Cuatro horas y 49 minutos demoró Rafael Nadal en quedarse con su Grand Slam número 19. Luego, llegaron las lágrimas. ¿Cómo no? Sentado, mirando una pantalla gigante que recordaba cada una de las 12 finales ganadas en las canchas francesas de Roland Garros; dos en el mítico court central de Wimbeldon; una en Australia y, […]

  • 13 septiembre, 2019

Cuatro horas y 49 minutos demoró Rafael Nadal en quedarse con su Grand Slam número 19. Luego, llegaron las lágrimas. ¿Cómo no? Sentado, mirando una pantalla gigante que recordaba cada una de las 12 finales ganadas en las canchas francesas de Roland Garros; dos en el mítico court central de Wimbeldon; una en Australia y, ahora, la cuarta en el US Open. El público neoyorquino vitoreaba su nombre como uno de los suyos, luego de que batiera tras cinco durísimos sets a Daniil Medvédev, un combativo joven ruso diez años menor que él.

A sus 33 años, Nadal está a un Grand Slam de alcanzar el récord de su eterno rival y amigo, el suizo Roger Federer, considerado hasta hoy el mejor tenista de la historia, quien suma 20 victorias en este tipo de campeonatos. ¿Y si lo alcanza? ¿Y si lo supera? Nadal está a un paso de lograr lo imposible.

Y ahora llora. Quizás de cansancio, quizás de alegría, quizás de emoción… quizás de todo eso y mucho más. Y, de alguna manera, muchos lloramos con él, porque lo hemos visto crecer, pelear cada punto como si se jugara la vida, no rendirse jamás y ser un ejemplo de sencillez y valentía tanto dentro como fuera de la cancha. ¡Olé, Rafa!