Luego de convertirse en una moda en los 90, los talleres literarios perdieron parte de su prestigio. Sin embargo hoy esta antigua tradición recupera espacios y se alza como una importante fuente de ingresos para los autores más solicitados.

  • 9 julio, 2008

Luego de convertirse en una moda en los 90, los talleres literarios perdieron parte de su prestigio. Sin embargo hoy esta antigua tradición recupera espacios y se alza como una importante fuente de ingresos para los autores más solicitados. Por Marcelo Soto.

 

A menos que uno se llame Isabel Allende, es difícil vivir de los derechos de autor en un país como Chile. Incluso escritores como Jorge Edwards, que recibió 200 mil dólares por el último Premio Planeta Casa América, o Roberto Ampuero, que acaba de pasar al sello Norma por una cifra similar, deben recurrir al periodismo o a la academia para solventar sus gastos. Hay que recordar que un narrador recibe alrededor del 10% por cada ejemplar vendido y en ese contexto, más el flagelo de la piratería, lascuentas no son muy alegres.

Por esta razón, muchos autores encuentran en los talleres de creación literaria una fuente de ingresos considerable, que aportan en algunos casos hasta dos millones de pesos al mes. La sesión de dos horas a la semana en general se paga con unos 50 mil pesos mensuales y los escritores más solicitados, como Pía Barros, tienen largas listas de espera. Y eso que ella dirige cinco talleres al año, cada uno con 10 a 12 integrantes. No está mal.

 

Algo de historia

 

Cuando Roberto Bolaño volvió a Chile en 1998, luego de 25 años de ausencia, provocó un remezón del que todavía se sienten réplicas. Aparte de desairar a los novelistas más populares de entonces, dijo que la “nueva narrativa chilena” era poca cosa y que José Donoso, el mentor de ese grupo, tenía apenas tres libros decentes y que el resto de su obra no valía la pena.

Una de las consecuencias del terremoto Bolaño fue probablemente la caída en desgracia de cierta forma de hacer literatura, que tuvo su apogeo en los 90 y que se apoyó fuertemente en la tradición del taller. Fue el propio Donoso quien en los 80 dirigió un taller del que surgió gran parte de los autores –Franz, Fontaine, Contreras– que lograron éxito en la década pasada.

La idea del escritor que se reúne con aprendices para compartir conocimientos surge de una corriente mucho más antigua, que puede remontarse hasta las tertulias de la Colonia y que comenzó a profesionalizarse recién en la década del 60 con los primeros talleres pagados, a cargo de Fernando Alegría, quien trajo la idea desde California, Estados Unidos, país de larga experiencia en el formato.

En los primeros años del gobierno militar los talleres de escritura vivieron un obligado paréntesis –el derecho a reunión estaba restringido–, pero a partir de los 80 resurgieron de la mano de autores como Enrique Lafourcade, Antonio Skármeta, Poli Délano y el mencionado Donoso. Este último había pasado por la Universidad de Iowa City, que posee una de las escuelas de mayor prestigio en literatura creativa en Estados Unidos.

Si a mediados de los 90 los talleres literarios conocieron un auge, bastante superficial según sus críticos, con la irrupción de Bolaño comenzaron a ser puestos en entredicho. En cierta forma se contrapuso el modelo del escritor profesional, que pasa por la academia (Donoso), con la del autor nato, sin estudios literarios formales (Bolaño). El aprendizaje contra la experiencia vital, la sala de clases versus la calle. En esa dicotomía hay mucho mito y frivolidad, pero de todos modos pesa y todavía se siente en el ambiente.

Hoy, extinguida la moda, la escuela del taller de escritura parece estar recuperando parte del prestigio perdido y se aleja de la farándula, para reencontrarse con sus fuentes. Estos son algunos de los talleres más prestigiosos y solicitados de hoy en el país. Tomen nota.

 

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Carla Guelfenbein

“Un taller no son recetas de cocina”

La autora de El revés del alma, que en octubre publicará su nueva novela La vida oculta del silencio, quiere desligar al taller literario de esa fama frívola que alcanzó en la década pasada, cuando muchos querían aprender a escribir novelas o cuentos como quien aprende a preparar una paella o un risotto.

