Ni la operación de meniscos que se realizó hace unas semanas detiene a Hermann von Mühlenbrock. Lleva 3 meses manejando el buque en la Sofofa, subiendo y bajando de aviones con su metro noventa de estatura, analizando los desafíos de la empresa en un entorno cada vez más complejo y promoviendo las inversiones en Chile. […]

  • 29 julio, 2013

Hermann von Mühlenbrock

Ni la operación de meniscos que se realizó hace unas semanas detiene a Hermann von Mühlenbrock. Lleva 3 meses manejando el buque en la Sofofa, subiendo y bajando de aviones con su metro noventa de estatura, analizando los desafíos de la empresa en un entorno cada vez más complejo y promoviendo las inversiones en Chile.

Los pronósticos no son los mejores. La desaceleración ya está instalada y lo más probable es que se intensifique. Un precio del cobre ajustado a la baja por el menor crecimiento de China y un aumento de los costos de producción –entre otras cosas– oscurecen el panorama de la economía. “Estamos en un año más apretado, con un crecimiento tal vez más cerca del 4% que del 5% como se había hablado, pero con una economía con todas sus bases sólidas, con números, en general, bastante positivos”, reflexiona el presidente de la entidad gremial.

Pero lejos, lo que más preocupa al ex ejecutivo clave de Gerdau Aza son los obstáculos que han detenido proyectos por más de 55 mil millones de dólares en inversión. Y la razón no es una sola, “es una mezcla de todo: judicialización, alza de costos asociados a la falta de energía y excesiva demora de la autoridad ambiental, entre otras. Si a eso se agregan proyectos que aún no entran en evaluación, se llega a una situación complicada”, dice Von Mühlenbrock. Y pone un ejemplo: “Hace 6 meses, Copiapó era un espectáculo en términos de crecimiento, había 8 proyectos de hoteles top. Hoy queda sólo uno”.

-¿Coincide con el ministro de Hacienda de que la economía enfrenta dificultades por el clima político y también por las propuestas que ha planteado Bachelet?

-Es complicado emitir juicios tan categóricos, en el mundo empresarial nunca vas a encontrar un solo factor, siempre hay diversas causas que pueden afectar. En la medida en que se avanza en el proceso electoral –y por eso hay que ser extremadamente cuidadosos en los planteamientos– puede haber efectos en la inversión.

-¿Cómo ha influido el clima político en la baja de las inversiones?

-Pienso que ha influido, dado que las inversiones son sensibles. Quizás ahora algo más, dado que entran en discusión temas complejos como la reforma tributaria, entre otros.

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-¿La eliminación del FUT propuesto por la candidata Michelle Bachelet atenta contra “el pilar fundamental de la inversión”, como planteó Hernán Büchi?

-Si se quiere cambiar el FUT, pero manteniendo la filosofía de que hay que privilegiar la inversión, no nos opondríamos a priori. Lo importante es considerar que este país requiere de tasas de inversión altas. Los países que hoy tienen 40 mil dólares de ingreso per cápita, registraron tasas de inversión arriba del 30%. En el caso de China, que ha tenido altas tasas de crecimiento en el último tiempo, muestra una tasa de inversión por sobre el 40% del PIB y con niveles de ahorro muy grandes…

-¿Le preocupa la reforma tributaria propuesta por Bachelet?

-Con los detalles disponibles de la propuesta preliminar, creo que la eliminación del FUT no está siendo reemplazado por un mecanismo que garantice que el país, a través de las empresas, vaya a seguir teniendo una tasa de inversión de 25 o 30 puntos del PIB, a precios constantes. Claro que eso no es bueno.
Chile en los últimos 30 años, ha tenido una tasa de crecimiento aproximada del 5%. De eso, la mitad corresponde a inversión, un tercio al factor trabajo y el 20 restante a la productividad total de factores. Afectar fuertemente la inversión, a través de propuestas tributarias, pone en riesgo uno de los factores de éxito más importantes de nuestro desarrollo: el crecimiento.

