Relevantes son los intereses que están entorpeciendo el despacho de la reforma constitucional que permite la elección directa de los consejeros regionales. El nuevo rol que la ley entregaría a los miembros de los Core (como se conoce a estos cuerpos colegiados compuestos por representantes de las provincias que componen cada región y que a […]

  • 22 diciembre, 2008

Relevantes son los intereses que están entorpeciendo el despacho de la reforma constitucional que permite la elección directa de los consejeros regionales. El nuevo rol que la ley entregaría a los miembros de los Core (como se conoce a estos cuerpos colegiados compuestos por representantes de las provincias que componen cada región y que a la fecha son elegidos indirectamente a través de los concejales), incluyendo la posibilidad de resolver corporativamente temas potentes como el transporte regional y las inversiones en materias energéticas y productivas a nivel local, al parecer está jugando en contra de la tramitación expedita de la iniciativa, que ya sufre serios tropiezos en la Cámara Alta.

La pugna es con los sectores que aspiran a mantener la actual centralización en dichas decisiones. Hoy son los partidos los que proponen a sus postulantes a los Core. Varios parlamentarios han dado muestras de no tener interés en avanzar en el mencionado proyecto. “El proyecto no ha muerto”, nos dijo un defensor de la reforma. Viene una intensa tarea de convencimiento y sumatoria de respaldos, a ver si finalmente se avanza en la consolidación de auténticos gobiernos regionales, se nos anticipó.

Una figura que llama la atención de los entendidos, si es que el proyecto avanza con sus actuales contenidos, es el del presidente del Core, que tendría amplias atribuciones, rivalizando en protagonismo con el intendente, con la diferencia de que este nuevo Consejo Regional tendría el respaldo de ser elegido por votación directa de los habitantes de cada región.