• 5 octubre, 2010


La disciplina fiscal ha sido uno de los pilares para sentar las bases de nuestro nivel de desarrollo. La discusión presupuestaria debe estar a la altura para no poner en riesgo nuestras cuentas fiscales.


Se fueron septiembre y las celebraciones del bicentenario. Llegó la primavera y con ella una de las discusiones más relevantes que se darán entre el gobierno y el congreso. El 30 de septiembre, como todos los años, el ejecutivo entregó la ley de Presupuestos al parlamento para ser discutida. Los treinta y tantos, en el norte como en el sur, se han llevado las cámaras. En el norte fue más rápido. En el sur tomó tiempo y tuvimos que llegar al límite para darles la importancia necesaria. Todo esto ha opacado la importancia que tiene la discusión presupuestaria dentro del poder ejecutivo y que ahora llega para ser debatida por los parlamentarios durante octubre y noviembre.

La política fiscal –y por consiguiente la ley de presupuestos– debe ser una de las decisiones más políticas. En ella no sólo se toman decisiones a nivel macroeconómico (gasto agregado), sino también en el sentido microeconómico (asigna recursos entre usos competitivos y alternativos). Por ello, la forma en que se distribuyen las responsabilidades y los poderes en el proceso presupuestario es un factor clave para comprender cómo se va a implementar la política fiscal. También involucra la capacidad del poder ejecutivo para coordinarse internamente y ver cómo administra las presiones de los ministerios sectoriales y políticos, así como las relaciones con el poder legislativo. Todo lo anterior, con el fin de poder ser disciplinados frente a las múltiples necesidades de la ciudadanía y de los grupos de interés, entre otros.

Esta es la primera ley de Presupuestos del gobierno del presidente Piñera. Si bien durante el mensaje del 21 de mayo intentó mostrar una “carta de navegación”, la asignación de recursos nos mostrará realmente dónde están las prioridades presidenciales, y el sello que quiera dar el Ejecutivo a la política fiscal. Es muy probable que este ejercicio presupuestario logre poner de acuerdo a una Concertación –ojalá sea así– que, hasta la fecha no ha sido una real oposición. Veremos quiénes asumirán liderazgos y cuáles serán las banderas de lucha hacia los próximos años. Será una primera aproximación para lo que debiéramos esperar en las próximas elecciones municipales. Además, tendremos la posibilidad de analizar el comportamiento de los diputados del Partido Comunista y la capacidad de organización que muestre la Concertación. Podremos sacar conclusiones de si estaremos o no frente a una oposición constructiva y proactiva. Este ejercicio es muy importante como para darse el lujo de marginarse de la discusión o, simplemente, entramparse en una polémica inocua. Espero que no veamos parlamentarios como los que, de manera irónica y poco constructiva, entregaron en el pasado 1 peso a un ministerio.

Así como la oposición debe ser constructiva, el gobierno también lo debe ser. Ya sabemos que cuando no hay conversación no hay acuerdo. Un ministerio de Hacienda terco y con pocas ganas de dialogar puede hacer que la discusión se centre en la forma y no en el fondo y que, por lo tanto, terminemos con resultados ineficientes. No hay buenos precedentes (royalty), pero nunca es tarde.

Este ejercicio presupuestario nos dará algunas luces para ver cuáles son los ministerios relevantes. Este proceso –hasta ahora– ha tenido un presidente con un rol protagónico, un ministerio de Hacienda compartiendo su protagonismo con otras carteras y algunas indecisiones internas, entre otras cosas.

El gobierno ha prometido que no sólo recortará gastos, sino que irá más allá y eliminará programas mal evaluados. ¿Habrá, quizás por primera vez, un cuestionamiento acerca de la eficiencia del gasto inercial? ¿Cómo será la presión por parte de los grupos de interés? ¿Qué tan “blindado” está este presupuesto dentro de los partidos de gobierno? ¿Estarán dispuestos nuestros honorables parlamentarios a eliminar “derechos adquiridos”? ¿Se polarizará la discusión por el solo hecho de que la Concertación sienta que el cortar los programas es como decir que lo de antes estaba mal hecho? Son muchas las preguntas que se van a resolver en los próximos dos meses.

Uno de los grandes activos que tiene Chile son sus instituciones y, en este sentido, la disciplina fiscal ha sido uno de los pilares para sentar las bases de nuestro nivel de desarrollo. Por ello, en este proceso presupuestario debemos tener una discusión con altura de miras, porque no nos podemos dar el lujo de poner en riesgo nuestras cuentas fiscales. No hay que perder el foco: una buena ley de Presupuestos beneficiará a todos los chilenos y chilenas.