En Lejos de ella, Julie Christie conserva la arrebatadora belleza que la hiciera famosa hace cuatro décadas en títulos como Doctor Zhivago. Y de paso confirma una vez más que una buena actuación puede redimir hasta la más convencional de las películas. Por Joel Poblete.

  • 13 junio, 2008

En Lejos de ella, Julie Christie conserva la arrebatadora belleza que la hiciera famosa hace cuatro décadas en títulos como Doctor Zhivago. Y de paso confirma una vez más que una buena actuación puede redimir hasta la más convencional de las películas. Por Joel Poblete.

Mientras unas cuantas actrices se quejan de que en Hollywood cada vez se hace más difícil encontrar un buen rol para una mujer que tenga más de 50 años, ella se deja querer y aparece en pantalla muy de vez en cuando; pero cuando lo hace vuelve a recordarnos por qué es toda una leyenda. Hoy, a sus 67 años muy bien conservados, Julie Christie está de vuelta en nuestra cartelera con su elogiada interpretación protagónica en Lejos de ella, por la cual ganó su primer Globo de Oro y postuló por cuarta vez al Oscar.

Además de cultivar un sorprendente interés por el bajo perfil, la actriz británica nos ha entregado estupendas interpretaciones, que incluyen algunos de los personajes femeninos más memorables de los años 60 y 70 –como en Darling, por el cual ganó el Oscar, pero también su heroína rusa en Doctor Zhivago y la regenta de un prostíbulo del Oeste en Los vividores–, y además, sólidos roles como musa de cineastas como Truffaut, Lester, Losey, Roeg, Ashby, Ivory y Lumet, entre otros. Sin embargo, en la última década había tenido menos oportunidades para lucir su talento: su última actuación de peso, que de paso le significó otra nominación al Oscar, había sido precisamente hace diez años, como la desorientada y frustrada esposa de Nick Nolte en la tragicomedia Una luz en la oscuridad (Afterglow), de Alan Rudolph; pero después de eso la Christie pareció reservarse para apariciones de menor relevancia en alabadas cintas –Descubriendo el País de Nunca Jamás– o fugaces roles secundarios en superproducciones como Troya –donde era Tetis, la madre de Brad Pitt/Aquiles –, y Harry Potter y el prisionero de Azkabán.

Hoy, muchos críticos serios y cinéfilos exigentes siguen arriscando la nariz cuando hay que hablar de actores, ya sea porque a la hora de determinar al responsable definitivo de un filme se toman muy en serio la teoría del “autor”, o por la connotación frívola y farandulera que se suele atribuir a la mayoría del gremio. Pero cuando uno ve cómo una película irregular, que no saca todo el partido a su atractiva idea argumental, logra superar sus debilidades de dirección y guión y hacerse cálida y entrañable gracias a las interpretaciones de sus actores, no puede sino comprobar una vez más que el mérito de éstos puede llegar a ser tan determinante en el balance final como las decisiones del cineasta o las opciones narrativas del guionista.

Aunque su Fiona en Lejos de ella –esa mujer que se sumerge progresivamente en los abismos de la pérdida de la memoria por el Alzheimer– no llega a la altura de esos hitos del pasado, la Christie desarrolla un personaje lleno de pequeños detalles, que cautiva con la dignidad y serenidad con que afronta su progresivo deterioro. El rostro de la actriz resiste los planos con valentía y sinceridad, sin temerle a la evidencia del paso de los años; al contrario, acá la madurez y el transcurso del tiempo, con toda la carga de dolor y resignación que pueden implicar, son fundamentales para entender mejor el papel, guiado con una presencia escénica imborrable. La intensa mirada de sus legendarios ojos azules conserva la misma magia que hechizó al público hace 42 años en su Diana Scott y la triste y silenciosa Lara. Una vez más, una actriz y sus colegas le dan a una película un carácter que no tendría por sí misma. Y se agradece.