Alan Roy Marchment (86 años, casado, una hija) es un ciudadano canadiense que marcó un antes y un después en la relación entre las comunidades indígenas de ese país y el estado norteamericano. Un desafío nada menor, pues en Canadá existen unos 640 gobiernos de las naciones originarias. Marchment, destacado ejecutivo del mundo de las […]

  • 8 marzo, 2013
Alan Roy Marchment

Alan Roy Marchment

Alan Roy Marchment (86 años, casado, una hija) es un ciudadano canadiense que marcó un antes y un después en la relación entre las comunidades indígenas de ese país y el estado norteamericano. Un desafío nada menor, pues en Canadá existen unos 640 gobiernos de las naciones originarias.

Marchment, destacado ejecutivo del mundo de las finanzas y director de importantes compañías, no sólo asesoró el juicio más caro de la historia canadiense, sino que logró que la Somson Cree First Nation, una de las principales naciones indias de ese país, recibieran a modo de compensación 348 millones de dólares, que le pertenecían por la explotación de las riquezas naturales de su territorio. De paso por Chile, en la casa de su amigo el escultor Francisco Gazitúa (ver recuadro), hablamos con este hombre de negocios sobre el histórico acuerdo que protagonizó y las lecciones que su experiencia puede entregar a Chile.

Aunque Marchment no conoce en detalle el problema que enfrentan las comunidades mapuches en Chile, tiene algunas recomendaciones, aprendidas en estos años de defensa de la Samson Cree First Nation. “Creo que todo pasa por que su Presidente conozca el problema y sea capaz de pedir perdón”, afirma de entrada.

-¿Es el gobierno el que tiene que solucionar los problemas?

-Pertenezco al Partido Conservador, pero no creo en los gobiernos. En ninguno, sea de izquierda o derecha. El problema se soluciona no con el compromiso del gobierno, sino con el del sector privado. Hay muchos ejecutivos en grandes corporaciones que podrían ayudar a resolver los conflictos de los pueblos originarios y sus relaciones con el estado, especialmente en temas económicos. Los pueblos originarios lo agradecerían y confiarían en ellos.

Un caso histórico

Partamos por el principio. Corría 1998 y Marchment recibió un llamado telefónico que cambiaría su vida (y la de los indígenas canadienses): el ex presidente de uno de los bancos más importantes de su país le preguntó si podía actuar como testigo experto en asuntos financieros en un caso judicial entre el estado de Canadá y la Samson Cree First Nation.
El aludido confiesa que en un primer momento dudó. Tenía una enorme carga de trabajo y no estaba convencido de poder incluir un nuevo asunto a su ya diversificado portafolio laboral. Pero el ejecutivo le aseguró que el tema no le tomaría más de tres semanas y finalmente aceptó. Claro que de las tres semanas ni hablar. Ya van más de 15 años de trabajo mano a mano con ese grupo, al que dedica al menos el 40% de su tiempo por estos días.

En concreto, se le pidió colaboración para lograr que las naciones originarias recibieran los beneficios económicos asociados a la explotación de las riquezas de aquellos territorios que les pertenecían. En el territorio de los Samson existían importantes reservas de petróleo, de las que tenían un 75% de la propiedad. Otros grupos indígenas también eran propietarios de esas reservas: a los Urman Skinn le pertenecía cerca de un 20%, mientras que los Montanas y Louie Ball alcanzaban posiciones menores.

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En los 70 estos grupos le habían pedido al gobierno de turno que actuara como representante ante las compañías petroleras que estaban interesadas en ingresar a la zona y extraer el hidrocarburo. Lo hicieron, pero el royalty asociado quedó en manos del Estado de Canadá, como garante de los indígenas. El problema es que ellos querían manejar su dinero y ver dónde invertirlo, porque sospechaban que en parte estaba siendo ocupado por el gobierno para cubrir gastos propios.

Más de 20 años de dimes y diretes transcurrieron hasta que apareció Alan Roy Marchment en el escenario. Velando por los intereses económicos de la Samson Cree First Nation, dirigió a un grupo de especialistas, diseñó una estrategia y llegó hasta la Corte Suprema. Fue protagonista del que se ha considerado el juicio más caro en la historia de Canadá, con costes legales por 100 millones de dólares sólo para los Samson.

