“Mis papás supieron cuando nací que tenía el síndrome Holt Oram. A mi mamá le faltó la última ecografía y por eso no lo vieron venir. Creo que fue para mejor, porque no les dio tiempo para cuestionarse. Mi mamá lloró un par de minutos y luego pensó cómo seguir. Mi papá en su niñez […]

  • 6 diciembre, 2018

“Mis papás supieron cuando nací que tenía el síndrome Holt Oram. A mi mamá le faltó la última ecografía y por eso no lo vieron venir. Creo que fue para mejor, porque no les dio tiempo para cuestionarse. Mi mamá lloró un par de minutos y luego pensó cómo seguir. Mi papá en su niñez tuvo polio, fue la última generación con esta enfermedad, ya que la vacuna llegó a Chile un año después. Le recuperaron un pie en la Teletón, pero el otro lo tiene flaco, como un huesito. Lo tenía bien asimilado. Yo creo que eso ayudó en la actitud que tomaron. 

Mis papás no tenían una situación económica extremadamente buena. Todo el mundo les decía que me llevaran a Estados Unidos, y mis papás no podían. Fueron a un par de doctores chilenos que les dijeron que me cortaran los dedos que tengo, para que me quedara un muñón lindo. Decidieron ir a la Teletón, a la misma que pueden ir todos los chilenos, y solo ahí recibieron la mejor recomendación: me dejaron mis dedos. Hace unos años conocí a un español que no me había visto en persona. Quedamos en juntarnos y cuando me vio me pidió explicaciones. Hizo un escándalo porque nadie le había avisado que yo no tenía brazos. Lamentablemente, a las sociedades, por muy desarrolladas que sean, les falta un poco de humanidad, bajar y mirar y ver la situación que realmente se vive. En ese sentido, destaco lo que hace la Teletón en Chile, y es una de las razones por las que siento que tengo que devolverle un poco a la sociedad en la que vivo. 

Llegué al gobierno porque mi cuñada me lo planteó. Me puse a investigar a los ministerios en los que podía aportar y el Ministerio de Desarrollo Social fue uno de ellos. Estaba súper nerviosa porque no tenía ningún contacto. Sabía que había mucha gente que estaba en búsqueda de ser parte del gobierno. Mi pololo, Tomás, es amigo del ministro Gonzalo Blumel. No quería usar ese link, incluso cuando él en ese minuto era jefe programático. Tomás le escribió a Gonzalo y le envió mi currículum. Luego salió designado Alfredo Moreno y me llamaron a una entrevista a fines de febrero. Llegué, nos sentamos y el ministro me dice “bueno, ¿qué me viene a ofrecer?”. Le explique que había renunciado a un trabajo que no me llenaba en absoluto y que tenía la necesidad de irme a trabajar en algo con sentido. Le dije “mira, personalmente, yo, Javiera Icaza, tengo la necesidad de devolverle a la sociedad que me ha aceptado, que me ha dado demasiado y creo que es desde este ministerio donde lo puedo hacer”. Luego, al final me lo confirmó : “Bienvenida, quiero que seas parte de mi equipo”. Ha sido una experiencia increíble. Trabajas todos los días para que gente se vea beneficiada de una u otra forma. Es un lugar donde día a día se ayuda directamente a alguien, y eso es muy bonito. 

Ahora me encantaría tener un upgrade, me gustaría estudiar algo de gestión, quizás hacer un Magíster en Políticas Públicas o un MBA más de administración. Varias veces me han preguntado cómo me veo en 10 años. Soy pésima para proyectarme a futuro porque en la universidad no me resultó irme de intercambio. Fue una experiencia súper frustrante y desde ahí que me propuse no proyectarme a nada porque las cosas pueden cambiar tan fácil de un minuto a otro, que la verdad, estoy abierta a lo que venga”.