Longueira

El dilema de la centro-derecha

La derrota de la centro-derecha estuvo en el plano de las ideas. Las estadísticas del gobierno no lograron emerger como un proyecto de sociedad, y los candidatos del sector tampoco supieron establecer un vínculo entre la notable tasa de empleo/crecimiento y el nuevo contexto social del país. Su oferta de continuidad no se proyectó como sueño de país,y apenas  conmovió a su sector más duro.

La expresión más dramática es la de Allamand, que en un inicio de su campaña creyó posible ganar en el terreno de las ideas, y armó una agenda en tono de estadista, teniendo como referente a Lagos,  y con un documento PROA  (Programa Allamand) con una densidad superior a la de los otros candidatos, donde se refirió a los grandes acuerdos que el país requería, en una esforzada reivindicación de la política como motor de cambio.  Pero en le medida que avanzó  su campaña se olvidó de expresar todo aquello.

Longueira lo adormeció, y terminó entrampado en la vacía promesa de continuidad y de la indiferenciación, y apostó ciegamente al voto duro.  Y se olvidó de la calle: no hizo ningún gesto al país molesto con las desigualdades  y disconforme con su clase política. Y el PROA se hundió, junto a su candidatura.

Longueira probablemente asumió el costo de no entrar en el plano de las ideas, y con su pragmatismo -compañero habitual en su trayectoria- apostó por la entelequia electoral del centro social, y dio por cerrada su conversa con la calle con la retórica de “un país justo para  todos”.

Un día después, Francisco de la Maza, en calidad de representante del círculo de hierro de Longueira, ha dicho “quien lea mejor el reclamo de la gente, gana en noviembre”.  MB puso en la mesa tres reformas.  Es una incógnita qué ideas tiene Longueira para entrar a disputar la agenda del malestar. Pero es aún más una incógnita si la centro-derecha va a intentar o no negociar desde ya la agenda de las reformas. Todo va a depender de su convicción de triunfo en noviembre, tanto en la presidencial como en las parlamentarias.