¿Cómo distinguir lo bueno de lo malo, cuando ambos provienen de la misma fuente?

  • 2 noviembre, 2007


¿Cómo distinguir lo bueno de lo malo, cuando ambos provienen de la misma fuente?

¿Cómo distinguir lo bueno de lo malo, cuando ambos provienen de la misma fuente? Por Christián Rámirez.

No es por oficiar de aguafiestas, pero habría que irse más lento en esto de la pasión por el cine oriental. Cierto que las películas coreanas, chinas y japonesas representan la mayor dosis de energía y creatividad inyectada al medio en lo que va del siglo, y que, merced a ello, han robado una cuota al espacio que los filmes europeos solían tener en el segmento de cine arte que llegaba a salas. Pero no todo lo que sale de esa cantera es material de primera o siquiera de segunda. Como en todo, hay que saber distinguir lo bueno de lo malo, pero ¿qué ocurre cuando ambos provienen de la misma fuente?

 

Esto a propósito de los estrenos casi consecutivos de El arco y El tiempo, dos producciones del coreano Kim Ki-duk que cuesta entender que estén firmados por la misma mano. La primera –sobre la ambigua relación de un anciano pescador y una menor de edad con la que se casará el día en que ella cumpla 17– es francamente un horror, no por sus implicaciones morales (de las cuales el director no se hace cargo), sino porque en términos de siutiquería y mal entendida morbidez simplemente apesta. El tiempo, en cambio, puede sobregirarse en su excentricidad –es la historia de una neurótica chica que decide cambiar de rostro para volver a conquistar a un despistado novio, sólo para volver a repetir los errores de la primera vez–, pero las pulsiones que la animan se sienten genuinas y urgentes.

 

¿Qué pasó? Nada, salvo comprobar lo impar del nivel de un realizador tan prolífico como Kim, quien tras la buena recepción de Primavera, verano, otoño invierno… y Hierro-3, a lo mejor fue canonizado muy rápido por el circuito de cine arte, privándonos de tener acceso (al menos en pantalla grande) a otros directores mucho más influyentes como Hong Sang-soo, Lee Chang-dong o Bong Joon- ho, cuya sorprendente cinta de terror, The host, ya está anunciada sin que su estreno se avizore en el corto plazo.

 

Por suerte, gran parte de esas filmografías circula en DVD y descargas digitales, de modo que gracias a un constante hábito de prueba y error los interesados podrán evitar comulgar con tanta rueda de carreta; pero, a menos que las distribuidoras mejoren la puntería, los espectadores de las salas seguirán como los grandes damnificados.