¿Qué tiene el modelo kirchnerista que sale del abismo y desafía todos los anuncios de nuevas debacles? Un poco de suerte y mucho pragmatismo, según el doctor en Economía de la Universidad de Pennsylvania Eduardo Levy Yeyati. Por Fernando Vega.

  • 7 octubre, 2011

 

¿Qué tiene el modelo kirchnerista que sale del abismo y desafía todos los anuncios de nuevas debacles? Un poco de suerte y mucho pragmatismo, según el doctor en Economía de la Universidad de Pennsylvania Eduardo Levy Yeyati. Por Fernando Vega.

Después de la cesación de pagos, Argentina pasó por una recesión grave, pero pronto comenzó una rápida recuperación que se prolongó por mucho tiempo”, Así, el afamado economista Nouriel Roubini aconsejaba a los griegos seguir el ejemplo trasandino, hace algunas semanas.

Desde su comentado blog del Financial Times, el profesor de Economía de la Universidad de Nueva York añadió que Grecia no tiene otra opción que caer en un default ordenado y abandonar la Eurozona para romper el círculo vicioso “y tomar medidas que le permitan recuperarse rápidamente, como el éxito que tuvo Argentina”.

Con el recuerdo de la crisis aún en la memoria, una bonanza económica que ya dura casi una década y la fragmentación de la oposición, el próximo 23 de octubre este país de 41 millones de habitantes ree-legirá con toda seguridad a Cristina Fernández, viuda de Kirchner (58) como su presidenta por otros cuatro años.

Contando el periodo en que ejerció su marido, Néstor Kirchner, en total, será más de una década de economía K, una “sui géneris” forma de gobernar, marcada por una serie de políticas que, en lo económico, desconcierta incluso a los más heterodoxos.
Pero según Levy Yeyati, profesor en las universidades de Buenos Aires y Torcuato di Tella, además del Graduate School of Economics de Barcelona y ex director de mercados emergentes de Barclays Capital, la economía argentina no es tan diferente ni especial. “El modelo no parece un plan deliberado, sino una política expansiva con alguna ayuda externa y alguna dosis de pragmatismo”, sostiene.

-Pero entonces ¿por qué la economía argentina parece tan diferente a la de Chile, Colombia, Brasil o Perú?

-Por un lado, hay un discurso que enfatiza cuestiones que en otros países se disimulan. Por ejemplo, Argentina esgrime orgullosa su protección comercial a través de licencias no automáticas, mientras que Brasil, que protege tanto o más que Argentina, lo hace de manera solapada. Lo mismo con cuestiones ligadas a la intervención del Estado en la actividad privada, o a las restricciones en el mercado financiero. Hay también razones más fundamentales: el gobierno argentino ha priorizado el crecimiento presente, del que extrae su capital político, lo que genera un patrón pro cíclico que potencia el desempeño en años de bonanza, pero puede también generar frenazos más fuertes cuando el ciclo se revierte.

-¿Cómo se podría explicar el modelo económico argentino? ¿Es un modelo en sí? ¿Existe una economía K?

-El llamado modelo económico se basa en medidas que fueron tomadas a principios de 2002 para contener los efectos de la crisis: retenciones a las exportaciones para hacerse de recursos fiscales y dólares, pesificación y dólar alto para licuar los pasivos dolarizados de empresas y hogares, aumento del gasto social para paliar los efectos regresivos de la inflación y el desempleo, restructuración de la deuda externa (la que no pudo pesificarse) privada y pública. El gobierno de los Kirchner supo utilizar el efecto expansivo de la dilución de deuda y la transferencia de ingresos fruto de la crisis, y le agregó una base tributaria más amplia (un Estado más grande) e intervención en los precios (tarifas subsidiadas, tasa de interés real negativa) con el fin de estimular la inversión ligada a una rentabilidad empresarial históricamente alta, y el consumo. A esto se sumó la mejora de los términos de intercambio por el boom de commodities, que potenció los ingresos públicos y permitió acumular reservas y prepagar deuda en dólares.

