Tras ser formalizado por delito tributario y cohecho en el Caso SQM, Pablo Longueira divide su tiempo entre asesorías a empresas, proyectos que tiene a su cargo en la constructora Ebco y la escritura de dos libros: uno sobre la Ley de Pesca y otro en contra del fiscal Pablo Gómez y el Ministerio Público. En paralelo, y en total hermetismo, planea su próximo desafío: las presidenciales de 2020.
Por: María José López y Antonieta de la Fuente

  • 19 julio, 2018
Ilustración: Ignacio Schiefelbein

Fue un empresario el que, hace un par de semanas, le hizo la pregunta: “¿Vas a volver a ser candidato presidencial?”. “No lo descarto”, le contestó Pablo Longueira sin titubear ni un segundo. Ni el anfitrión ni ninguno de los que ese día compartían con él en un evento privado esperaban esa respuesta.
El ex ministro de Economía explicó entonces que de aceptar el desafío, esta sería su revancha.

Desde marzo de 2016, el ex parlamentario está en la mira del Ministerio Público y del fiscal del caso SQM, Pablo Gómez, quien la semana pasada lo formalizó por cohecho y delito tributario. La decisión de la fiscalía se basa en que en 2010, mientras Longueira era senador, mandó un correo al ministro secretario general de la Presidencia del primer gobierno de Sebastián Piñera, Cristián Larroulet, en donde propone igualar la situación tributaria de las empresas nacionales y extranjeras en materia de royalty, información que habría provenido de un intercambio de mails con Patricio Contesse, entonces gerente general de SQM. La investigación de la fiscalía dice que aquello pudo favorecer a la minera no metálica.

Tiene parte de la opinión pública en su contra –o al menos con dudas–, pero él insiste en que no ha recibido un peso y que es absolutamente inocente de cualquier imputación. Y, por lo mismo, está dispuesto a ir a juicio oral.

La última semana, el intercambio de palabras entre el fiscal Pablo Gómez y Longueira subió de tono. Gómez dijo que el hecho de que “no haya recibido plata directamente no es obstáculo para la prueba de este delito. Vamos por el cohecho hasta el final”. Mientras que el ex ministro arremetió con una declaración pública en la que acusa una “persecución injusta” de parte de Gómez y en la que dice que este ofreció a su abogado Alejandro Espinoza una salida alternativa, un acuerdo que consistía en eliminar el cohecho de su caso a cambio de reconocer tráfico de influencias.

Longueira, cuentan sus cercanos, lejos de amilanarse con este juicio, se ha empoderado. Paradójicamente, a diferencia de lo que ocurrió tras ganar las primarias presidenciales en 2013, cuando terminó bajando su candidatura producto de una depresión, ahora ocurre todo lo contrario. Quienes lo han visto cuentan que está enérgico, más flaco –ha adelgazado 19 kilos–, que está con mucho trabajo y que su eventual intención de volver a La Moneda no es ningún chiste.

Siente que tiene una deuda pendiente, que la campaña pasada quedó inconclusa y quiere dar la pelea. Está convencido de que ganaría y que lo haría solo, sin requerir el apoyo de la centroderecha y sin programa de campaña. “Solo diría: ‘Me sacaré la mugre por Chile’. Nada más. No haré falsas promesas. La gente me conoce y sabe que trabajaré por el país”, ha comentado a sus cercanos, a quienes también les ha confesado que pretendería armar un gobierno transversal que reúna a líderes de las tiendas políticas con los que tiene buena relación, como por ejemplo el DC Jorge Burgos. Quienes han conversado con él, le han escuchado en más de una oportunidad decir que hoy tiene más amigos en la centroizquierda que en su propio sector.

El ingeniero

Pablo Longueira alcanzó a trabajar dos meses como ingeniero. Fue a principios de los 80 en la empresa LQL dueña de Dos en Uno, en esos años, propiedad de la familia Lería. El ex senador, de entonces 22 años, terminaba de estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Chile y su jefe, Fernando Coll, le preguntó directamente si quería dedicarse a la política o seguir una carrera en la compañía. Longueira, cuyo cargo ahí era gerente de operaciones, le respondió que quería trabajar en su profesión. Pero no duraría mucho.

Cuenta un amigo que desde el gremialismo empezaron los llamados a Coll: querían a Longueira entre sus filas. Así que a solo dos meses de ingresar a la empresa fue despedido. “Lo hago porque allá te necesitan”, le explicó el ejecutivo, a lo que el ex dirigente UDI respondió: “Pero es una decisión que está siendo tomada contra mi voluntad”.

Tendrían que pasar 35 años para que el ex ministro retomara la ingeniería. Fue fortuito. Desde hace años Pablo Longueira venía dándole vueltas a la idea de construir un vivero en un terreno cercano a Cerro Alvarado, en Vitacura, y, preguntando quién era el dueño de ese paño, se reencontró con un amigo de la infancia: su ex compañero de colegio y también de la universidad, Hernán Besomi, dueño de la constructora Ebco.

Se tomaron un café, hablaron de proyectos en conjunto y empezaron a trabajar. Eso fue el 2014. Hoy, Longueira dedica parte importante de su tiempo a esa empresa, desde donde levanta desarrollos inmobiliarios y se dedica también a Ebco Energía enfocado principalmente a iniciativas solares, eólicas y mini hidros.

