“Para mi madre era importante que todos fuéramos médicos. Pero no tuve las habilidades científicas para poder seguir esa carrera. El mayor de mis cinco hermanos estudiaba Derecho. Y a raíz de eso me orienté hacia las letras. Mi padre trabajaba como corredor de propiedades y mi madre, Luz Charme, era la mejor banquetera que […]

  • 10 mayo, 2018
Foto: Verónica Ortíz

“Para mi madre era importante que todos fuéramos médicos. Pero no tuve las habilidades científicas para poder seguir esa carrera. El mayor de mis cinco hermanos estudiaba Derecho. Y a raíz de eso me orienté hacia las letras.

Mi padre trabajaba como corredor de propiedades y mi madre, Luz Charme, era la mejor banquetera que había en la V Región. Eso marcó mi niñez haciendo pasteles, petit bouché y profiteroles. Había que ayudar a la familia para sacar adelante la empresa familiar. Ahora ya no cocino mucho, no soy un gran cocinero.

De niño paseaba por las diferentes playas dependiendo la época: la playa Montemar, después Cochoa, Las Salinas… nunca fui a Reñaca al quinto sector. No se condecía conmigo ni mi entorno. Ahí iba gente que tenía otra mirada de la vida. La nuestra era más sencilla, de pasarlo bien capeando olas y no estar tendido tomando sol mirando quién estaba en la playa.

Yo soy viñamarino de nacimiento, y en 2009 vendí mi departamento y me trasladé a Olmué, donde disfruto intensamente. Llego a Santiago los días domingo y me voy los viernes. Hago labores del campo, cosechar, instalar riegos, cañerías… en eso me entretengo todo el fin de semana. Y lo que cosechamos lo comemos. Por estos días preparamos mermelada de membrillo con las nanas de la casa.

Nunca pensé ser fiscal, menos ser fiscal nacional. Mi opción después de recibirme fue dedicarme a la asistencia jurídica gratuita. Y trabajé 20 años en la Corporación de Asistencia Judicial de la Región de Valparaíso.

Cuando la reforma procesal penal llegó a la V Región, yo era presidente del Colegio de Abogados y postulé al puesto de fiscal regional. Ejercí durante ocho años, desde el 2002 al 2010. Ahí me identifiqué con el rol y hoy pienso que no podría haber sido un defensor.

Luego estuve tres años fuera de la institución ejerciendo libremente la profesión. Y no me gustó. En el sector privado se defienden intereses particulares. Y no tiene la trascendencia de estar haciendo algo en beneficio de toda la comunidad.

Como fiscal nacional, nos tocó la primera investigación que se hizo por mal uso de platas parlamentarias. Eso me enorgullece mucho. Un fracaso que me duele, es haber perdido el desafuero del diputado Jorge Sabag. Fue una tremenda derrota.

En el caso Penta no he tenido ninguna participación. Me inhabilité desde el primer minuto, debido a que quien manejaba todos los recursos del grupo Penta era mi primo hermano.

Los fiscales nacionales no tienen atribuciones para dar instrucciones particulares. Con el ex fiscal Guillermo Piedrabuena tuve una disputa muy fuerte, a raíz de una instrucción particular que pretendió dar a un fiscal de mi región. Yo no lo acepté. Lo llamé y le dije: ‘Don Guillermo, usted no puede llamar por teléfono a ningún fiscal de esta región porque el fiscal regional soy yo’. Y eso lo he respetado siempre. Es un principio básico. Me parece impensable que un fiscal nacional tenga toda la potestad punitiva del Estado.

(Carlos) Gajardo es un tema que está superado. No me afecta. No soy adicto a las redes sociales y no me llega mucho una polémica particular.

Los parlamentarios tienen la posibilidad de pedir mi destitución. Y están ejerciendo un derecho, habrá que ver cuál es el resultado de aquello. Pero no tengo miedo.

Pretendo trabajar toda mi vida. Estoy feliz en este trabajo, a pesar de los sinsabores y contingencias de los últimos días. Estoy seguro de que cuando termine mi período, quedará un mejor Ministerio Público que antes”.