Foto: Verónica Ortíz

  • 7 junio, 2019

“Decidí eliminar Twitter de mi teléfono y delegar los posteos a un community manager. Twitter es una red extremadamente violenta, llena de encapuchados y gente que ataca. Bajé la ‘encuesta’ presidencial que posteé en mayo, porque consideré que era un error. Ya antes me había enfrentado con (el candidato presidencial de derecha) José Antonio tratándolo de imbécil,  y eso no está bien.

Yo me equivoqué. Me equivoqué en la forma. Uno puede pensar en 180 grados distinto a la persona y lo importante es debatir las cosas con ideas profundas y concretas. Eso es lo bonito. No puedo, ni corresponde, que yo trate así a nadie. Yo quería estar tranquilo.

Sé que mi risa es característica. Siempre la he tenido. Una vez una ex jefa me pidió que no me riera tanto, ni tan estruendosamente en pantalla. Pero así soy yo, no podría ser de otra manera.

Me titulé de comunicador social, con licenciatura en cine documental. Mi primer año en la universidad no fue bueno. Caí en la droga. No meses, pero sí estuve un tiempo consumiendo cocaína. Hasta que una prima me acusó con mis papás. Y ellos llegaron un día de improviso al departamento donde yo y una amiga vivíamos. Fue tremendo. Fuimos a una clínica de rehabilitación. El tratamiento costaba 18 millones de pesos. Y mi papá le dijo a mi mamá que si vendía un camión podría juntar esa plata. Yo lo vi llorar. Conociéndome, sé que habría parado, pero eso es algo que todavía me duele.

Yo he sido una persona muy afortunada. Mi familia tenía una carnicería y nos iba bien. Nunca me faltó nada. Me pagaron los gastos comunes hasta que tenía 30 años. Pero todo eso me hizo madurar. Yo sé que la cagué harto, pero me di cuenta de que tenía fuerza y que era necesario equivocarme.

De mi familia aprendí que todo se consigue trabajando. Es verdad que a veces hay golpes de suerte o que uno está justo en el lugar adecuado. Pero hay que trabajar, levantarse temprano. Yo soy muy trabajólico y me cuesta ponerme límites con eso. Ahora estoy fichando ‘rostros’ para juntar plata y comprarles ropa térmica a quienes duermen en la calle.

Mi sobrino Facundo, que tiene 2 años, me llena de alegría. Lo amo. Es lo máximo para mí. Cuando llega a mi casa, todo se llena de energía. Vivo aquí, en las Torres de Tajamar, hace 15 años. En rigor, no es mío. Yo le deposito el dividendo a mi mamá. El departamento lo compró ella, porque yo estaba fuera del sistema. Después de la quiebra de mi productora Centroimagen se acumularon los protestos e impagos. Fueron meses muy difíciles. Terminé peleado con mucha gente y con deudas en Dicom y sin trabajo. Había días en que no me alcanzaba ni para la micro. Como soy creyente, hice una manda. A los siete días me llamaron del Canal 13 para Alfombra Roja.

Siempre me esforcé por aprender y estudiar. En 2014 me ofrecieron animar Lugares que hablan en el mismo canal. Entré por un reemplazo. Y fui aprendiendo. Yo puedo estar con las personas más humildes y más ricas sin problemas.

Ahora tengo 41 años y siento que me han pasado tantas cosas. Sobre todo, que he aprendido a ponerme en el lugar de la gente. Lugares que hablan me ha enseñado a que los problemas míos no son nada.

A mí no me asusta la crisis de la industria. La TV y el mundo cambiaron. Y es una pena que no haya más producción nacional.

No me gusta hablar de mi vida privada. Tomé la decisión de separar ese ámbito de la exposición. Y sí, claro que soy feliz, pero sigo teniendo problemas de autoestima. Yo era un niño obeso que sufría mucho bullying por eso. Y hasta ahora lucho contra el peso. Soy muy bueno para comer. Soy un sibarita. Voy al gimnasio, pero por obligación.

La primera vez que pisé un set de TV fue en 1993, en el programa Una vez más de Raúl Matas. Estaba entre el público y fui ‘elegido’ para ser hipnotizado por el entonces famoso Tony Kamo. La hipnosis era de mentira”.