Se vuelve a abrir debate sobre dos temas que a estas alturas no tienen mayor novedad: el uso de los recursos públicos en provecho de las trenzas del amiguismo y del cuoteo político de la elite gobernante y la falta de transparencia con que el Estado adjudica algunos contratos. El reconocimiento por parte del Ministerio […]

  • 27 julio, 2007

Se vuelve a abrir debate sobre dos temas que a estas alturas no tienen mayor novedad: el uso de los recursos públicos en provecho de las trenzas del amiguismo y del cuoteo político de la elite gobernante y la falta de transparencia con que el Estado adjudica algunos contratos.

El reconocimiento por parte del Ministerio de Justicia en cuanto a que con cargo al presupuesto de Gendarmería se pagaron sobresueldos a ministros, subsecretarios y jefes de gabinete hasta el año 2003, y honorarios antes y después de ese año por asesorías y servicios especiales a prominentes figuras del mundo concertacionista, vuelve a abrir debate sobre dos temas que a estas alturas no tienen mayor novedad: el uso de los recursos públicos en provecho de las trenzas del amiguismo y del cuoteo político de la elite gobernante y la falta de transparencia con que el Estado adjudica algunos contratos. Entre los casos más comentados difundidos por el oficio que la subsecretaria de Justicia, Verónica Barahona, dirigió a la Cámara de Diputados, figuran el ex ministro y actual embajador en España Osvaldo Puccio, con honorarios por más de 20 millones de pesos mientras su hermano era subdirector de Gendarmería, y el actual ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, casado con la actual secretaria técnica del servicio, Miriam Olate y que entre los años 95 y 2005 figura prestando asesorías por montos cercanos a los 25 millones de pesos.

Vuelven a salir a la superficie los hedores del nepotismo y opacidad en la asignación de los dineros del Estado. Al cierre de esta edición, la Cámara de Diputados evaluaba la formación de otra comisión investigadora para analizar el tema.