Esther y Alicia Koplowitz llevan con mano férrea las riendas de sus negocios. Hoy no solo son las mujeres más ricas de España sino también se cuentan entre las más ricas del mundo. Pero eso no les basta… La primera reina en el rubro inmobiliario y la segunda acaba de dar un certero golpe en […]

  • 9 marzo, 2007

Esther y Alicia Koplowitz llevan con mano férrea las riendas de sus negocios. Hoy no solo son las mujeres más ricas de España sino también se cuentan entre las más ricas del mundo. Pero eso no les basta… La primera reina en el rubro inmobiliario y la segunda acaba de dar un certero golpe en el área energía.

Por Javiera Moraga

Las hermanas Koplowitz –como se conoce en la prensa hispana a Esther y Alicia– son las mujeres más influyentes del mundo empresarial español. Sin discusión. A modo de antecedente basta decir que el año pasado Esther Koplowitz (55 años) ocupó el lugar 200 del ranking de billonarios de la Revista Forbes, con 3.400 millones de dólares, precedida solo por Amancio Ortega, dueño de Zara, y Rafael del Pino & Familia, creador de la compañía Ferrovial. Alicia Koplowitz, por su parte, no se queda atrás, con una fortuna que supera los 1.200 millones de dólares y un peso específico de respeto en el poderoso rubro de la energía en España. Juntas, convengamos, serían dinamita, pero los hechos indican que ambas decidieron separar aguas en 1998.

Una de las cosas que más llama la atención de estas empresarias es la decisión con que conducen sus negocios. Estupendas y de rostros apacibles, no trepidan a la hora de asestar golpes empresariales.

Eso es justamente lo que acaba de hacer Alicia Koplowitz, quien a principios de este año compró un 2% de Ibedrola, la segunda compañía eléctrica de España, para lo cual desembolsó nada menos que 576 millones de euros (más de 600 millones de dólares). El categórico zarpazo la dejó en una posición de poder y respeto dentro de la firma, una compañía que según los analistas en poco tiempo se convertirá en el tercer gran grupo europeo de electricidad por capitalización, detrás de EDF y E.ON.

Y según los entendidos, Alicia –dueña de gran liquidez– irá por más. Se estima que la empresaria estaría preparando una operación que le permitiría controlar el 5% de Ibedrola, aprovechando los cambios accionarios que está viviendo la empresa tras la salida del BBVA. Si eso ocurre, Koplowitz se convertiría en la tercera accionista de la compañía tras ACS (12,3%) y BBK (9,97%). Una arremetida que por lo demás no tiene nada de hostil, porque se ha dicho que cuenta con el beneplácito del presidente de la compañía, Ignacio Sánchez Galán.

El dato no es menor si se considera que “la empresaria tiene también acciones en otras compañías pilares del sector como Repsol YPF, Unión Fenosa y Enagás”, consigna el diario El País.

Esther Koplowitz, por su lado, ronca tanto o más fuerte que su hermana en el día a día de los negocios, pero lo hace en el sector inmobiliario. Ella es la principal accionista del holding FCC –el negocio familiar que catapultó a los Koplowitz como una de las familias más ricas de España–, el que le ha permitido en los últimos diez años aumentar en casi un 30% su patrimonio.

Pero ¿cómo ha sido la historia de estas mujeres?, ¿cómo se forjó su fortuna?

El ABC DE LAS KOPLOWITZ

Los cimientos de esta historia los sentó Ernesto Koplowitz Sternberg, un simple hijo de farmacéutico que se trasladó a España en los años 30 huyendo del nazismo en Alemania. Ernesto Koplowitz había tenido una vida llena de zozobras, lo que le dio tal fortaleza que rápidamente logró hacerse de una situación como vendedor de electrodomésticos. Una década le tomó hacerse de una posición en España y nada le costó perderla, ya que la guerra civil lo obligó a huir a Francia…

De vuelta en España tras la invasión nazi a Francia, Koplowitz conoció a la joven debutante de sociedad: Esther Romero de Joseu y Armenteros. Se enamoró y rompió con su pasado… dejó su empleo en AEG y terminó su relación de convivencia con la española Isabel Amores, con quien tenía dos hijos: Ernesto e Isabel Clara.

Tras su matrimonio la fortuna le cambió radicalmente. En 1952 ya estaba en posición de arriesgarse y compró la empresa Construcciones y Reparaciones, a la cual bautizó Construcciones y Contratas (Conycon). Actualmente esta compañía es el holding de construcción más grande de España, FCC.

En 1962, la muerte de Ernesto Koplowitz trastornó el curso de la vida familiar. Sus hijas tuvieron que pedir auxilio y fue Ramón Areces, presidente de El Corte Inglés y gran amigo de la familia, quien se hizo cargo. “El se convirtió en el patriarca. Incluso años después, cuando Esther y Alicia contrajeron matrimonio, Areces dio el empujón definitivo a los “Albertos” –como la prensa apodó a los ahora ex maridos de las hermanas– al mundo de los negocios, y hasta concedió la exclusiva de la construcción de los edificios de sus almacenes a Construcciones y Contratas”, consigna el diario El Mundo.

LOS ALBERTOS

Lo primero que hay que decir es que “los Albertos” en España son tremendamente conocidos. Son denominados de esta manera tanto en el mundo de los negocios como en la prensa rosa, gracias, lógicamente a sus ex mujeres y al sistema de inversión en dupla que usaron en su momento. Y aunque no se trata de dos hermanos… sí se trata de dos primos que la hicieron de oro al casarse con las mujeres más ricas de España. Ellos son Alberto Cortina –ex hombre fuerte de Repsol YPF e hijo de un ministro de la era de Francisco Franco– y Alberto Alcocer, quienes se casaron con “su” respectiva Koplowitz con solo seis meses de diferencia.

Con todo, hay que señalar que el ingreso de “los Albertos” a Construcciones y Contratas (hoy FCC) fue un acierto. Ellos catapultaron la empresa en los 80 y formaron parte de lo que se conoció como los “golden boys” en España.

La prensa económica y la prensa rosa les sacó el jugo, hasta que las dos hermanas Koplowitz se terminaron separando a principios de los 90 tras descubrir que “los Albertos” las engañaban con otras mujeres.

El engaño las unió más que nunca. Todo parecía ir viento en popa hasta que el 98, Alicia decidió separar aguas con su hermana en el tema de los negocios y poner a la venta su porcentaje en la compañía. La noticia fue una hecatombe. La prensa tomó el hecho casi como un asunto de Estado: “Todos los imperios acaban dividiéndose. Sucedió con el Imperio Romano, con el español, el napoleónico y el otomano… ¿sucederá con el de las Koplowitz?”.

Si bien la separación se realizó en forma amistosa (y finalmente Esther se quedó con la parte de Alicia), el tema no estuvo exento de polémica. Sucede que Esther se vio obligada a tomar el riesgo financiero más grande de su vida: endeudarse por 800 millones de euros para comprar la parte de su hermana, valor que pagó pese a que siempre consideró que el precio era alto.

Un riesgo, en todo caso, que le ha salido rentable. A casi 9 años de ello se puede decir que Esther Koplowitz ha sido ganadora, siendo la dueña de una compañía con 67 mil empleados y una facturación de 7 mil millones de euros aproximadamente.