“Igual como se pusieron de moda los cursos de cocina, se puso de moda estar en un taller de escritura. Pero son cosas distintas. No es llegar y usar recetas para escribir como quien hace sushi”, dice Guelfenbein.

No obstante estar dirigido a principiantes, la escritora realiza una selección entre los postulantes, que deben enviar textos originales, de género diverso, ficción o autobiografía. “No busco destreza ni oficio, sino una voz narrativa. Que se sienta un compromiso, una relación personal con las palabras. Lo que no quiero es verborrea”.

Carla Guelfenbein es hija de talleres: pasó por los de Pía Barros y Gonzalo Contreras, que fueron fundamentales en su formación. “Con el de Pía aprendí a soltar la mano, descubrí que tenía un flujo narrativo que debía sacar del closet. Con Gonzalo, en cambio, aprendí mucho de estructura narrativa, de la construcción de personajes. Les debo mucho a ambos”.

Por eso ahora quiere devolver la mano. En su taller, que combina la búsqueda de una voz con el aprendizaje de técnicas, hay muchachas de 26 años y señores de 60; artistas, ingenieros, siquiatras. No hay plazos, porque “la experiencia de escribir es un continuo: no se aprende en un año ni en dos. Cada persona tiene su tiempo. Yo pasé seis años en talleres antes de publicar”.

“Todos deben leer lo que escriben y enfrentar el juicio de los demás, pero están prohibidas las críticas del tipo me gusta o no me gusta. Lo que buscamos es descifrar aquello que funciona o no en términos del propio texto, no caemos en comentarios externos ni antojadizos”, agrega, apuntando –cómo no– a los críticos profesionales.

 

Para: principiantes, fundamentos esenciales del arte de la ficción.
Lugar: Las Condes.
Costo: 50 mil pesos al mes, cupos limitados. Duración indefinida.
Información: carla.guelfenbein@gmail.com

  

Pablo Simonetti

“Evito cualquier asomo de frivolidad”

Desde 2005, el autor de La razón de los amantes, dirige talleres anuales, que se han ido renovando, pero aunque defiende esta escuela como una tradición generosa y fecunda, no cree que sea indispensable para todos. “Los considero unaherramienta, pero no algo fundamental. Hay escritores que no los han necesitado, escritores de genio natural, que son los menos. Para mi lo más importante es que se trata de un lugar donde compartir tu obra y recibir críticas, sin animosidades personales”.

Igual que Carla Guelfenbein, Simonetti integró el taller de Gonzalo Contreras entre 1996 y 1997. “Fue muy generoso. Allí empecé a escribir mi libro Vidas vulnerables. Fue una experiencia provechosa, me encontré con gente que estaba en la misma, en un estado de ambición literaria latente. Yo no conocía el mundo literario y me di cuenta de que tal cosa no existe. Uno tiene ideas muy erradas sobre lo que es ser escritor”.

Simonetti exige a sus participantes un compromiso y una honestidad absoluta. “Lo único que repudio es la frivolidad en la escritura. Todo lo demás está permitido. Más que lograr un obra perfecta se trata de expresar tu sensibilidad, de encontrarla. Porel mismo motivo, están totalmente fuera los comentarios acerca de los sobrentendidos de la trama o del lenguaje. No importan las cacofonías o las redundancias, sino las leyes internas del relato”, agrega.

Y lo dice pensando en cierta crítica chilena que se dedicó a descubrir los errores gramaticales o los lugares comunes en su última novela. “Eso es secundario. Incluso en un autor premio Nobel, si buscas, vas a encontrar estereotipos, fallas. Es una actitud mezquina”.

Aunque es uno de los autores más populares de hoy –su libro Madre que estás en los cielos lleva 55 mil ejemplares vendidos, mientras La razón de los amantes va por los 30 mil y suma y sigue– para Simonetti el dirigir talleres es una fuente de ingresos importante. “Si ves lo exiguos que son los derechos de autor, apenas un 10% del valor de un libro, entonces esta posibilidad es una forma digna de mantenerse, aparte de que te permite estar al día, saber lo que está pasando. Tú recibes de cierta forma tanto como das”.

