En enero pasado, David Bowie sorprendió a todo el mundo cuando lanzó el melancólico single “Where are we Now” a través de YouTube. Hasta ese momento, nadie se había enterado de que el famoso Duque Blanco de Brixton había estado grabando un nuevo disco los últimos dos años junto a su antiguo partner Tony Visconti. […]

  • 22 marzo, 2013
David Bowie

David Bowie

En enero pasado, David Bowie sorprendió a todo el mundo cuando lanzó el melancólico single “Where are we Now” a través de YouTube. Hasta ese momento, nadie se había enterado de que el famoso Duque Blanco de Brixton había estado grabando un nuevo disco los últimos dos años junto a su antiguo partner Tony Visconti. Es más, durante este período, muchos tabloides y revistas habían puesto al creador de “Starman” en situación de retiro, y con un estado de salud tan precario que lo obligaba a mantenerse recluido en su lujoso apartamento neoyorquino junto a su esposa Imán y su hija Alex, de 12 años. Algunos medios incluso se aventuraron a decir que el viejo Bowie (66) deseaba poner bajo tierra a todos sus fantasmas y alter egos para simplemente volver a ser el anónimo ciudadano llamado David Jones que cada mañana lleva a su niña al colegio.

Pero Bowie siempre se ha empeñado en nadar contra la corriente, siguiendo su propio instinto y su extraordinaria capacidad de manejar hasta los más mínimos detalles de su carrera. Ya lo había hecho en los años 70, cuando con la maestría de un genio del marketing, manipulaba a su antojo a los medios ingleses convirtiéndose en la máxima atracción del pop-rock británico con un atrevido look andrógino y declaraciones del tipo “soy gay, siempre lo he sido”.
También lo hizo en los años 80, cuando utilizó con extrema pericia el nuevo formato del videoclip transformándose en una megaestrella gracias a hits como “Let’s Dance”, “China Girl”, “Blue Jean” y el cover de “Dancing in the streets” junto a Mick Jagger.

Por eso no resulta extraño que en los tiempos actuales, de redes sociales donde todo se comparte y se sabe en cuestión de segundos, Bowie, el iconoclasta por excelencia, haya apostado por el camino opuesto, el del silencio absoluto, manteniendo su nuevo proyecto discográfico en completo secreto.

Y es así como la formidable recepción que ha conseguido The Next Day por parte del público desde su lanzamiento en la tienda de iTunes, establece una excelente lección para la industria musical que se empeña en que los artistas estén en constante comunicación con sus fanáticos ya sea vía Twitter, blogs o Facebook. La apuesta de Bowie reivindica el misterio y el enigma como elementos aún valiosos a la hora de generar cualquier tipo de acción de arte.

Un dato freak: todos los músicos y técnicos que colaboraron en The Next Day, incluyendo a Tony Visconti, fueron obligados a firmar contratos de confidencialidad que les prohibía hablar del disco, incluso con sus familiares y amigos.
Sólo el excéntrico Robert Fripp, guitarrista y artífice del sonido de King Crimson, alcanzó a deslizar a través de su microblog que David Bowie le había pedido colaborar en el álbum, pero finalmente nadie llegó a destapar la olla.

Incluso el poderoso Rob Stringer, presidente del sello Sony Music, no tenía la menor idea de que Bowie estaba grabando un nuevo álbum y sólo se enteró hace un par de meses cuando el propio artista lo invitó al modesto estudio Magic Shop de Manhattan para que escuchara algunos tracks del disco.

Según Visconti, productor de la placa, el hecho de haber trabajado en secreto les dió la oportunidad de conversar el disco, compartir opiniones sin presiones externas y sin la neurosis típica de una producción que tiene una fecha determinada de publicación.

Buena mezcla

Se puede decir que The Next Day es un álbum con el sonido clásico de Bowie, que se comunica perfectamente con sus trabajos anteriores Heathen (2002) y Reality (2003). Las tres producciones poseen en común un claro interés por capturar la atmósfera y el sonido de ciertos discos del Bowie de los 70, pero con la adición de nuevas capas sonoras que le proporcionan un carácter y un aire más moderno y renovado. Para el nuevo disco, Bowie volvió a rodearse de viejos camaradas como el eximio baterista Sterling Campbell, el guitarrista Gerry Leonard y el propio Tony Visconti en bajo. Visconti ha sido cómplice y responsable de la producción de 13 álbumes de Bowie que incluyen los clásicos Low, Heroes, Lodger, Young Americans, Scary Monsters y otros con menores méritos.

The Next Day es un álbum perfectamente elaborado, que revela la consonancia conceptual entre Visconti y Bowie. Contiene pistas de rock pragmático que combinan armónicamente con canciones de tiempos medios que encierran ese carácter misterioso y evocador que aporta la voz de Bowie, que continúa sonando tan intensa y juvenil como en sus mejores tiempos.

La inspiración para varias de las letras de las canciones del álbum surgieron de la obsesión del cantante por la historia medieval inglesa y la historia de la Rusia contemporánea, las que, según Visconti, representaron una excelente fuente para crear un buen disco de rock.

