Ojalá nos diéramos cuenta a tiempo de que si los precios son obligados a mentir, la verdad amarga será confesada por las cifras de crecimiento.

  • 23 julio, 2008

 

Ojalá nos diéramos cuenta a tiempo de que si los precios son obligados a mentir, la verdad amarga será confesada por las cifras de crecimiento. Por Juan Foxley R.

Los precios relativos reflejan escasez y disposición a pagar. Parecemos olvidar a veces que si los chinos gastan más en pan y combustibles y los precios no suben, no habrá incentivo ni a mejorar la productividad agrícola ni a diversificar fuentes de energía en el mundo. Y que si los argentinos ahogan el precio del gas, no hay exportación a Chile y los porteños terminan cambiando restos de calor barato hoy, por entumecimiento mañana. En Chile atisbamos una lógica peligrosa de manipulación de precios. Sin molestarse con argumentos de externalidades, gobierno y parlamentarios nerviosos empiezan a bajar impuestos a transportistas y, en Santiago, a congelar pasajes de micro y Metro, como diciendo a productores y consumidores “ojalá ahorre en bencina y viajes, pero si no lo hace… no importa, la cosa es que vote por mi sector”.

Preocupante también, aparecen indicios de manipulación de precios en el crédito. Hace poco escuché un aviso radial pagado por Corfo. Con gran ostentación apoyaba préstamos al 10% nominal anual; es decir, apenas medio punto más que la inflación a 12 meses. Para acceder a la ganga, no importaría mucho el riesgo de su negocio. El Estado ofrece un seguro de crédito y basta que muestre vender menos de 4 millones de dólares anuales y ya está… tasa blanda para usted.

Manipular precios para redistribuir ingresos es pésima idea, pero quizás lo más grave de tasas artificialmente bajas es que proyectos malos se pueden tornar atractivos por la sola existencia del favor estatal. Con proyectos no rentables, se garantiza un crecimiento mediocre del PGB y, lógico, a tasas subsidiadas, mientras más me endeudo, más gano en la pasada.

Los precios políticos en el mercado del crédito parecían desterrados desde que Corfo (1990) inició el sistema de subastas. La llamada “banca de segundo piso” consiguió que las tasas reflejaran la verdadera disposición a pagar, desalentando así la ejecución de proyectos no rentables o simplemente “truchos”. Consiguió también eliminar la perversidad de los 80, cuando Corfo jugó a ser banco, perdiendo el 82% de su cartera y recuperando el resto a tasas de huevo.

Ojo, la fijación de tasas bajas representa también un boicot flagrante a la política monetaria, justo cuando el Banco Central hace su mejor esfuerzo subiéndolas. Ojalá nos diéramos cuenta a tiempo de que si los precios son obligados a mentir, la verdad amarga será confesada por las cifras de crecimiento.

El autor es académico de la facultad de Economía y Negocios de la Universidad Alberto Hurtado.