Quienes conocen a ambos, dicen que Besomi es igual de intenso que Longueira: quieren concretar de inmediato las ideas que se les ocurren. Por lo mismo, entre ambos se ha generado una relación simbiótica. Y aunque el ex dirigente de la UDI sigue manteniendo su histórica oficina en Los Leones con Andrés Bello, cruza todos los días hasta donde está la de Besomi, en Santa María, para conversar sobre algún proyecto.

Pero Ebco no es su única actividad privada. En diciembre de 2013 formó junto a su mujer, Cecilia Brinkmann, la consultora LB, a través de la cual maneja una cartera de 11 clientes a quienes asesora a través de informes periódicos. De hecho, sus cercanos cuentan que su pronóstico previo a las últimas elecciones presidenciales fue uno de los más certeros del mercado.
En paralelo a LB, Longueira creó otra consultora junto al abogado Luis Hermosilla y el actual ministro del Interior y uno de sus mejores amigos, Andrés Chadwick. La idea era asesorar a empresas desde diferentes aristas, especialmente en proyectos vinculados a comunidades. Sumaron algunos clientes e incluso alcanzaron a arrendar una oficina en un moderno edificio en Nueva Costanera, pero el proyecto alcanzó a durar poco más de dos meses y terminó cerrándose.

Viverista

Los viajes a Villarrica se han vuelto recurrentes para Longueira. Se traslada en bus durante la noche y allá trabaja en terreno monitoreando un vivero que está levantando con su mujer, de profesión paisajista, en el cual tiene plantados rododendros, camelias, entre otras especies.

Su plan para crear un proyecto turístico en la Patagonia está, por ahora, en stand by. Fue en 2016 que el ex ministro empezó a cranear junto a un grupo de empresarios un plan para posicionar a la Patagonia chilena en el entorno internacional. La iniciativa consideraba abrir el istmo de Ofqui, en la Región de Aysén, para generar una vía de navegación austral que conectaría Puerto Montt con la laguna San Rafael, pasando por los canales de la XI Región. Sin embargo, con el cambio de gobierno y las nuevas prioridades país el proyecto quedó en pausa.

Aunque no tiene ni Facebook, ni Twitter, ni Instagram y considera a las redes sociales una pérdida de tiempo y energía, sí es muy activo en Whatsapp. A través de la aplicación participa de diversos chats, uno de ellos de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile y otro con dirigentes jóvenes de la UDI. “Él es muy emocional y de alguna manera, el participar de estos grupos de Whatsapp lo ha ayudado a sentirse acompañado”, cuenta un amigo.

Longueira tampoco ha dejado de lado su faceta social. Un cercano cuenta que el ex senador estuvo casi tres años investigando cuál era la fundación que atendía a las personas que más sufren en Chile. Así fue como decidió involucrarse en Fundación Debra, creada por el doctor Francis Palisson, que atiende a niños con piel de cristal. Entre sus planes, está levantar fondos para construir una clínica que atienda de forma gratuita a los niños que sufran de esta enfermedad.

Pablo vs Pablo

En paralelo, el ex senador está enfrascado en otro proyecto: un libro en el que cuenta con lujo de detalles todas sus vivencias desde que fue involucrado al caso de financiamiento ilegal de la política. Ahí, relataría anécdotas y situaciones hasta ahora desconocidas de la investigación de la que ha sido sujeto de parte de la fiscalía y donde revelaría las, a su juicio, malas prácticas del fiscal Pablo Gómez –a quien en privado llama “Bigotín”– en la investigación. Su plan, según ha confirmado a sus amigos, es lanzarlo el día que el persecutor del caso SQM deje su cargo en el Ministerio Público para partir al Londres, donde su mujer, la ex ministra de Justicia Patricia Pérez, realizará una pasantía de su doctorado en Cambridge.

Una “sinopsis” de aquello se vio esta semana, luego de que hiciera público el episodio del allanamiento a su casa, a principios de 2017. “Voy a desenmascarar a Gómez y toda la fiscalía”, ha dicho a sus amigos. Durante la investigación, la relación de Longueira con Gómez ha sido áspera. De hecho, comentan cercanos, los interrogatorios en el Ministerio Público eran intensos, por lo que su abogado, Alejandro Espinoza, tuvo que intervenir en varios momentos y recomendarle a su cliente salir a tomar aire para relajarse.

En privado, Longueira ha expuesto la necesidad de mejorar el relato del gobierno de Sebastián Piñera. Característica que sí cree que tiene el ministerio de Desarrollo Social, encabezado por Alfredo Moreno. De hecho, uno de sus momentos de máxima alegría ocurrió este año, cuando el secretario de Estado nombró a su hijo Juan Pablo jefe de gabinete. “Pablo participó en la creación de esa cartera y le emocionó que su primogénito asumiera ese cargo”, cuenta un amigo.

Le gusta el estilo de Moreno y ha comentado que si se presenta como candidato a presidente en 2020, lo apoyaría. Sería una de las razones por la que desistiría de sus propias ganas de llegar a La Moneda.