“Mi padre era gran lector, a él le debo la paz y la tranquilidad. Me hablaba como si yo fuera grande, y como yo lo adoraba, todo lo que no le entendía lo buscaba y lo estudiaba, entonces me resultaba una gran aventura mi relación con él. Eso fue muy importante para que me dedicara […]

  • 14 marzo, 2019

“Mi padre era gran lector, a él le debo la paz y la tranquilidad. Me hablaba como si yo fuera grande, y como yo lo adoraba, todo lo que no le entendía lo buscaba y lo estudiaba, entonces me resultaba una gran aventura mi relación con él. Eso fue muy importante para que me dedicara a la literatura y me transformara en este personaje que he llegado a ser.

Cuando joven me costaba ser parte de la “vida social”, no me gustaban ni los vestidos ni las fiestas, era un mundo por el que había que pasar y yo me sentía incomodísima. Era bien ritual lo que hacías y con quién te veías. Yo lo encontraba un guion insoportable.

La gente me encuentra muy intelectual, yo me encuentro muy emocional. A esas dos cosas no les hago oposición, defiendo que nosotros conocemos a través del intelecto, y también conocemos mucho a través del cuerpo y de las emociones.

Me encantan las personas, tengo un contacto fácil sobre todo ahora que perdí cualquier rasgo de timidez. Pero, por otro lado, la gente me llega muy a través de la piel, percibo las emociones, me emociono cuando el otro se emociona, lloro cuando el otro llora y entonces ese asunto es desgastante, por lo tanto, necesito pasar mucho tiempo sola para recargarme.

He cambiado a lo largo del tiempo, he sido personas diferentes y gracias a la curiosidad, toda la vida he tenido olfato para saber las cosas que iban a estar de moda 10, 20, 30 años después. Como las cosas de las mujeres. El feminismo en el año 70 era la cosa más mal mirada entre los intelectuales chilenos que tú te puedas imaginar, lo leías en el baño como quien lee pornografía (ríe), era impresentable.

Cuando yo era joven, el tema de las mujeres era extemporáneo. Si te preocupabas de eso, era porque en algo te iba mal. Aquellas que estaban bien no se iban a preocupar de los derechos de las mujeres porque se suponía que estaban perfectamente cómodas en sus hogares.

Lo que me encanta de la juventud, especialmente de las mujeres, es que son más aventureras, viajan, trabajan en otros países y en cualquier oficio. Eso me parece bien porque hace ver a la gente joven que no existe una sola forma de convivencia ni una sola moral, sino que estamos en un mundo lleno de polaridades. Si te cambias de lugar, las costumbres también cambian, y ves que no son necesariamente malas, y sientes que puedes aprender. La gente joven no está dispuesta a ser un tornillo en una máquina, les estamos exigiendo mucho y ofreciendo poco en términos espirituales, de desarrollo, gusto, de felicidad, les estamos ofreciendo unas vidas maquinales, ¿para qué?

Creo que la vida de uno son distintos cuentos que nos vamos contando. Por eso te digo que he sido tantas personas. Cuando te deprimes seriamente es porque tu cuento ya no está funcionando y tienes que reemplazarlo por otro, uno más funcional. Es como cambiar de piel, de repente te das cuenta de que esa piel se te está cayendo, te sientes pésimo, pero debajo viene el animalito nuevo. Se da naturalmente, hay que dejarlo pasar, todos hemos sobrevivido a nuestras penas. Y cuando pasa ya no vuelves al mismo punto, siempre vuelves a un punto mejor.

Un consejo que me doy yo ahora mucho es que no me tengo que olvidar de que el ego mío no puede ser un dique para nadie, a mí lo que me interesa es ser un conducto. Me interesa que las cosas pasen a través de mí y que no se tranquen en mí. Los egos, si se canalizan bien, son una fuerza enorme. Si estamos peleando unos con otros por quién es más importante o quién se luce más, estamos en la nada. Pero cuando se logra hacer de eso una fuerza que se sume, eso es la verdadera política.

Me carga cuando dicen que las feministas son esto, esto otro, esta definición. Yo digo fantástico, dividámonos, terminemos en un gueto y finalmente en un grupo de uno, porque eso es el maximalismo. Cuando de lo que se trata es de sumar. Encontrar lo que tenemos en común, no lo que nos separa.

No es que me hayan elegido directora porque yo sea tan especial ni nada de eso, sino que es porque el sentido común ha cambiado. Y ya no es presentable que todo esté en manos de los hombres porque si tú eres ciudadano, trabajas, tienes el mismo estatus social que los hombres, resulta que hay ciertos clichés que no te puedas tragar, no te puedes tragar que te traten con diminutivo, por ejemplo.

Te tratan como si tú fueras menor o menos y después, cuando estás conversando, cuando empiezan a ver tu carrera, cuando empiezan a leer tus libros, la cosa cambia”.