Marchment cuenta que pelear con el Estado no fue fácil. Ni barato. Pero valió la pena, pues se transformó en un caso histórico, que en 2006 les devolvió a las comunidades indígenas las ganancias por el petróleo que se había descubierto en sus tierras y de las que no habían tomado parte. La Samson Cree First Nation recuperó la nada despreciable suma de 348 millones de dólares. Y los pueblos indígenas avanzaron en dignidad en materia de tratamiento legal de sus asuntos.
Como botón de muestra, Marchment comenta que el gobierno estableció una corte especial para tratar el tema, en Calgary, con un juez especializado. Y no sólo eso. También se logró que los indígenas pudieran testimoniar de manera oral, cosa que estaba prohibida y los dejaba en un muy mal pie, porque no sabían leer ni escribir. Pero sobre todo, marcó un nuevo trato en materia de “treaty rights”, es decir, los derechos reservados a las comunidades indígenas en sus relaciones comerciales con los “colonos”.

“Nuestro dinero”

La ayuda de Marchment no se quedó ahí. Una vez recuperado el dinero se creó un estamento con los 348 millones de dólares, que se transformó en el primer fondo de inversiones indígenas de Canadá, para el beneficio de las actuales y futuras generaciones de los Samson. Ese fondo -the Kisoniyaminaw Heritage Trust Fund- tiene hoy participaciones en compañías de seguros y otros negocios; y su presidente es el mismo Alan Roy Marchment. Anualmente se publica un reporte llamado Kisoniyaminaw (en inglés significa “Our Money”), que especifica dónde están las platas y qué se ha hecho con ellas.

A través de ese primer fondo de inversiones indígena, anualmente se le entregan 17 millones de dólares a la Samson First Nation, que pueden utilizar libremente y que se obtienen de las ganancias generadas por los expertos en inversiones que manejan el dinero. El grupo indígena no necesita preocuparse de los detalles de la bolsa o la renta fija, porque para ello especialistas como Marchment están sentados en la mesa del directorio, en la que también participan, eso sí, los jefes de los Samson.

Un nuevo trato

El caso protagonizado por Marchment marcó un precedente en Canadá y actualmente otras diez comunidades que también tienen petróleo en sus tierras están librando una batalla similar, que se ha basado en la defensa judicial de la Samson Cree First Nation. Adicionalmente, el equipo de Marchment ha ayudado a estas comunidades con el cálculo de los montos que les corresponden.

De esa manera, lo que para los Samson tardó más de cuarenta años, a otros grupos les ha salido bastante más rápido. “Y a un precio menor, porque se les entregó toda la documentación legal y la estrategia”, asegura.
En estos 20 años de trabajo con los indígenas canadienses, Marchment ha desarrollado una relación muy especial con los miembros de la Samson Cree First Nation: “me piden consejos y también he aprendido de ellos”. Y agrega que lo que más le llama la atención es la importancia que le dan hoy a la educación y su compromiso con ella, luego de haber conocido de cerca la lacra del analfabetismo. No en vano hoy tienen más de dos mil graduados universitarios y todos van obligatoriamente al colegio. “Si no sabes leer ni escribir, tienes que volver a la escuela. Da lo mismo la edad que tengas, pero debes aprender”.

-¿Qué fue lo más difícil que le tocó enfrentar en este juicio?

-Sin lugar a dudas lo más complejo fue pelear con el gobierno. Ellos trataron de ganar el caso y sus abogados a menudo mentían, pero yo no podía permitirlo. Hicimos cosas nunca antes vistas: citamos al primer ministro, eliminamos el término indio y lo cambiamos por aborigen. Lo más importante es que logramos que ellos tuvieran control sobre sus tierras: antes las compañías petroleras entraban a sus territorios sin costo alguno, hoy eso no sucede.

-Luego de este caso, ¿se generó un cambio de percepción respecto de los pueblos indígenas?

-Exactamente, se comprendió que habían sido abusados y se les devolvió su dignidad. Eso mismo debería pasar en Chile si quieren resolver el problema. •••

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Un mural por la paz

La visita de Alan Roy Marchment a Chile tiene relación con un gran mural que la artista Angela Leible, esposa del escultor Francisco Gazitúa, está creando para el nuevo Museo de los Derechos Humanos de Canadá, que será inaugurado en 2014, en Winnipeg, en la Provincia de Manitoba.

La obra alude a la Profecía del Cóndor y el Águila, que relata que al principio de la vida humana existía un sólo grupo, pero que con el tiempo se separó en dos: los del águila, intelectuales y orientados a la ciencia; y los del cóndor, intuitivos y en armonía con la naturaleza. Ni las águilas ni los cóndores pueden sobrevivir por separado. Sólo si vuelan juntos otra vez, el mundo encontrará de nuevo su equilibrio.

Leíble es experta en pueblos originarios de América. Su mural en un principio iba a estar en un museo de los Samson, pero por gestiones de Marchment su destino final será el Museo de los Derechos Humanos de Canadá, un edificio diseñado por el arquitecto Antoine Predock con una inversión de 350 millones de dólares.