-Büchi dijo que Piñera abrió la caja de Pandora en el tema de los impuestos…

-Eso fue post terremoto. Para el terremoto se justificaba el alza, ya que teníamos una contingencia importante que atender. Había que juntar más recursos de alguna manera, pero ¿conocemos algún impuesto que sea transitorio? Después, políticamente hablando, era complicado sacarlo.

-¿Le preocupa una nueva alza?

-Nadie se opone a un alza per se, si los beneficios son tangibles. Sin embargo, debemos tener presente que en un país en el que varios proyectos de inversión están detenidos, postergados o desistidos, por diversas razones como la judicialización, la incertidumbre jurídica y largas tramitaciones medioambientales. También la energía está carísima, haciéndonos menos competitivos; por lo que sumarle otro factor de disminución de competitividad, como es un alza tributaria, sin duda va a generar un efecto negativo. Vas a tener un país que no va a crecer al ritmo que todos quisiéramos, disminuyendo así las posibilidades de beneficiar a la ciudadanía. A la larga, proyectos que pudieran ser muy positivos, terminan siendo vistos como negativos, provocando de esta manera que los inversionistas se vayan a otros países.

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-¿Le ha manifestado a Bachelet su preocupación? Ya está medio asumido que ganará…

-Tenemos programado un ciclo de entrevistas con todos los candidatos, ahí tendremos propuestas más claras y concretas. En el tema tributario, nuestra impresión es que a su proyecto le falta mucho análisis…
Pero, independiente de que encuentre que el sistema tributario pueda ser o no pro inversión, plantearía el tema al revés: cuando los gobiernos requieren recursos, hay que preguntarse si son para eliminar la pobreza, sacar a la gente de la droga, tener una salud a nivel mundial, que nuestras universidades y centros de inversión sean los mejores. Que sea un todo coherente. Pero cuando se está pensando en subir los impuestos, sin un proyecto definido, para que mis hijos vayan gratis a la universidad, no estoy de acuerdo. Que la gente de mayores ingresos eduque gratis a sus hijos cuesta más de 1.000 millones de dólares, a mí me parece un disparate…

-Usted estudió en colegios públicos…

-Estuve en el Instituto de Humanidades Luis Campino, un año en el Liceo de Aplicación y después en la Universidad de Chile, gratis. Éste fue un regalo sin mucho sentido… Me imagino que mi familia podría haber pagado por mi educación. Las carencias de este país son tan grandes, que empezar a preocuparnos de que en un mismo colegio –por una razón de no exclusión– tienen que estar todos juntos no me parece un argumento válido. Me parece mucho más lícito que el que tiene plata pague y que esos recursos se usen para que otro niño que no tenga recursos vaya gratis, o para financiar otras necesidades que tiene la sociedad.

-Los empresarios tuvieron buenas relaciones con el gobierno de Bachelet… ¿Será igual en su eventual próximo período?

-Siempre hemos buscado contribuir con nuestro aporte a los gobiernos en ejercicio, porque nos interesa que al presidente que esté le vaya bien, sea del color que sea, porque si es exitoso significa que hizo una buena gestión, que el país creció, las empresas también, la gente mejoró su nivel de vida…

El protagonismo de los stakeholders

Por sexto año, Revista Capital, en conjunto con la Sofofa , premian a las empresas que marcan la diferencia en materia de responsabilidad social empresarial. Un término que ya no es sinónimo de mayores costos y más trabajo, sino que se ha transformado en una oportunidad real de agregarle valor a los negocios y ser más sustentables.

-En un escenario de mayores restricciones, más costos e impuestos, ¿la RSE pasa a un segundo plano?

