Dominga y Amandita  Sí, se divierten. Quién no lo haría en el lugar de ellos. Pero la apuesta de este grupo de jóvenes por la vida social es mucho más que una entretención. Es un negocio, una empresa de tomo y lomo que en tres años ha logrado levantar desde cero tres locales y los […]

  • 23 febrero, 2007

Dominga y Amandita

 Sí, se divierten. Quién no lo haría en el lugar de ellos. Pero la apuesta de este grupo de jóvenes por la vida social es mucho más que una entretención. Es un negocio, una empresa de tomo y lomo que en tres años ha logrado levantar desde cero tres locales y los tres muy exitosos.

 En Santiago el Dominga ya es todo un icono. El local tiene sus singularidades, no solo por tener guardias tipo gorila que cuidan la entrada en las noches, especialmente la del jueves. Y en Cachagua, el Amandita no está dando abasto.

 Con capacidad “solo” para 300 personas, son fácilmente mil quienes hacen lo imposible por entrar, y que son capaces de dejar de lado hasta la dignidad por lograrlo.

¿Cómo tanto? Bueno, le dieron en el clavo: un lugar bien ubicado, montado con estilo, que ofrece gastronomía de primer nivel, DJ en vivo, y sobre todo, glamour. Un buen restaurant y un buen bar, que la mayoría de las noches termina en una buena fiesta.

La historia del grupo comienza en 2002 cuando el Maeva, en La Portada de Vitacura, fue comprado para instalar ahí una tienda o una oficina. Aprovechando que estaba vacío, Peter Pollak junto a Magdalena Leighton y Magdalena Urzúa decidieron celebrar el año nuevo ahí. No necesitaron ni dos días para que todos los amigos de los amigos de los amigos se enteraran, repletando el local. Entonces, se les prendió la ampolleta.

“Acá hay un gran potencial”, pensaron. Se les unieron Rolando Santana y Pablo Courard, y al momento de buscar inversionistas se anotaron también Catalina Pollak y Polo Luisetti (el último en incorporarse fue Cristián Sepúlveda) y con toda la energía que se tiene a los veintitantos años, en septiembre el local ya estaba remodelado por completo y Amanda abría sus puertas. Durante todo el 2004 y el 2005 el Amanda disfrutó de la máxima popularidad, y recibió a integrantes del grupo The Strokes y Wu Tang Clan, a Kid Loco y a Los Babasónicos, entre otros. Tan bien lo pasaron estos argentinos que volvieron al día siguiente. Pero como nadie los esperaba, quedaron atascados en medio del ya común tumulto que intentaba entrar al local hasta que alguien los reconoció y los ayudó a ingresar.

Sólo una grúa terminaría –literalmente– con el Amanda. El grupo Titanium al comprar La Portada hizo que los socios se sentaran a trazar las líneas futuras de este negocio. No necesitaron golpear muchas puertas porque fueron los propios inversionistas quienes se acercaron, con fondos que se unieron a la jugosa indemnización que recibieron por abandonar el local antes del término del contrato. Así las cosas, subieron la puntería a un local de 500 metros en el Boulevard del Parque Arauco, el Dominga. Era la segunda apuesta del grupo Amanda.

Funcionando desde septiembre pasado, el Dominga, que demandó una inversión de 500 mil dólares, anda ya por sobre las expectativas y debería alcanzar ventas por dos millones de dólares al año.

Como una cosa llama a la otra, vino el turno de sacar adelante el Amandita en Cachagua. Partió en enero y partió bien. El Rey Midas pareciera andar entre ellos. Pero los planes no acaban acá. De hecho, esperan abrir otros dos locales este año y, pensando en el largo plazo, no descartan encantar también a los turistas con propuestas específicas para extranjeros. Tienen todo para regodearse. La cosa es definir qué y cuándo.