Por: María Teresa Herreros, desde Londres Imágenes cortesía de Saatchi Los visitantes extranjeros rara vez se dan el tiempo para llegar a la extraordinaria Saatchi Gallery. Ubicada en el elegante sector de Sloane Square, en la plaza Duke of York, posee una importante colección de pintura, escultura, fotografía, objetos e instalaciones. En su historia de […]

  • 17 septiembre, 2015

Por: María Teresa Herreros, desde Londres
Imágenes cortesía de Saatchi

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Los visitantes extranjeros rara vez se dan el tiempo para llegar a la extraordinaria Saatchi Gallery. Ubicada en el elegante sector de Sloane Square, en la plaza Duke of York, posee una importante colección de pintura, escultura, fotografía, objetos e instalaciones. En su historia de treinta añosc, ha organizado retrospectivas de grandes artistas contemporáneos como Andy Wharhol, Carl André, Richard Serra, Jeff Koons, Lucien Freud, Damien Hirst, Paula Rego y Tracey Emin.

En los últimos cinco años, figura con 15 de las 20 exposiciones más visitadas de los museos de Londres (The Art Newspaper’s International Survey Of Museum Attendance 2015).

La más reciente, titulada Pangea II, “Nuevo arte de África y Latinoamérica”, relaciona la creación artística proveniente de dos continentes gemelos que hace 250 millones de años estuvieron unidos. El título viene de las palabras griegas “pan” (todo, entero) y “gaia” (madre tierra).

Esta exhibición presenta la obra de 19 artistas emergentes que entregan un panorama de su creación centrada en las complejidades de la actualidad en sus respectivos países, de sus ciudades que cambian a ritmo vertiginoso. Sus obras que entremezclan técnicas y materiales tanto tradicionales como contemporáneos, reflejan realidades políticas, sociales y culturales de su entorno.

La muestra se inicia con la instalación monumental Todo debe cambiar, de Jean-François Boclé, originario de Martinica, que prácticamente llena toda la primera sala. Se trata de un mar hecho de 97.000 bolsas infladas de supermercado, de plástico azul, que alcanza un tamaño de 5,2 m de ancho por 20 m de largo; su altura varía porque el oxígeno que contienen las bolsas tiende a fluctuar. Todo debe cambiar sería un memorial a las vidas perdidas durante el comercio de esclavos a través del Atlántico. Esta instalación fue adquirida por Saatchi el año pasado.

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En la segunda sala se encuentran las enormes y muy coloridas composiciones geométricas del dominicano Federico Herrero que, sin restricciones de espacio, han sido pintadas en suelos, paredes, buses, colgando de árboles a través del mundo. Son alegres, casi infantiles laberintos que parecen una visión aérea del caótico urbanismo de San José de Costa Rica.

A continuación y con una vista impactante, tres gigantescas obras del colombiano Diego Mendoza Imbachi, realizadas en graffiti y pegamento sobre lienzo. Son árboles fantásticos de formas y realidades futuristas. Es su lamento por el impacto de la inversión extranjera en su tierra, principalmente por las corporaciones multinacionales, que están destruyendo los recursos naturales, en especial en las plantaciones de pinos y eucaliptus.

En la misma sala aparecen las esculturas, delicadas y frágiles, de Jorge Mayet, cubano radicado en Mallorca. Son formas inspiradas en visiones, en la nostalgia de su patria lejana, que pretenden conservar la esencia del paisaje cubano. Árboles de finísimas ramas, árboles desarraigados que no parecen lograr llegar a tierra.

En las siguientes salas se encuentra una selección de pinturas de artistas africanos comenzando por retratos del etíope Ephrem Solomon, todos en colores tierra y negro. Se observan hombres y mujeres en posición estática, imágenes de la vida diaria en la que nada extraordinario sucede, pero con trasfondo de resignación y opresión; sujetos que parecen no hacer nada sino esperar. Solomon refleja así su inquietud por su entorno, la ciudad de Addis Abeba, su gente, sus espacios, su vida.

Mención especial merecen las obras de Hedi Ilunga Kamuanga, nacido en Kinshasa, Congo, donde vive y trabaja. Presenta una significativa expresión creativa visualmente rica en formas y colores. Divide su trabajo entre lo comercial y lo artístico, desde lo publicitario a la estética tradicional; una amalgama de formas, de música, moda, danza, que toma influencia de la realidad híbrida y compleja de Kinshasa.

Destacan más adelante la serie de extrañas figuras pintadas de espaldas al mundo exterior por Dawit Abebe, artista etíope con altos estudios de bellas artes y diseño, escultura y fotografía. Esos cuerpos desnudos, de proporciones distorsionadas, sugieren un drama interior que no pueden compartir. Se imponen a su entorno aun cuando éste aparece en gruesas pinceladas y vívidos colores. La obra de Abebe está ganando creciente reconocimiento internacional.

Pangea II es una muestra poderosa, y el público ha respondido acudiendo en gran número, a menudo visitándola una y otra vez. •••