulan que el viejo formato de papel impreso, con lomo y páginas encuadernadas, podría extinguirse. En esa queja hay un componente fetichista muy alejado del placer auténtico de la lectura. Es probable que muchos de los que disparan contra los libros digitales sean del tipo que suele coleccionar títulos antes que leerlos o que se precia de tener viejos volúmenes que nunca han sido abiertos. La muerte del libro ya fue anunciada cuando aparecieron la radio, el cine y la TV, y resultó falsa. Lo mismo puede preverse con Kindle, que antes que ahuyentar la lectura en algunos casos la facilita. Desde ya, no será necesario agregar varios kilos a la maleta con esos libros de tapa dura, incómodos y pesados como ladrillos