Ecologista.

  • 21 junio, 2018
Foto: José Miguel Méndez

“Crecí en el rancho de mi bisabuelo en California. Ahí toda mi familia, primos, hermanos y hermanas vivimos juntos y crecimos en medio de la naturaleza. Estábamos todo el día al aire libre, y eso marcó mi vida. Pienso que mi vida refleja a mis padres, ellos fueron personas cultas y outdoor, les gustaba llevar una vida que era diversa y eso, diría que describe lo que yo he deseado en mi vida: tener una vida de extremos. Me gusta recorrer París y al mismo tiempo estar perdida entre las montañas o en el mar. Me gusta la vida en su lado más extremo y salvaje.

Cuando éramos pequeños, mi padre trabajaba en el campo y en la industria del petróleo. Por eso nos mudamos a Venezuela cuando yo tenía ocho años. Luego de estar dos años allá él murió… yo tenía 10 años.

Éramos tres hermanos, hijos de ese matrimonio, yo soy la menor. Volvimos a California y años después mi madre se casó con uno de los mejores amigos de la familia. Él también había enviudado y tenía cuatro hijos pequeños. Así, pasamos a ser una familia con siete niños.

Soy muy buena cocinera. No tengo ninguna especialidad en particular, pero me gusta que la comida se vea bonita en el plato. Pienso que la belleza y la estética son parte de mis hobbies. Ya sea en lo gráfico o en la comida… todo lo bello significa mucho para mí. Sé que la estética no es un hobby, pero es algo que me identifica totalmente.
Me gusta viajar, pero no me gustan las vacaciones per sé. Desde que tengo dos años soy una trabajólica. Nunca paro. Trabajaré hasta que muera. No me atrae ir a la playa a sentarme sin hacer nada. Para mí eso no es interesante. Me gusta ir a África, me gusta estar con gente que está comprometida y ocupada en sus temas y que le preocupa este mundo.

He tenido la misma personalidad toda mi vida, desde niña. Debido a esto, la gente suele pensar que soy hippie y que participábamos en el movimiento de los 60. Pero Doug y yo nunca fuimos hippies. Es un gran error pensar que todos los ecologistas son hippies.
Tuvimos muchos amigos que sí lo fueron, y pienso que ese movimiento que se dio en Europa y Estados Unidos fue bueno para la sociedad, porque impulsó el movimiento por la paz, por los derechos humanos y el feminismo. Hay muchas cosas que me gustan de los hippies, pero yo no soy del tipo de personas a las que les gustan las comunidades… duraría dos minutos en una, antes de que me echaran.

Chile no es mi hogar, nunca lo ha sido, pero es el lugar en el que hemos pasado mucho tiempo. Aquí hemos podido expresar nuestro trabajo de filantropía y lo hemos hecho con cinco gobiernos.

En los chilenos veo gratitud en algunos, y en otros no. Pero si comparas con cómo partimos en 1993, hay un gran avance.

La controversia sobre los Tompkins ya terminó. Se decía de nosotros cosas terribles, como que éramos un nuevo estado judío, etc.

Una vez que el presidente Lagos, entonces ministro de Educación, declaró Pumalín Santuario de la Naturaleza en el año 2004, todo cambió. Ha habido una evolución enorme, muchos empresarios se han dedicado a la conservación y tienen grandes áreas protegidas. El presidente Piñera también es un ejemplo. Ser parte de esta evolución, solo me produce alegría.

He tenido mucha pena desde que Doug murió. Estoy mejor ahora. Me he enfocado en agradecer el haber estado un cuarto de siglo con él. No estoy tan desesperada como antes. Hoy trabajo más enérgicamente, con mayor sentido de la urgencia, pues solo hay uno de nosotros y no dos. La tristeza es un motor, que te hunde o te da la energía de una nave espacial.

La demanda que interpuso la hija de Doug, por supuesto que es algo que me preocupa, pero no hablo de ello. Hoy estoy totalmente enfocada en que los parques nacionales de Chile tengan el mejor cuidado posible. Recién creamos la corporación Amigos de los Parques de la Patagonia, y me tiene muy feliz. Buscamos que todos los chilenos puedan participar apoyando su sistema de parques nacionales, conociéndolos y enamorándose de estas obras maestras de su país”.