Qué coleccionar y qué tipo de obras comprar son algunos de los temas que el experto Mauro Herlitzka analiza en esta entrevista. Asesor del MOMA y de la Tate Modern y vicepresidente del MALBA de Argentina, entrega su opinión sobre el arte chileno y las estrategias para catapultarlo a las grandes ligas. Por María Jesús Carvallo

  • 14 diciembre, 2010

 

Qué coleccionar y qué tipo de obras comprar son algunos de los temas que el experto Mauro Herlitzka analiza en esta entrevista. Asesor del MOMA y de la Tate Modern y vicepresidente del MALBA de Argentina, entrega su opinión sobre el arte chileno y las estrategias para catapultarlo a las grandes ligas. Por María Jesús Carvallo

 

Ya no es novedad que de un tiempo a esta parte el mercado chileno del arte ha evolucionado. Cada vez se inauguran más exposiciones, se abren nuevas galerías, se desarrollan iniciativas y surgen artistas con propuestas vanguardistas. En los años 90 el panorama era distinto: el circuito se remitía a un pequeño grupo de galerías en Vitacura, al que se sumaban museos como el Bellas Artes y el MAC. Pero hace unos cinco años y siguiendo las tendencias latinoamericanas, el espectro se abrió y surgió el fenómeno del “nuevo galerismo”, que apunta a la escena conceptual y a creaciones basadas en videos, performances, trabajo digital y fotografía.

¿Cuál es el momento del mercado chileno, qué falta por mejorar, cuál es el rol del Estado y de los privados, y cómo ha sido el desarrollo del coleccionismo local? Son algunos de los temas que analiza el argentino Mauro Herlitzka, invitado al primer seminario de Cultura y Economía organizado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Considerado un experto a nivel mundial, Herlitzka es figura indiscutida en el desarrollo del arte latinoamericano. Además de ser vicepresidente del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), miembro de la Asociación Latinoamericana del Fondo de Adquisición de la Tate Modern, del Consejo Internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y parte del directorio de la feria PINTA (Nueva York-Londres), es presidente de la Fundación Espigas y ha presidido ArteBA en numerosas ocasiones. A esto hay que sumarle su máxima pasión: el coleccionismo. Partió juntando monedas a los 11 años; a los 18 siguió con arte europeo de los siglos XVI, XVII y XVIII, para luego dar un salto hacia creaciones de última generación. Hoy es uno de los coleccionistas más renombrados del continente.

-¿Cómo ve usted el mercado del arte chileno?

-He seguido lo que ha ocurrido en Chile desde hace unos cinco años y podría decir que hoy el arte chileno está en plena renovación y planteándose nuevas estrategias, especialmente con respecto a las estructuras culturales y su relación con el mercado internacional. Si hacemos un análisis local, por un lado están las galerías de Alonso de Córdova, que ya tienen una determinada tradición, y por otro se han abierto nuevos espacios de arte que también tienen el deseo comercial, que cuentan con artistas más emergentes y nuevas propuestas. Tanto por precio como por calidad artística, creo que hay mucho donde apostar en este último sector, así como una clara posibilidad de formar nuevas colecciones de calidad.

-De acuerdo a su experiencia internacional, ¿qué hace falta mejorar?

-Yo intuyo que lo que hay que hacer es lo siguiente: primero, el Estado debe definir cuál es la situación de las artes visuales en Chile, luego ver cuáles son los mecanismos de incentivos que quiere reformular y aquellas regulaciones que dificultan la transacción y la visibilidad del arte. Creo que los sistemas fiscales para importar obra en Chile son un poco caros y eso es un punto a mejorar. También habría que desarrollar nuevas infraestructuras para poder tener salas de acuerdo con los requerimientos internacionales y, con ello, lograr traer muestras extranjeras de calidad. Por otro lado, habría que buscar incentivos para que más artistas chilenos puedan ir al exterior y que sus propuestas sean efectivas.

-¿Y cómo debe ser la participación de los privados?

-Todavía el mercado chileno es tímido, no compra arte. Sin embargo creo que hay artistas emergentes con propuestas interesantísimas que no se conocen afuera. Una buena alternativa es que coleccionistas y personas interesadas en arte vayan a ferias, visiten galerías, museos y que consulten a los especialistas o curadores, para que puedan formarse una opinión y comiencen a acceder a obras interesantes.

-¿Existe el mecenazgo en Chile?

-Sí, pero hay que desarrollarlo más. En México y en Brasil hay un fuerte mecenazgo privado, además hay leyes que permiten las deducciones fiscales. Todo esto ayuda a incentivar y mover el mercado. En Chile falta, pero va bien encaminado.

