“Mi papá era muy deportista. Le gustaba el tenis, la caminata en la naturaleza y esquiar. También participaba en la Superintendencia de Bomberos y pertenecía al directorio del Grupo Alemán. Por otro lado, mi mamá, con su compromiso por el trabajo bien hecho, la perseverancia y la creencia de que cualquier proyecto que emprendieras tenías […]

  • 20 diciembre, 2018

“Mi papá era muy deportista. Le gustaba el tenis, la caminata en la naturaleza y esquiar. También participaba en la Superintendencia de Bomberos y pertenecía al directorio del Grupo Alemán. Por otro lado, mi mamá, con su compromiso por el trabajo bien hecho, la perseverancia y la creencia de que cualquier proyecto que emprendieras tenías que terminarlo, fue un ejemplo. Mi papá nos enseñaba a esquiar y enfrentar desafíos a la par junto a mi hermano. Nunca hubo en la casa un ‘por ser mujer, no lo hagas’. Mi mamá, creo, era de las únicas mamás del curso que trabajaba con horario y sueldo. Ella era profesora del Colegio Alemán de Frutillar y después se dedicó a la administración de su campo.

Mi papá falleció en 2012. Era una persona súper potente. Le dio cáncer en febrero de ese mismo año, cuando yo era subsecretaria de Turismo. Se trató en Santiago y después se fue al sur. Falleció en octubre y estuve súper poco tiempo con él. Durante julio, agosto y septiembre apenas pude ir a verlo. Después, mi mamá tuvo complicaciones de salud. Era un buen momento para salir del cargo porque estaba Daniel Pardo, que me había acompañado desde 2010. Nunca he dejado un barco cuando está a la deriva, y en julio de 2013 ya habíamos crecido en las cifras de turismo, entonces hice una opción personal y renuncié.

De las cosas realmente nefastas que había cuando estuve en el Sernatur era el estado de las oficinas de información turística en Chile. Habíamos logrado tener los recursos para, no solo remodelar las 25 sedes que había, sino que también para tener un servicio de calidad. Estas estaban abiertas desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde, como el servicio público, y por la tarde cuando el turismo es más fuerte, se cerraban, así que hicimos un acuerdo con Inacap para que estudiantes en práctica atendieran las oficinas en los horarios que no lo hacía el servicio público.

Una sugerencia mía fue ponerles poleras con cuello a los funcionarios, para que fuera más fácil para ellos. Solo di las directrices y alguien del equipo sacó un documento interno en el cual se señalaba que yo había dado instrucciones de implementar una rigurosa vestimenta: las mujeres con aros apropiados, sin uñas rojas, cuando yo toda la vida las he usado rojas, entre otras cosas que nunca han estado en mi línea. Se falsificó mi firma electrónica, hicimos un sumario interno y esto se aprovechó políticamente. Carolina Tohá hizo una conferencia hablando del tema y yo pensé ‘de qué está hablando’. Que se haya publicado algo que es muy contrario a mí, lo creo violento. En 24 horas me destruyeron por redes sociales. Aprendí a exponerme lo menos posible y solamente cuando sea muy necesario. Se hizo un sumario administrativo, que demora por los tiempos del Estado. Al final, la persona que falsificó mi firma recibió una sanción administrativa, y ese instructivo interno nunca entró en vigencia. Prohibí la firma electrónica y tuve que leer todos los documentos, lo cual significó aún más horas de trabajo. Cuando trabajas en el Estado, hay cargos que son altamente politizados y estas cosas pueden suceder. En consecuencia, te obliga a demostrar que eres doblemente eficiente. Esas situaciones solamente te hacen crecer, cuando tienes las herramientas para enfrentarlas.

Hoy estoy contenta. Mi proyecto, Compromiso País, es fascinante. Poder vincular los cuatro elementos en los que he estado: la sociedad civil, la academia, lo empresarial y el Estado, de una forma virtuosa para generar un impacto en 16 equipos vulnerables, es un privilegio”.