La columna “Con mi música y la Fallaci a otra parte” interpretó a gran parte de la comunidad docente. A pesar de haber sido escrita hace tres años, cada cierto tiempo vuelven a viralizarse sus descargos sobre el desinterés de los jóvenes estudiantes de comunicaciones en las cátedras. Hoy afirma que esto se debe a la pérdida del monopolio de la información y la búsqueda de clics.

  • 15 noviembre, 2018

Llevaba más de 10 años haciendo clases en carreras universitarias de comunicación cuando decidió renunciar. A fines de 2015 escribió una columna de opinión sobre el desinterés de los jóvenes por el periodismo debido al impacto de la era digital. Hoy trabaja en medios de comunicación, además imparte algunos talleres y cursos a empresas que buscan mejorar el nivel de escritura. Pero aún no vuelve a las aulas y no sabe si lo hará.

Leonardo Haberkorn ya lleva más de 30 años en la profesión. Cuando comenzó sus estudios en comunicación no tenía claro para qué, sin embargo sabía que ese era su camino. Su primer trabajo oficial fue como publicista. No le gustó. Le aterraba tener que hacer una campaña para un producto que estuviera en contra sus convicciones. Renunció y le dio una oportunidad al periodismo. No demoró mucho tiempo en confirmar su vocación, “el periodismo es maravilloso porque te permite conocer mil mundos y personas, contárselo a los demás, salir de la rutina todos los días y estar siempre aprendiendo”.

Actualmente es corresponsal en Uruguay de la agencia Associated Press (AP), colabora en el diario El Observador y el portal Ecos. Tiene un espacio en la radio El Espectador y escribe libros de no ficción. Tiene 13 libros publicados de los cuales tres son infantiles. En Chile ha publicado en medios como El Mercurio y Qué Pasa. Además, fue incluido en una colección de periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez. Comenzó a dar clases como asistente en la Universidad Católica del Uruguay donde había estudiado en 1993 y su último año como profesor fue en la universidad ORT de Montevideo en 2015.

La columna de opinión titulada “Con mi música y la Fallaci a otra parte” fue escrita como un descargo a las nuevas generaciones de estudiantes de comunicaciones que están desinteresados y desinformados ya que todo está al alcance de un clic. En este texto confiesa “Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”.

-¿Por qué crees que tu columna fue tan compartida por la red?

-Es evidente que toqué un punto sensible que está afectando a personas, docentes y no docentes, a lo largo y ancho del mundo.

-¿Pensaste que sería tan popular este texto?

– No, nunca, ni remotamente.

-¿Cuántas veces se ha compartido?

-Muchas, muchísimas. La actual es la tercera o cuarta viralización que tiene la nota. Me han escrito personas de todos los países hispanohablantes, y algunos otros, como Estados Unidos, Francia.

-¿Cómo ha sido el feedback que has tenido con esta columna?

-Por un lado, ha sido muy gratificante. Muchos docentes se han sentido identificados, comprendidos, menos solos y han ganado fuerza para seguir adelante. Me han escrito muchos estudiantes y profesores agradeciéndome por haber removido la modorra de sus cursos. Por otro lado, viví en carne propia el peor de los males del periodismo actual: la búsqueda desesperada de clics. Me vi transformado en mercadería viral. Me robaron la nota, sin pedir permiso y me usaron para generar notas huecas, pero “viralizables”.

 

Las nuevas generaciones de estudiantes y el internet

El periodista considera que está adaptado a las nuevas tecnologías. Trabaja en medios digitales y participa activamente en las redes sociales, especialmente en Twitter. Afirma que el principal cambio en el ejercicio del periodismo es que se ha perdido el monopolio de la información, “hoy los políticos, las empresas, los gobiernos, los deportistas le hablan directamente a la gente sin pasar por nosotros” y lo hacen a través de las redes sociales. Haberkorn reflexiona que el haber perdido el monopolio de contarles a las personas lo que pasa instaura el desafió de redefinir los medios. Hoy se deben tratar los temas en profundidad, ir más allá de donde pueden llegar los demás. Cree que los principales responsables de este desinterés son los medios que se dedican a buscar clics con videos virales y títulos engañosos.

-¿Crees que dejar de hacer clases es una forma de rendirte y no adaptarse a los nuevos cambios que ha tenido la industria?

-No. Doy mi propia batalla contra la dispersión y la distracción que supone toda esta andanada tecnológica. A veces gano y a veces pierdo. Por supuesto, sigo ejerciendo el periodismo con la misma curiosidad, la misma pasión y el mismo rigor y esfuerzo de siempre. A lo que no me adapto es a hablar con una persona, ya sea dando clase o no, y que no pueda aguantar mirar el celular cada diez segundos.

-¿Estás interesado en revertir este desinterés de los jóvenes?

-Me encanta interactuar con gente más joven. Hace poco di un curso en una empresa dedicada a vender electrodomésticos. Mi público eran jóvenes que trabajan como vendedores, cajeros, técnicos que reparan televisores. Es notable su capacidad de aprendizaje y su interés; su consciencia del valor del saber, de mejorar. Es decir: no hay un único tipo de joven.

-¿Cuál sería la manera de hacerlo?

-Creo que hay que revivir el sentimiento de curiosidad que los nuevos jóvenes fueron perdiendo en los años de primaria y secundaria. Un colega que fue a dictar un curso a una universidad privada montevideana, me contó que un joven, que lo miraba despatarrado en su silla, levantó la mano y le dijo: “Todo lo que estás diciendo lo puedo encontrar en Google”. Hay que cambiar todo el modo de enseñar, empezando por las tareas escolares, que ya no pueden tener la consigna de ‘Busquen información sobre…’. Ahí ya se empieza a perder la curiosidad y la fascinación por saber más.