 

Para: nivel avanzado.
Lugar: Las Condes.
Costo: 50 mil pesos.
Informaciones: www.pablosimonetti.cl

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Pía Barros:

“En Chile hay talleres de clase mundial”

 

Una de las precursoras del género y una de las más activas, Pía Barros viene dirigiendo talleres desde 1976, tanto en Chile como en el extranjero. Y también ha pasado por varios, por lo que sabe de lo que habla cuando dice que “nosotros tenemos talleres de lujo, la tradición en Chile es impresionante y viene desde la Colonia, desde los tiempos de Isidora Zegers y el pintor Rugendas. Un año en el taller de Poli Délano o en el de Ramón Díaz Eterovic equivale a un doctorado en novela negra”.

Y agrega: “el taller de Gonzalo Contreras es muy bueno para desarrollar atmósferas y textos largos; en cambio el de Jaime Collyer te ayuda a buscar la tensión y el sentido narrativo”.

Barros, que dirige un taller cada día, de las 19:30 a 21 horas, para 10 a 12 personas cada uno, se dedica profesionalmente al tema, pero evita vender una pomada. “Esto no es la receta mágica para escribir. Si alguien piensa que va pasar por un taller y al año va estar publicando, se equivoca, y mejor que busque otra cosa”.

La cualidad esencial que se desarrolla en un taller es, según Barros, la humildad: “el objetivo que me propongo es que los participantes aprendan a recibir críticas, a entender la escritura como un oficio, no como un don de iluminados. Por aquí han pasado talentos maravillosos que nunca publican, que se duermen en los anhelos por convertirse en estrellas”.

 

Para: principiantes, nivel medio y avanzado.
Lugar: La Reina.
Costo: 45 mil pesos.
Informaciones: 2099809

 

 

Gonzalo Contreras

“El taller de José Donoso era muy salvaje”

El de Gonzalo Contreras probablemente sea uno de los talleres de mayor prestigio en el medio y por lo mismo el autor de La ley natural, se permite la soberbia: “de ningún taller han salido tantos escritores como del mío. Carla Guelfenbein, Pablo Simonetti y ahora una chica que va a publicar y que seguro va a dar que hablar, aunque prefiero no dar su nombre”.

Contreras pasó por el mítico taller de José Donoso, pero le quita relevancia el tema. “Es una especie de mito. El taller de José Donoso era muy salvaje. Estaban Carlos Franz, Arturo Fontaine, y las críticas eran durísimas, casi caníbales, porque eran tipos que ya estaban con obra, nada de advenedizos. Pero Pepe lo hizo muy mal, porque partía él despedazando al principio y todos le seguían la corriente. Por eso yo siempre hablo al último en mis talleres, para no influir con mis críticas al resto. Para mí no fue una buena experiencia pasar por el taller de Donoso”.

Contreras hace una selección a partir de textos que le envían los postulantes, y aunque busca a gente que ya tenga cierto oficio, se ha llevado grandes sorpresa. “A veces me llegan textos de chicos que están recién empezando la universidad y son notables”.

Para el autor de El Nadador, el taller es una “incitación a la escritura. Empiezo con la técnica de que escriban en 30 minutos un relato con un pie forzado, para resolver el drama, sacarse de encima el terror a la página en blanco. Ese es el comienzo”.

Para: nivel medio y avanzados, tras una selección.
Lugar: Providencia.
Costo: 45 mil pesos.
Informaciones: 7613561

 

Otras opciones

En la red:
talleres de escritura por Internet, de la famosa escuela española Fuente
Taja. Matrícula de 30 euros. 65 euros al mes. Los materiales teóricos y textos
complementarios se envían a la dirección de correo electrónico del inscrito. El
coordinador comenta los ejercicios de los participantes y la marcha general del
taller. Supervisa dos veces al mes los textos recibidos. Sus comentarios por escrito
los reciben todos los miembros del grupo. Los alumnos tienen derecho a participar
con una narración en la convocatoria del libro de relatos de publicación anual.
Informaciones: www.fuentetajaliteraria.net

Para leer: el libro Para ser novelista, de John Gardner, es un buen punto de partida
para los que quieran ingresar en los misterios del arte narrativo. Gardner es escritor,
uno de los profesores de literatura creativa más distinguidos de Estados Unidos y
fue maestro de Raymond Carver. Ultramar editores, 198 páginas. Se puede encargar
en www.casadelibro.com