Tras la caída del dictador Hosni Mubarak y la instalación de un gobierno militar de transición, se pensó que la situación en Egipto se normalizaría y que se avanzaría hacia la democracia. Sin embargo, las protestas y la violencia han vuelto a tomarse las calles de El Cairo. ¿Qué pasó? ¿Cuál es el futuro político del país africano?

  • 29 noviembre, 2011

Tras la caída del dictador Hosni Mubarak y la instalación de un gobierno militar de transición, se pensó que la situación en Egipto se normalizaría y que se avanzaría hacia la democracia. Sin embargo, las protestas y la violencia han vuelto a tomarse las calles de El Cairo. ¿Qué pasó? ¿Cuál es el futuro político del país africano? Por María José Necochea

Los inicios de la revolución
25 de enero del 2011. Por primera vez los ciudadanos de Egipto deciden salir a las calles a manifestarse para protestar contra el régimen político de su país. Motivados por las exitosas movilizaciones en Túnez, que culminaron con la caída del dictador Ben Alí, egipcios se atreven a ir contra la temida Ley de Emergencia -vigente desde 1967- que entregaba amplias facultades a la policía y que suspendía los derechos constitucionales de las personas, permitiendo a las fuerzas especiales reprimir manifestaciones callejeras y organizaciones políticas, apresando individuos sin argumentos.

El llamado Día de la Ira marcó el inicio de un mes de violentas protestas contra la dictadura de Hosni Mubarak, quien tras casi 30 años en el poder, pretendía traspasar el mandato a su hijo Gamal. Pero lo que realmente molestaba a los egipcios no era la absolutismo del árabe, sino más bien los problemas asociados a su gobierno: el exceso de la fuerza policial, las altas tasas de desempleo, la falta de alimentos y vivienda, la inflación, la nula libertad de expresión, las pobres condiciones de vida y por sobre todo, la altísima corrupción.

Ante la presión de miles de egipcios, quienes protestaban a diario en la plaza de Tahrir, Mubarak decide nombrar un nuevo gobierno, con el cual buscaba recuperar la calma del país. A pesar de los intentos del dictador, los protestantes fueron ganando fuerza, logrando juntar incluso a más de un millón de personas, quienes pedían la dimisión del represor. ¿Por qué Mubarak no logró tranquilizar a los manifestantes? Simplemente porque estos no querían más “designados” dentro del gobierno, sino que buscaban las elecciones democráticas.

Los violentos encuentros entre fuerzas policiales y ciudadanos dejaron decenas de muertos, monumentos destruidos y al país por el suelo, pero según los manifestantes, no fue en vano. El 11 de febrero el vicepresidente, Omar Sulaimán, anunció la dimisión de Hosni Mubarak y el traspaso de su poder al Ejército.

 

Celebraciones limitadas
Con la caída de Mubarak Egipto se transformó en una fiesta. Tras de 18 días de protestas, miles de personas celebraron en la plaza de la Liberación. Se veía venir una nueva era, democrática, con derechos constitucionales y mejor calidad de vida.

En cuanto asumió el Ejército, se anunció que se realizarían elecciones, pero que debían hacerlo ordenadamente y con tiempo. Por lo mismo se estableció un calendario que dividía en tres fases los comicios.

La primera fase, contemplada para el 11 de enero del 2012, consistía en la elección de la Asamblea del pueblo (Cámara Baja del PArlament). Luego, entre el 29 de enero y el 11 de marzo, se realizarían las elecciones del Shura (Cámara Alta del Parlamento). Y por último, a fines del 2012 – comienzos del 2013, se daría paso a las ansiadas elecciones presidenciales.

En un principio los egipcios aceptaron el calendario, pero no quedaron del todo contentos. Lo que realmente querían era la destitución completa del régimen Mubarak, lo que incluía la caída del Gobierno, y una transición expedita hacia un gobierno civil.

Durante nueve meses se mantuvieron algunas manifestaciones, aunque menores. Varios esperaban ansiosos las elecciones para elegir a los gobernantes, hasta que los más revolucionarios vieron que la Junta Militar se estaba instalando en el poder. Y aunque para algunos pudiese ser un comportamiento exagerado, los ciudadanos del país africano tienen razones para pensarlo. Desde la revolución de 1952 que derrocó la monarquía, los cuatro presidentes de Egipto han sido militares.

Vuelven las protestas

Con la plaza de Tahrir como escenario, egipcios se volcaron a las calles para exigir la renuncia de la Junta Militar y una real transición hacia la democracia. Las protestas fueron tomando fuerza y ante el miedo de que se volviera a vivir un Día de la Ira, las fuerzas policiales salieron a combatir a los manifestantes para devolver la tranquilidad a las calles, sin embargo fue peor. Decenas de personas murieron en los enfrentamientos más violentos desde la renuncia de Mubarak.

Ante el inminente levantamiento del pueblo y la descontrolada violencia, el Gobierno decidió renunciar en bloque. En un principio, el Ejército rechazó la dimisión justificando -mediante un comunicado del Consejo de Ministros- que por las dificultades que estaba atravesando el país actualmente, el Gobierno debía a asumir sus funciones hasta que el Consejo de las Fuerzas Armadas tomara una decisión al respecto. Sin embargo, tras las incontrolables protestas, días después no tuvo otra opción que aceptar la renuncia.

Con la caída del régimen transitorio ,la Junta MIlitar egipcia le ofrece al ex primer ministro Kamal al Ganzuri la jefatura del Gobierno, de modo que tome el control del país hasta las próximas elecciones presidenciales. Y aunque el ex titular de la cartera del interior de Mubarak había apoyado a los jóvenes protestantes en sus demandas, los egipcios no quedaron tranquilos con el nombramiento, volviendo a protestar.

Tras la imposibilidad de tranquilizar a los manifestantes, la Junta MIlitar decide modificar el calendario de comicios. En primer lugar adelanta las elecciones de la Asamblea del pueblo y las amplía a dos días -quedando para el 28 y 29 de noviembre-. Mantiene los comicios del Shura y adelanta, inesperadamente, las elecciones presidenciales para junio del 2012

Elecciones democráticas en Egipto

Tras la modificación en las fechas de votación en el país africano, los egipcios, por primera vez en años, pudieron acudir libremente a las urnas a ejercer sus derechos constitucionales.

En los dos primeros días de elecciones -28 y 29 de noviembre- votaron nueve de las 27 provincias de Egipto, lo que determina el 30% de los escaños. Entre éstas se encuentran dos de las ciudades más importantes del país, El Cairo y Alejandría, donde los Hermanos Musulmanes, organización polí­tica islamista más poderosa de Egipto, obtuvieron la mayoría de los votos, con un 40% de apoyo. Hasta ahora, el segundo lugar lo ocupa el movimiento Nour Salafi con menos del 25%, sin embargo, estos últimos son datos que aún no han sido confirmados por la Comisión Electoral.

La primera etapa de la primera fase para elegir la Asamblea del pueblo contemplaba el sufragio de las siguientes ciudades: El Cairo, Alejandría, Assiyut, Damietta, Fayoum, Kafr el-Shekin, Luxor, Puerto Said y Mar Rojo.Para la segunda etapa -14 y 15 de diciembre- y la tercera -3 y 4 enero- votará el resto del país, hasta completarse las 27 provincias.

Hasta ahora las elecciones se han realizado de manera pacífica y transparentes, pero aún falta para que Egipto logre una democracia real, que por ahora quedará condicionada hasta junio del próximo año, cuando los egipcios voten, por primera vez, por un presidente.