“Cuando uno está en política, la Presidencia es algo que siempre interesa. Si mi gente, la gente con la que trabajo, quiere que vaya, voy a ir. Me formé en un tiempo en que la política era colectiva. Se hacía entre todos. No era una especie de postulación, no era un concurso de antecedentes ni […]

  • 3 octubre, 2019

“Cuando uno está en política, la Presidencia es algo que siempre interesa. Si mi gente, la gente con la que trabajo, quiere que vaya, voy a ir. Me formé en un tiempo en que la política era colectiva. Se hacía entre todos. No era una especie de postulación, no era un concurso de antecedentes ni uno de oposición. Yo en política nunca fui el primero, hasta que llegué a la OEA. Esa ha sido la única vez. No tengo necesariamente ambiciones desorbitadas de ser el primero, el líder o la luz que ilumina el camino. No. Yo aspiro a hacer mi trabajo y hacerlo bien. Si llegara a ser Presidente, lo que propondría primero es el qué le digo a la gente y, segundo, nombrar un buen gabinete para que lo hagamos entre todos. No pretender hacerlo solo.

Yo no he sido candidato presidencial, porque la primera vez que se planteó esa idea yo llevaba muy poco tiempo en la OEA, y no me pareció correcto. No es que haya sido rechazado, es que simplemente no correspondía. Me tomo esas cosas con mucha calma. No hay que tener un gran apego por ellas, pues son cosas que van y vienen. La primera vez que planteé alguna opción en ese sentido fue en la última elección, cuando mi partido había decidido hacer una primaria presidencial para elegir a su candidato. Yo dejé todo lo que estaba haciendo para postular y al final optaron por no hacerla. Entonces yo no acepté esa decisión y bajé mi candidatura. Al final fui candidato a senador por Arica y Parinacota. 

Hoy, ya casi nadie quiere ser senador o diputado, todos aspiran a ser Presidente. Estamos llenos de candidatos primerizos o con poca experiencia. La gran diferencia entre hoy y los más de 40 años que llevo en la política de izquierda es esta pérdida de visión de lo colectivo y el predominio del interés individual. A mí no me parece bien que en la acción de un político predomine su interés individual. Me parece pobre. Empobrece la política.

Esta mañana, en una reunión que tuve, alguien dijo que en realidad, en la vida, lo que más importaba era el ejemplo que uno daba. Si en política damos el ejemplo de perseguir puras ambiciones personales, entonces van a entrar puros ambiciosos personales. Obvio. Ningún joven va a entrar a la política por altruismo o por generosidad, como tratamos de hacerlo nosotros, sino que lo harán para ver si hacen una carrera ahí, y eso es un pésimo pronóstico.

Lo más tóxico de la política es cuando ves que la gente está más que nada por su propio interés que para salvar alguna idea, o por cambiar la vida del país. Esto pasa cada vez más desgraciadamente. La política se ha deteriorado mucho por eso. Alguien dijo, no lo cito porque no le va a gustar que lo cite, que muchos de nosotros de los que estamos en política, somos empresas individuales de auto-promoción. Y eso no es bueno. A mí la política individualista no me interesa. Me gusta la política de grupo, donde estamos todos y decidimos que vamos a hacer algo.

En la vida, las cosas nunca son ciertas. No hay que hacer demasiados planes a largo plazo. Mientras más lejos uno llega, mejor. A mí me fue muy bien en la política; yo cuando estaba exiliado pensaba que lo que más podía conseguir era poder volver a mi país algún día. Les digo lo mismo a mis amigos que han sido diputados, senadores, ministros, de todo… les digo que no nos ha ido mal, que no deben quejarse: le devolvimos la democracia al país, hicimos 20 años de gobiernos buenísimos, hemos seguido vigentes en la sociedad chilena. Yo soy un político que sale a la calle sin que me insulten, sin que nadie me diga nada. Yo pienso que me ha ido bien. Estoy contento con eso, pero no he terminado mi carrera todavía.

Después del golpe

No me gustaría volver a vivir el golpe de Estado. Yo estaba en París en ese momento, participando en una conferencia internacional. Fueron dos días irrepetibles. Luego fui a parar a Buenos Aires para tratar de entrar a Santiago, y no pude hacerlo. Esa experiencia nadie la quiere vivir de nuevo. Estábamos en función a nombre del gobierno de Chile, pero de pronto nos empezaron a cerrar las puertas. Fue un momento ingrato, pero, al mismo tiempo, sirve para ver que todas estas cosas son más bien efímeras y no hay que prestarles demasiada atención.

Yo llamé a mi padre el 28 de agosto de 1973, el día de San Agustín, desde el aeropuerto para decirle que no podía estar para su santo, y cuando volviera le iba a llevar una botella de Whisky para que la tomáramos juntos. Yo no tomo en verdad, pero igual se lo dije. Ocho años después de eso, lo volví a ver  en su lecho de muerte. Entonces qué sentido tiene planificar mucho para futuro, si a veces el futuro no depende de uno. En política hay que estudiar y hay que saber.  A los ignorantes no les va bien en política. Hay que tener buenas relaciones con la gente, saber hablar, conversar, convencer y además, hay que tener suerte.

La oficina del Senador

Mi oficina en Santiago es la más chica de todas. Elegí de último entonces me tuve que quedar con ésta. En la pared tengo como 58 fotos colgadas. En la de Valparaíso alrededor de 40. Estas son con presidentes, ex presidentes y muchos políticos.

Varios de los que aparecen, hoy están presos o en algún juicio político. Por ejemplo, está Alejandro Toledo, ex presidente de Perú y Fernando Lugo, ex presidente de Paraguay. Otro de ellos es Alan García, pero a él lo estimaba mucho”.