-¿La crisis de la deuda, sigue marcando la economía política del país?

-No. De hecho, es errado suponer que el alto costo financiero argentino se debe a la cercanía del default. Por el contrario, a fines de 2006, sólo un año y medio después del canje de deuda, el spread argentino estaba al nivel del de Brasil. Sin embargo, la manipulación del IPC fue vista por el mercado como un default encubierto y elevó el riesgo país. Dicho esto, la crisis sigue siendo una referencia política de peso, contra la cual el gobierno contrapone sus logros. Y esta comparación con el aciago 2002 seguramente tiene un efecto subliminal sobre el votante medio, que en las últimas elecciones ha elegido la continuidad.

– Después de la reestructuración de la deuda, considerada un éxito por muchos analistas, ¿Argentina ya se recuperó?

-Siempre hay cicatrices que no cierran del todo: el sistema bancario y sobre todo el mercado de capitales siguen anémicos, la inversión extranjera es baja para el dinamismo de la economía y los niveles de pobreza siguen altos. Pero Argentina recuperó lo perdido durante la recesión, y luego siguió creciendo. Si comparamos el crecimiento real de Argentina y Brasil desde el inicio de la crisis a fines de 1998, hoy Argentina estaría algo por encima de Brasil.

-Muchos economistas señalan a la racha alcista de los commodities como razón de tan alto crecimiento. ¿Usted concuerda con eso?
-Sí, pero esa racha también benefició a los vecinos. Chile y Perú, por ejemplo, tuvieron mejoras de los términos de intercambio mayores a las de Argentina, y Brasil; y Colombia, mejoras comparables. El contexto global ayuda a explicar las altas tasas de crecimiento, pero no puede explicar el mayor crecimiento argentino en relación a la región.

-La manipulación de información, ¿es realmente un problema serio? Hay organismos internacionales que prefieren mirar los datos de entidades independientes…
-Está la abierta manipulación de datos, que se ha vuelto un fenómeno casi folclórico en el país, aunque desde el punto de vista económico posiblemente sea un problema menor y fácilmente subsanable.

-¿La desigualdad y la pobreza son también los grandes problemas económicos de Argentina?

– El crecimiento del empleo y la extensión de los programas de protección social (asignación universal por hijo, cobertura y beneficios previsionales) redujeron fuertemente la pobreza y mejoraron la distribución. Pero en los últimos años la generación de empleo se frenó en algunos sectores, y hay desempleo estructural en otros. Y la inflación ha venido contrarrestando el efecto progresivo del gasto. Por todo esto, los indicadores sociales se han amesetado. En todo caso, la desigualdad y la pobreza, o más en general el déficit en la infraestructura social que incluye acceso a vivienda, educación y salud, son grandes problemas, y uno de los obstáculos para el desarrollo, tanto en Argentina como en el resto de Latinoamérica.

-¿Cuál es hoy el gran motor de la economía argentina?

-La demanda interna. Específicamente, el consumo alimentado en parte por la inflación, el financiamiento barato y la falta de alternativas de ahorro que protejan contra la inflación; la inversión privada de sesgo cortoplacista estimulada por rendimientos altos en un marco de incertidumbre, la inversión inmobiliaria que sostiene al sector de la construcción y el impulso fiscal a través de inversión publica y subsidios a la energía.

-¿Es la inflación un problema serio hoy?

-Sí. Aun contenida por efecto de las tarifas y demás precios administrados, artificialmente deprimidos a costa de subsidios, es superior al 20% y altamente inercial (aun durante la contracción de 2009 la inflación siguió siendo de dos dígitos). Y si bien un gobierno fuerte tiene chances de contener las demandas salariales, variables nominales (precios, salarios, dinero) creciendo al 20% suelen ser inestables. Por otro lado, la inflación aprecia el tipo de cambio en momentos en que nuestros socios comerciales se deprecian, lo que pone en duda el equilibrio externo y genera expectativas de depreciación y dolarización de ahorros. La inflación posiblemente sea, si no el problema macroeconómico más importante, sí el más urgente.