-No, al contrario. Para mí, hoy no basta con cumplir la ley y dar trabajo, para nosotros el objetivo último de la empresa es sobrevivir en el tiempo, y para ello hay que atender a los stakeholders (o grupos de interés). En la empresa tienes un dueño, colaboradores, clientes, proveedores y el Estado. La empresa tiene la obligación de que todos los stakeholders estén bien. Si uno de ellos no lo está, va a afectar la sobrevivencia de la empresa. Si la empresa tiene mala rentabilidad, los accionistas van a retirar su capital y se van a ir a otro país; si los trabajadores no están contentos van a ser poco productivos; si se fabrican productos de mala calidad, los clientes no van a comprar. Ese sistema equilibrado es lo que hace que una empresa sea socialmente responsable.

-¿Desde qué perspectiva se analiza hoy la RSE?

-Desde la perspectiva de la sustentabilidad, tal como lo manifesté anteriormente, lo que implica lograr una relación positiva de la empresa con sus grupos de interés. En la medida que se profundiza esta relación, se crean las confianzas necesarias para que la empresa sea sustentable, esto es, que permanezca en el tiempo y pueda llevar adelante sus proyectos de inversión.

-¿Todavía persiste la idea de que la RSE es una especie de lavado de imagen?

-No creo que las empresas vean la RSE como un lavado de imagen. Lo cierto es que cuando las empresas trabajan seriamente en la RSE, lo hacen porque creen que es la manera de contribuir y así tener un país más grato, al cual le vaya mejor, con personas más contentas, lo que finalmente redunda en que a la misma empresa le vaya bien. Las compañías socialmente responsables están estrechamente relacionadas con el éxito de sus proyectos, ya que las comunidades las diferencian del resto. Hoy día, cuando las diferenciaciones entre productos son tan bajas, a la larga el consumidor elegirá a las empresas que estén más de acuerdo con sus valores y principios.

-¿Ha fallado la RSE en HidroAysén?

-No me atrevería a afirmarlo, porque no conozco todos los detalles del proyecto. Si lo que nosotros hemos propuesto fuera ley, de un proyecto de 8 mil millones dejarías el 1% en la zona, y tendrías un total de 80 millones de dólares para el beneficio de una localidad en donde no vive mucha gente. Sin duda, el impacto sería enorme. Por lo tanto, lo que hay que lograr es que las comunidades sean aliadas del proyecto, en vez de que te miren como un extraño que lo único que hace es afectar su entorno sin ningún beneficio.

-Actualmente, ¿cuál es la mayor preocupación de los empresarios?

-La mayor preocupación tiene que ver con la incerteza que hoy tienen muchos proyectos de inversión, por la incertidumbre jurídica y por la creciente judicialización que están enfrentando muchas iniciativas. También nos preocupa el alto costo y la eventual escasez de energía. Se inicia un proyecto, se obtiene la autorización, se logra la aprobación…

-Le inquietan los obstáculos a los proyectos…

-Por supuesto. La inversión es lo que nos ha permitido llegar a donde estamos. Pero aún queda mucho por hacer para alcanzar la meta del desarrollo. Debemos seguir trabajando, invirtiendo y haciendo las cosas bien. Se deben hacer esfuerzos en pos de disminuir la pobreza, de mejorar los sistemas de salud, la infraestructura vial, que la gente sea más feliz, etc. Si para lograrlo bastara con fijar sueldos e impuestos altos, no habría problemas económicos en el mundo. ¿Sabes cuál es el impuesto más alto que existe? El comunismo… Y fracasó.

-Pero el capitalismo genera mucho descontento social y diferencias…

-El descontento social parece darse en cualquier tipo de sistema. Miremos el caso de Venezuela, Cuba, Corea del Norte, entre otros. Y respecto a las diferencias, lo que debemos lograr es la igualdad de oportunidades, lo que se logra con buenas políticas públicas en materias de educación, salud, acceso a servicios. Pero principalmente, generando empleo, que es por lejos el mejor vehículo para acortar las brechas.

En esta materia, el rol de la empresa, generando puestos de trabajo, enfocada en la sustentabilidad y manteniendo una buena relación con todos sus stakeholders, es irremplazable.

