Por: Carla Sánchez Mutis Por: Verónica Ortíz El doctor Fernando Coz está de pie en una sala. La fotógrafa le pide que cruce los brazos para retratarlo. El doctor se niega. Su decisión es más que un capricho. Hace años que no cruza los brazos cuando le toman una foto. Y la culpa es de […]

  • 7 julio, 2016

Por: Carla Sánchez Mutis
Por: Verónica Ortíz

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El doctor Fernando Coz está de pie en una sala. La fotógrafa le pide que cruce los brazos para retratarlo. El doctor se niega. Su decisión es más que un capricho. Hace años que no cruza los brazos cuando le toman una foto. Y la culpa es de Margaret Thatcher.

Al jefe de urología del Hospital Militar de Santiago y doctor de la Clínica Universidad de los Andes le tocó compartir varias veces con la “dama de hierro”. Como médico personal de Augusto Pinochet le pidieron más de alguna vez viajar a reunirse con ella. Una vez que estaba en Londres de vacaciones con sus hijos, la llamó para saludarla. Thatcher lo citó a mediodía.

“Partí con una hija mía, que era la única que estaba vestida decentemente, que le dijo a la ex primera ministra que en su colegio (el Grange) nadie le iba a creer que había estado con ella. Thatcher le dijo ‘pero saquémonos una foto’. Mi hija posó con los brazos cruzados adelante y ella le dijo ‘las mujeres nunca tenemos que cruzar los brazos cuando nos retratan. Para salir mejor, hay que ponerlos al lado’”, cuenta.
Un consejo que el doctor Coz, a quien no le gustan las fotos ni menos la figuración pública, volvió a aplicar el 24 de mayo pasado en Boston, cuando la fundación The One Hundred, creada con el apoyo del Massachusetts General Hospital para sensibilizar sobre la enfermedad y reunir fondos para combatirla, lo distinguió como una de las 100 personas del mundo más inspiradoras en la lucha contra el cáncer. Junto a él fueron premiados filántropos, científicos, doctores y voluntarios. Coz es el único y primer chileno en ganar este reconocimiento.

-¿Es el premio más importante que ha recibido en su carrera?

-¡Es que tengo varias carreras! Soy médico, militar, profesor. En mi vida, me han entregado mucha confianza y ése es el reconocimiento más importante. Que a uno le digan “doctor, decida usted” es el premio más conmovedor que puede recibir un médico.
Coz no sabía de la existencia del premio de la fundación The One Hundred. “Cuando volví de vacaciones, me encontré con una carta que decía que había sido nominado y seleccionado por mi contribución a la lucha contra el cáncer. Me pregunté ¿qué he hecho yo para merecer esto? Y la respuesta fue que les había planteado algo interesante”, cuenta.

Lo que Coz propuso al hospital número uno de Estados Unidos –según US News & World Report– fue establecer una alianza oficial con la Clínica Universidad de los Andes. Hace años que este urólogo tiene relación con los médicos del Massachusetts General Hospital, el primer y más grande hospital clínico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard. Más de alguna vez intercambió algún caso y pidió ayuda en materias ajenas a su especialidad. “El Mass General es un hospital que no estaba haciéndose propaganda en el mundo, se sabían número uno de América y no necesitan estar buscando pacientes en otras partes. Pero el año pasado les propuse formalizar este intercambio y, para sorpresa mía, les pareció una buena idea”, cuenta Coz.

El objetivo es que chilenos puedan atenderse con los médicos del hospital de Harvard de manera virtual para acceder a segundas opiniones y que los doctores de la Universidad de los Andes –donde Coz hace clases– puedan entrenarse en algunas disciplinas allá.
“Ahora, más pacientes chilenos con cáncer tendrán la oportunidad de beneficiarse de nuevas terapias dirigidas y cuidados especiales”, cuenta la fundación The One Hundred, la que nació para reunir fondos y crear conciencia en la lucha contra esta enfermedad.

-Muchos pacientes con cáncer muy agresivo creen que la solución es irse a Estados Unidos…

-Es que muchas veces, cuando la gente se enfrenta a una situación ominosa, quiere asegurarse de que ha agotado todos los medios para sanarse. A veces parten con mucha aflicción y angustia a Estados Unidos al lugar que les recomendaron. La gracia de esta alianza es que ahora tendremos la posibilidad de tener una interconsulta sin la necesidad de salir del país y estarán tranquilos de que hicieron todo lo que estaba a su alcance para asegurar que tomaron el camino correcto.

Un veneno llamado arsénico

¿Cuáles son las características del cáncer de vejiga en Chile?, se preguntó el doctor Coz. Estaba preparando una conferencia que tenía que dictar en París y realizó un mapa de las enfermedades urológicas en Chile. El resultado lo sorprendió: en Antofagasta había seis veces más cáncer de vejiga que en otras partes del país. “Pensé que era un error, que el estudio estaba mal hecho. Lo mandé a revisar y recontra revisar y estaba correcto”, comenta.

