Ex senador DC.

  • 29 marzo, 2018

Por: María José Gutiérrez
Foto: Verónica Ortíz

“Esperaba ganar en noviembre y trabajé para eso. Me acuerdo de que una semana antes de la elección, nuestro hijo Benjamín dijo: ¿hay un plan de contingencia? A mí me sorprendió porque aquí no hay plan de contingencia. Uno va a ganar. No me duele el ego porque no lo tengo tan grande, sí tengo una autoestima. Sé ganar y sé perder, he tenido las dos experiencias. Mi terapia fue desde el día siguiente de la derrota: ponerme a escribir. Creo que me dolió más la derrota de 2001, cuando me ganó Carlos Ominami. Esa elección fue contra todo, una campaña dolorosa, dura, difícil. Esta, en cambio, fue bien respetuosa.

Ahora volví a Cieplan, que es donde partí el año 85 como investigador. Como me dijo Pablo Piñera cuando me invitó: con oficina, pero sin sueldo. Técnicamente, desde el 11 de marzo estoy en el mercado laboral. No voy a desempolvar mi título de abogado porque mi única experiencia en el ejercicio de la profesión fue tres años en la Vicaría de la Solidaridad bajo la dictadura, en que perdí todas mis causas, y no porque era un mal abogado, sino porque la Corte Suprema era cómplice del régimen. Lo que tengo claro es que nunca me voy a retirar de la política. Para mí no es una profesión, es una vocación con o sin cargo. No tengo en vista volver a presentarme a alguna elección popular, ya tuve cinco en mi vida. Puede ser suficiente, pero uno nunca sabe.

El costo familiar de la política es tremendo. Cuando fui elegido diputado el 93, mi hijo menor tenía un año. Y me lo perdí durante ocho años. ¡Me lo perdí! Porque yo vivía en el distrito. Esta es una gran entrega y la familia es el gran costo. Siempre he tenido culpa, siempre he tenido remordimiento. Pero por la política lo vale porque no es que uno se vaya a lucir en un cargo, es servir a Chile.

Durante la discusión de la despenalización del aborto, yo tenía en la vereda del frente de mi casa una velatón. Nunca lo sentí como una agresión, pero hubo momentos muy ingratos: fui insultado adentro de la misa y afuera, porque voy a misa todos los domingos, soy católico practicante, apostólico y romano. Pero el que está en política y no está dispuesto a pagar costos, es mejor que se busque otra pega, porque de lo contrario lo que el legislador católico debería hacer es tomar el teléfono, llamar al obispo y decirle ¿cómo voto este tema? ¡No! El clericalismo es la gran enfermedad de cualquier sociedad. La experiencia de mi hija, que tuvo la pérdida de una guagua que tenía inviabilidad fetal, pesó y pesa en mi decisión de apoyar el proyecto de ley. Es lo más duro que nos ha pasado como familia y ella tuvo la capacidad de plantear este debate desde el Ministerio de la Mujer.

Mi hermano Antonio de ministro de Agricultura de Piñera es lo mejor que le ha pasado al país y lo mejor que nos ha pasado como familia. Como dice mi hermana Tere, él es el mejor de nosotros. Es independiente, es una persona de centro que votó por el No, Aylwin, Frei y Lagos, y ahí consideró, como mucha gente considera, que nos izquierdizamos. Y efectivamente nos izquierdizamos como Nueva Mayoría y eso fue una mala cosa para el país, no solo para la DC. Si a mí me hubiesen llamado del gobierno, no hubiera partido. Yo soy oposición. Deseo que al gobierno de Piñera le vaya bien. Pero voté por Guillier, aunque lo hice más por disciplina que por convicción.

Dejé recién de ser senador. Por supuesto que uno necesita un trabajo, una remuneración. Pero diría que este año lo tengo relativamente resuelto. No quiero apurarme, quiero hacer deporte, estar con la familia, ir a buscar a mi nieto al colegio, ir al cine. Ahora tomo la bicicleta y me voy con casco a Cieplan. Viene una etapa de disfrutar sin culpa. ¿Cómo no va a ser una buena vida?”.