-¿Cuál es la responsabilidad de los empresarios en el descontento social?

-Me parece que primero habría que dimensionar el descontento social. Los que gritan son grupos minoritarios y organizados, pero en Chile hay 17 millones de habitantes. Habría que ver, realmente, si todos están enojados con las empresas…

-Entonces, ¿se trata de un slogan?

-No, hay gente que sí está muy molesta, pero por diversos temas. Por ejemplo, el de la educación, que explotó en 2006, mostró la complicada situación del endeudamiento de las familias de los quintiles más pobres. Había personas que ganaban 800 mil pesos, pero que no podían tener a 2 hijos en la universidad. Éste fue un hecho real y concreto. Pero cuando empiezas a ver que los portuarios comienzan a exigir sus demandas sindicales, pero además reclaman contra las AFP –para volver al sistema de reparto–, comienzan a hablar de nacionalizar Codelco y por su parte los estudiantes plantean que no basta con la educación gratuita, sino que también hay que tener AFP estatales, estamos hablando de cosas muy diferentes. ¿Qué descontento se está reflejando al pedir que Codelco sea estatal? Me parece que aquí hay una consigna política súper clara…

-Repartir mejor y repartir más…

-Ese concepto de que el Estado produce más y reparte más no es realista… si fuera así, el comunismo habría perdurado, pero lo cierto es que después de 70 años, con dictaduras brutales, terminó cayendo. •••

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De héroe a villano

Hace más de un año que Felipe Morandé asumió como decano de la Facultad de Negocios y Emprendimiento de la Universidad Mayor, la cual diseñó la metodología para determinar las empresas ganadoras del premio a la Responsabilidad Social 2013 de Sofofa y Revista Capital. Que la RSE sea parte central del negocio y no que se asocie a la filantropía o la bondad. Ésa es la idea. “Vemos la RSE como un elemento estratégico, tiene que estar en todas las decisiones que toma la empresa, no sólo en lo que el gerente de asuntos corporativos negocie con alguna ONG o alcalde”, explica Morandé.

Un fenómeno, a su juicio, relativamente nuevo en el mundo y en Chile, ya que se orienta a cosas que en algún minuto pueden convertirse en un riesgo para el negocio. Morandé pone el ejemplo de Agrosuper en Freirina, que instaló una planta “con las mejores intenciones y con el sentimiento de que estaba haciendo algo por esa gente al dar empleos. Surge el problema de los olores y la misma comunidad –que le surte de trabajadores– reclama a tal punto que obliga al cierre de la fábrica. Una cuestión, que podría haberse abordado de otro modo, termina siendo tan gravitante que conlleva el cierre de la planta y la pérdida de 350 millones de dólares. Eso es mucho más importante a la larga de si emites bonos en Chile o Estados Unidos o si te abres o no a la bolsa”, plantea Morandé.

El rol estratégico de la RSE tiene que ver también, a juicio de Morandé, con la redefinición del rol de la empresa en la sociedad. El economista explica que hay dos vertientes: la de Milton Friedman y Adam Smith, partidaria de que “el rol social del carnicero es dedicarse a vender carne” y la de Edward Freeman, que señala “que la empresa tiene que hacer eso, pero además mirar a su entorno, preocuparse de los stakeholders”. Morandé es de la teoría que la empresa tiene que definir su rol en función de su entorno y no en rentabilizar la inversión. “No puede ser que tengas una empresa muy filantrópica y al mismo tiempo pagues facturas a sus proveedores a 90 días, o que contamines el agua de algún pueblo”, dice.

Para el economista, la RSE “tiene que ser parte consustancial del negocio porque es la manera en que la empresa pueda definir su misión a largo plazo, si no lo hace, por algún lado le va a explotar la bomba y va a terminar tirando a la basura toda la inversión que hizo. Entonces el gerente de finanzas –que era un héroe porque aumentaba las utilidades en el corto plazo– va a terminar siendo un villano, porque no tomó en cuenta estos riesgos”.