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Investigando cuáles podían ser las causas de las preocupantes tasas de cáncer en la Segunda Región, se encontraron con una triste realidad: la contaminación del agua por arsénico. “Desde el año 55 hasta el 89, la población estuvo expuesta a dosis muy altas de arsénico, elemento químico que produce cáncer. Esto no fue culpa de las mineras, sino que simplemente comenzó a aumentar la población y trajeron agua de ríos que, sin saber, estaban contaminados”, explica el doctor. En ese período, 400 mil habitantes fueron expuestos a niveles extremos de arsénico en el agua potable.

Según el estudio, entre 1955 y 1977, las muertes aumentaron de 3% a 6% en hombres y de 2% a 6% en mujeres. Y en los últimos 20 años, la mortalidad alcanzó el 22% en hombres y el 18% en mujeres. La investigación fue publicada en el Journal of Urology. No sólo eso: en marzo de 2012 fue editorial de The Lancet, revista médica muy prestigiosa a nivel mundial.

Hoy, el agua de Antofagasta –asegura el doctor– “es perfectamente tomable”. Sin embargo, a pesar del control del arsénico en el agua potable, los efectos de la toxina son de larga duración.

-El cáncer de vejiga en general afecta a las personas mayores de 60 años. Es decir, lo peor está por venir…

-Claro, está ocurriendo ahora. Aquéllos que estuvieron in utero entre los 50 y los 70 –que hoy tienen 40, 50 y 60 años– están presentando cáncer de vejiga y de pulmón también…

-Guillermo Luksic vivió su infancia en Antofagasta y murió de cáncer al pulmón. ¿Puede haberse enfermado a causa del arsénico?

-No me quiero referir a ningún paciente en particular.

“El Estado no puede obligar a donar”

Luis Fernando Coz, miembro de las asociaciones americana, alemana y francesa de urología, es también coronel. Y le fascinan los caballos. Tanto que una vez, en agradecimiento, el familiar de una paciente le mandó de regalo un Holsteiner de raza alemana. “Me llaman de mi casa para decirme que me trajeron algo. Yo les dije ‘bueno, recíbanlo’. Y dejaron el caballo en la entrada de mi casa”, cuenta Coz entre risas. El doctor tuvo varios años al “Pihuelo”, el que incluso desfilaba en la parada militar.
“El Dr. Coz tiene un diagnóstico de lince, una generosidad única y un sentido del humor incomparable. No es el médico más gracioso que conozco; es la persona más divertida del mundo entero. Su humor rápido, autoflagelante, agudo, con toques intelectuales enormemente sutiles”, comenta su amigo, el economista Sebastián Edwards.

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Parte importante de su carrera médica la realizó en Valdivia, donde trabajó en la Universidad Austral y en el regimiento Cazadores. Luego de perfeccionarse en Francia volvió a Valdivia para iniciar un programa de trasplantes de riñón. Hasta que un alto mando del Ejército dijo “no podemos tener a un capitán haciendo trasplantes en Valdivia”. Y Coz tomó sus maletas y en 1984 se vino al Hospital Militar, el cual, en ese tiempo –cuenta– tenía de los mejores equipamientos del país.

Participó del primer trasplante de hígado en Chile hace casi 31 años, el cual fue liderado por el doctor Juan Hepp, médico director de la Clínica Alemana, quien cuenta que Coz, de quien es colega y amigo, “tuvo un rol bien importante en el desarrollo de los trasplantes en Chile y fue muy activo en la organización de equipos. Además, trajo al país la primera máquina para realizar la litroticia, técnica para moler los cálculos sin someter al paciente a una operación”.

-¿Cómo ve el tema de los trasplantes en Chile? ¿Por qué hay tan poca donación?

-Aquí hay gente muy capacitada para hacer trasplantes. En cuanto a la donación, estamos muy, muy atrasados, comparados con países como España, que tiene un programa muy exitoso. La crisis de confianza en el país influye en la salud y en la baja tasa de donaciones. La gente teme que, si acepta la donación, no se van a estar haciendo los mejores esfuerzos para recuperar al paciente.

-¿Cómo se logra concientizar a la gente? ¿Con una campaña a nivel nacional del gobierno?

-Es una cosa que no se improvisa. No se trata de sacar un eslogan o una campaña. Cuando haya mayores niveles de confianza, por supuesto que va a haber programas de donación más generosos.

-¿Es partidario de que todos fuéramos obligatoriamente donantes al momento de morir y en caso de no querer serlo, tener la opción de negarse?

-La donación es un tema muy personal y que no sólo involucra al donante, sino que también a su entorno. Los donantes no son viejitos de 90 años, en general son personas jóvenes que salieron sanas de su casa en la mañana y que a mediodía tuvieron un accidente. Uno enfrenta a una familia en estado catastrófico y basta que uno de sus miembros no esté de acuerdo para que no haya trasplante. Estas campañas de “Un órgano para Fulanito” son fuertes porque en realidad estamos rezando para que haya otro señor que le ocurra algo y lo convierta en donante. Es una cosa muy personal y cultural, en otros países esto se mira con ojos distintos, pero el Estado no puede obligar a todos a ser donantes. •••