Bowie eligió “Where are we now” como primer single, una balada nostálgica y melancólica, porque deseaba evocar ciertas etapas de su carrera y conectarlas con su vida actual. La letra del single recorre cada uno de los lugares que frecuentó durante su recordada estadía en el Berlín Oeste a fines de los años 70. Allí donde grabó los influyentes álbumes Low, Heroes y Lodger, producidos por Visconti y secundados por músicos como Brian Eno y Robert Fripp. Durante esos prolíficos años de formidable genio y grandes adicciones, Bowie también trabajó junto al excéntrico Iggy Pop, con quien produjo los discos The Idiot y Lust for Life.

Sin ser un disco que llegue a transformar la escena musical contemporánea como sí lo hizo The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from Mars en 1972, The Next Day es una buena prueba de que Bowie no se encontraba ni recluido ni enfermo y que lo más probable es que nos vuelva a sorprender con un nuevo álbum mucho antes de lo que pensamos. •••

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Bowie revoluciona la TV inglesa

En julio 5 de 1972 David Bowie debuta en el famoso programa semanal Top of the Pops en el que interpreta su nuevo single “Starman” junto a la banda Spiders from Mars liderada por el guitarrista Mick Ronson. Bowie, caracterizado como el andrógino Ziggy Stardust, con su pelo teñido color zanahoria y un traje ajustado, sorprende a una audiencia de 15 millones de televidentes con un número musical de notoria ambigüedad sexual. El delicado brazo de Bowie que rodea a Mick Ronson mientras éste toca la guitarra, quedará en el inconsciente colectivo como una de las imágenes que cambiaron la cultura británica para siempre.

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Bowie y sus otros yo

A lo largo de su carrera Bowie ha encarnado varios alter egos, cada uno de ellos con diferentes personalidades y características. El primero de ellos fue el propio David Jones, un chico tímido de Brixton pero con grandes ambiciones. Luego vendrían el Major Tom, inspirado en la película 2001 Odisea del Espacio; el alienígena Ziggy Stardust, personaje que lo lanzó al estrellato; Aladdin Sane, una especie de gemelo evolucionado de Ziggy y, finalmente, The Thin White Duke, un refinado y distante dandy europeo.

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Los hitos discográficos

Una producción tan extensa como la del cantante inglés hace difícil la tarea de elegir sus mejores álbumes. Pero entre la crítica y el público existen ciertas coincidencias. Esta es una lista con algunos de sus trabajos mejor apreciados.

The man who sold the world (1970). Es su primer gran álbum. Tras la edición de Space Oddity, Bowie se empapa de la música que estaban desarrollando grupos como The Who y Led Zeppelin. Bowie aparece en la portada vestido de mujer, lo que provocó grandes polémicas y consiguió la notoriedad que buscaba. El disco está lleno de excelentes canciones y durante los años 90 el grupo Nirvana convertiría en éxito la canción que da el título al disco.

Hunky Dory (1971). En este álbum aparecen las influencias de Andy Warhol y el grupo de artistas que trabajaba junto a él en su factoría de arte en Nueva York, que incluía a la banda The Velvet Underground, uno de sus mayores referentes musicales. La placa también incorpora un tema inspirado en Bob Dylan, Song for Bob Dylan.

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972). Considerado uno de los mejores discos de rock de todos los tiempos. Un álbum conceptual en el que Bowie encarna al extraño personaje de Ziggy Stardust y del que salió el super hit Starman.

Aladdin Sane (1973). Otro alter ego Bowiano. Se ha considerado a Aladdin Sane una especie de gemelo de Ziggy Stardust. La mayor parte de las canciones fueron compuestas en 1972 durante su gira por USA. Aladdin es la mixtura entre el Ziggy inglés y el imaginario social norteamericano. El disco en términos musicales es más agresivo que sus anteriores trabajos, con un sonido más potente y severo.

Diamond Dogs (1974). Es el disco tras la incineración de su alter ego Ziggy Stardust y su separación de los Spiders from Mars. También corresponde a la época de su mayor adicción a las drogas. Nuevamente trabaja en solitario produciendo un disco sensible que demuestra su ductilidad como autor. Es un álbum plagado de primorosas melodías y arreglos teatrales. Las letras hablan del deterioro humano como un presagio de la era punk que pronto llegaría. Producido por el propio Bowie, Diamond Dogs es una de las cumbres creativas del duque blanco.

Station to Station (1976). Su décimo álbum de estudio. Para esta placa Bowie decide encarnar a un nuevo alter ego The Thin White Duke, un personaje frío, elegante y claramente europeo, como buscando distanciarse del look norteamericano de su anterior trabajo Young Americans. Con controversiales guiños al fascismo en sus líricas Station to Station marca una transición en la carrera de Bowie. Un álbum oscuro, pero que representa un estado de madurez artística.

Low (1977). Parte de la llamada Trilogía de Berlín, Low representa una etapa más experimental de Bowie. Se sumerge en los nuevos sonidos de la electrónica alemana y de las nuevas máquinas musicales, para crear un disco rico en atmósferas e innovadoras capas sonoras.

Heroes (1977). Al cumplir 30 años, Bowie necesita un disco que lo reubique en la nueva escena dominada por los jóvenes del punk rock. Y Berlín, una ciudad sombría, negativa y esquizofrénica, es el lugar perfecto para generar un disco intenso como el que Bowie requería. Es su segunda colaboración con Brian Eno, pero a diferencia de Low, Heroes resulta un disco más directo y en cierto modo optimista, que proclama que cada uno puede llegar a ser su propio héroe.