Foto: Verónica Ortíz

“Llevo tres años y medio viviendo una persecución política que casi me dejó fuera del Senado. Lo más terrible ha sido vivir la injusticia de que se te imputen cosas falsas. Todavía me resulta increíble que haya quienes piensen que fui capaz de inventar una agresión. Existe demasiada maldad y pequeñez; el diputado Hugo Gutiérrez no trata de vencer a sus adversarios, los persigue para destruirlos y para eso es capaz de inventar testigos. Inmediatamente después del ataque que sufrí, sin contar con ningún antecedente, me acusó de montaje. No es fácil enfrentar a gente tan malvada como Gutiérrez. ¡Hasta ha inventado falsos casos de tortura para conseguir sus objetivos! Pero el tiempo me ha dado la razón y los peritajes corroboran mi versión: se ha demostrado que la hoja del cuchillo tenía mi ADN. Se filtró, malintencionadamente, que el cuchillo no tenía sangre, pero jamás se dijo que los tajos en la chaqueta y camisa que yo vestía eran coincidentes con las dos heridas cortopunzantes que recibí en el abdomen. En todo caso, la gente me creyó y saqué 25% en las últimas elecciones. De hecho, fui una de las mayorías nacionales pero quedé fuera del Congreso debido al nuevo sistema electoral.

Mis dos grandes pasiones siempre fueron la política y la medicina. Finalmente opté por la segunda, más que nada por intuición. Es muy potente la imagen del médico que mitiga el sufrimiento humano. Una vez, en plena dictadura, fuimos, junto a mis padres y hermana, a una misa por los derechos humanos en la Catedral de Iquique. Yo tenía 8 años y vi cómo Carabineros agarraba a palos a los jóvenes que protestaban pacíficamente. Eso me marcó mucho. Más tarde fui presidente de la Feuc, de la Confech y dirigente del Colegio Médico. Entré de lleno a la política en un momento en que sentí que necesitaba encauzar de otro modo mi vocación pública.

Mantengo grandes amigos del mundo de la política, pero también sufrí decepciones. En los momentos difíciles uno aprende a conocer a las personas y tengo que reconocer que mucha gente de derecha tuvo solidaridad conmigo. Para botar las malas vibras a veces medito, también troto y juego tenis. Me considero una persona fuerte y resiliente. Y soy católico a pesar de todo lo que la Iglesia está pasando, porque he conocido a curas maravillosos en mi vida. Actualmente, como traumatólogo, estoy viviendo una muy bella experiencia. En el Hospital del Salvador he conocido a personas muy comprometidas y el cariño de los pacientes siempre resulta reconfortante. La élite de Twitter puede pensar desde el prejuicio, pero la gente en el hospital me abraza y cree en mí. Por ahora no tengo contemplado volver a la política, ha sido bueno darse cuenta de que hay vida más allá”.

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