Si el escenario económico sigue así de auspicioso y las autoridades políticas de la región avanzan en las reformas estructurales, Latinoamérica podría dejar de ser un pueblo al sur de Estados Unidos. Por Guillermo Turner, desde Madrid y Santander.

  • 14 julio, 2011

Si el escenario económico sigue así de auspicioso y las autoridades políticas de la región avanzan en las reformas estructurales, Latinoamérica podría dejar de ser un pueblo al sur de Estados Unidos. Por Guillermo Turner, desde Madrid y Santander.

 

Si el escenario económico sigue así de auspicioso y las autoridades políticas de la región avanzan en las reformas estructurales, Latinoamérica podría dejar de ser un pueblo al sur de Estados Unidos. Por Guillermo Turner, desde Madrid y Santander.

 

Hace diez años me tocó participar en la primera versión del Encuentro Santander-América Latina, un foro de conversación organizado por el Banco Santander y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en plena costa de Cantabria. Aunque el clima veraniego y el entorno natural de Santander incitaban al optimismo, los vientos de crisis que corrían por Sudamérica (con una Argentina ad portas del mayor default fiscal de la historia) transformaron el evento en un sinfín de explicaciones por parte de unos atribulados representantes de las empresas españolas que habían optado por expandirse al nuevo continente.

Recuerdo a los ejecutivos de empresas energéticas, financieras y del retail intentando defender sus planes de negocios ante los duros cuestionamientos de la prensa ibérica. Eran los tiempos sudacas, en referencia al despectivo término acuñado por la movida madrileña para referirse a la oleada de inmigrantes latinos. Una década después –de hecho, la semana pasada– volví a Santander. Nuevamente, la sede de este encuentro anual fue el palacio de La Magdalena, la residencia de verano del rey Alfonso XIII, a pocos días de iniciadas las vacaciones para una buena parte de los españoles y con unos agradables 27 grados de temperatura. Pero ahora todo fue distinto: las empresas españolas mostraron cómo, en buena medida, sus inversiones transatlánticas les permitieron soportar en mejor forma los impactos de la crisis financiera internacional y, para qué decir, de la compleja situación económica europea.

Los países que hace diez años apenas conseguían lidiar con sus respectivas deudas fiscales, hoy enseñan a sus pares europeos las ventajas de contar con reglas de superávit públicos, fondos soberanos en el extranjero y políticas austeras. Una deuda externa que pasó del 31% del PIB en 2000 a cerca del 18% en 2010 (incluyendo Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay), con un nivel de renta per cápita que escaló de 8.400 dólares a 12.600 en el mismo periodo.

Y el proceso no tiene por qué detenerse. Como dijo Francisco Luzón, el director general de la División América de Banco Santander, siguiendo esta marcha “Latinoamérica será ya en el 2016, con sus 8.850 millones de dólares PPP, un mercado mayor que cualquiera de las diez primeras economías del mundo, salvo China y Estados Unidos”. Precisamente, a este mercado –y en particular, al crecimiento de la clase media en la región, estimada en unas 300 millones de personas en Argentina, Colombia, Chile, Perú, Brasil, México y Uruguay– están apuntando las empresas e inversionistas globales.

Bien lo saben quienes vigilan el ingreso de recursos foráneos y que, con razón, se preocupan por sus efectos macroeconómicos. Por eso expertos como Nicolás Eyzaguirre, el director del FMI para Hemisferio Occidental, advierten que la región debe preocuparse por el riesgo de sobrecalentamiento de sus economías, así como por avanzar en las reformas clave para asegurar la competitividad de largo plazo: infraestructura y educación.

“La hegemonía anglosajona está cambiando”, dijo Eyzaguirre a los asistentes del encuentro en Santander, en desmedro de unas potencias asiáticas que tienen mucho espacio para crecer. Ello supone, como dijo el ex ministro de Hacienda chileno, que el ciclo de altos precios de las materias primas tiene para rato, beneficiando a los países de la “órbita brasilera”, como los definió el economista uruguayo Ernesto Talvi.

¿Cuáles son esos países? Aquellos que han podido desenvolverse en los últimos años en un contexto de altos precios de los commodities y creciente liquidez, a diferencia de los incluidos en la “órbita mexicana”, más afectados por la crisis de EEUU y su repercusión en la demanda.

Las cosas marchan bien, como lo comprobó también Marcelo Soto, editor de Capital a cargo del reportaje sobre la economía latinoamericana que incluye esta edición, en su visita a Colombia. La clave, por lo mismo, radica ahora en el manejo político y en la capacidad de los gobernantes para echar a andar las reformas estructurales, sin dejarse tentar por un gasto incontrolado. “Esperamos que la clase política esté a la altura”, fue el mensaje de Eyzaguirre. El fin de las décadas perdidas puede ser una realidad.


 

"¿Cómo podemos poner a dialogar a distintas generaciones cuya relación con la política, las leyes y el servicio público pudiera ser tan disímil? ¿Cómo explicar la nobleza de la actividad política junto a las impopulares cifras de desconfianza en las instituciones políticas? ¿Cómo valorar la amistad cívica y el ejercicio de los acuerdos en tiempos en que a la consigna se suma el marketing en apenas 140 caracteres de twitter?"

Extracto de la homilía en el Te Deum, pronunciada por Cristián Contreras, obispo auxiliar de Santiago, con ocasión del Bicentenario del Congreso Nacional (03/07/11)