-El arte latinoamericano ha tenido un fuerte protagonismo en el último tiempo en las colecciones de los museos internacionales. ¿Esta tendencia alcanza al arte chileno o más bien toca a otros países como Colombia, Argentina o México?

-Uno puede ver, por la acción desplegada y por la cantidad de producción, que tanto México como Brasil, Argentina y Venezuela han tenido una presencia muy fuerte. Creo que Chile tiene que trabajar más. No es un tema sólo del Estado, sino también de los privados: que les interese promover y que tengan sentido de comunidad.

-Aparte de los Matta, Jaar o Navarro, que son artistas nacionales reconocidos en el extranjero, ¿hay otros nombres que suenan afuera?

-Sí, claro. En Gasworks (Inglaterra) vi el trabajo de Cristóbal Lehyt, quien gracias a las becas AMA pudo hacer una residencia en ese lugar. También Cristián Silva, que trabajó en la Residencia Internacional de Artistas en Argentina. Gracias a iniciativas como estas se da la posibilidad de que artistas jóvenes talentosos, nombres nuevos, puedan desarrollarse y tener presencia en el extranjero.

Cómo andamos por casa

– Usted es un gran coleccionista, ¿cómo ve a Chile en este tema?

-El coleccionismo chileno es tímido. También hay casos más audaces, pero dentro de ciertos patrones no tan buenos que, al final, lo hacen más bien regular. Siento que los coleccionistas chilenos tienen que explorar y descubrir el arte más nuevo. No sólo tomar en cuenta temáticas tradicionales: deben atreverse con los trabajos de artistas más conceptuales y que desarrollan videos, performances, etc.

-¿Cuáles son las características de los coleccionistas chilenos?

-En sociedades más conservadoras, como la chilena, el coleccionismo se da sobre un tipo de arte tradicional, porque es más seguro. Falta el atrevimiento a lo distinto, a lo más contemporáneo y me parece que los coleccionistas nacionales podrían jugársela a tener ese tipo de piezas, más audaces.

-Usted comenzó una colección de monedas a los 11 años y a los 18 ya estaba comprando arte europeo, con una especial predilección por el barroco italiano. Pero luego vendió sus obras europeas de los siglos XVI, XVII y XVIII y compró trabajos de artistas contemporáneos argentinos e internacionales. ¿Por qué este cambio?

-Porque uno cambia en la vida, adopta otros gustos y explora otras situaciones. Siempre en lo que hice me jugué y cuando compré arte italiano y barroco busqué calidad, emoción e intención artística. Un punto importante que me hizo cambiar fue que me hacía falta la cuota latinoamericana en mi colección. Me interesaba sobre todo por la contemporaneidad del arte de mi época. Y la experiencia fue mucho más intensa y rica de lo que me imaginé.

-¿Siente que en Chile los coleccionistas se han modernizado?

-Sí, conozco a algunos que realmente están explorando este cambio. Pero no es algo que se produzca de un día para otro. Las transiciones toman su tiempo. Y va a costar que el coleccionismo chileno sea vanguardista de aquí a un plazo corto.

-¿Cómo se puede incentivar este “nuevo coleccionismo”?

-Una manera es que las instituciones tengan espacios para trabajar con artistas más emergentes. En muchos países ha ocurrido que este fenómeno de nuevo coleccionismo ha comenzado con un grupo inicial que se ha atrevido y ha demostrado que se puede vivir en una casa con obras potentes y contemporáneas. Y este grupo ha sido influyente, potenciando a otros con su propuesta, lo que ha logrado cambiar el patrón e incluir obras más vanguardistas a las colecciones. En Chile debiera pasar lo mismo.

-De acuerdo a su vasta experiencia como coleccionista, ¿qué se necesita para comenzar una colección?

-Curiosidad, pasión, deseo y cierto presupuesto, pero que no tiene que ser muy grande, porque las obras contemporáneas no valen tanto y son de más fácil acceso. No importa la edad que se tenga, la contemporaneidad implica desafío y mirada al futuro.

-¿Dónde debe partir alguien que está interesado en coleccionar arte en Chile?

-Empezar con lo local primero. Eso implica recorrer las galerías de Santiago, analizar, ver y consultar con publicaciones que ayuden a orientarse sobre el arte chileno nuevo. También hay expertos que pueden ayudar a partir y que asisten a la hora de comprar hasta que el coleccionista adopta la confianza para lanzarse solo. Todos cometemos errores, lo importante es empezar a comprar obras con valor.