Como es obvio, en el mercado financiero están altamente sensibles a las señales explícitas e implícitas que pueda estar enviando el Banco Central que preside José de Gregorio. Cualquier guiño puede afectar las decisiones y por eso la epidermis está más sensible que nunca.

  • 14 mayo, 2008

Como es obvio, en el mercado financiero están altamente sensibles a las señales explícitas e implícitas que pueda estar enviando el Banco Central que preside José de Gregorio. Cualquier guiño puede afectar las decisiones y por eso la epidermis está más sensible que nunca.

Pues bien, a fines de la segunda semana de mayo y casi en paralelo al anuncio de mantener la tasa rectora de la economía en 6,25%, hubo novedades en el proceso de licitación de bonos destinado a esterilizar el impacto del calendario de compra de dólares anunciado por el instituto emisor. Dichas novedades tuvieron que ver con un mayor volumen de papeles a licitar respecto de lo esperado, lo que hizo que las fuerzas del mercado operaran en forma implacable: a mayor abundancia menor el precio de los papeles… Y visto con la lógica financiera, a menor precio mayor es la tasa de interés implícita del instrumento. En simple: la licitación supuso un aumento en las tasas de interés de mercado de largo plazo, señal que produjo confusión en los agentes, que no esperaban ese “guiño” de la autoridad. Con todo, expertos consultados por Capital creen que las tasas largas no seguirán altas, sino que al cabo de untiempo deberían normalizarse para moverse al son de los famosos “fundamentals”.