Los fabricantes galos son considerados como los grandes impulsores de la masificación del automóvil. Pero esa prerrogativa no les garantizó el éxito, por lo que debieron reinventarse para seguir siendo competitivos.

  • 9 julio, 2008

Los fabricantes galos son considerados como los grandes impulsores de la masificación del automóvil. Pero esa prerrogativa no les garantizó el éxito, por lo que debieron reinventarse para seguir siendo competitivos. Por Leonardo Pacheco Salazar.

Cuando el automóvil comenzó a despertar interés y las calles se inundaron con esos ruidosos y humeantes carruajes motorizados (en las postrimerías del siglo XIX), las marcas francesas comenzaron a multiplicarse. Nombres como Darracq y Bugatti deleitaron a los adinerados de la época, quienes a paso de tortuga, incluso a veces más lento que en un caballo, viajaban por aquellas polvorientas calles.

Para los fabricantes galos, la era automotriz trajo consigo prosperidad, ganancias a manos llenas y, desde el punto de vista político, reportó a Francia la reputación de país más avanzado que sus vecinos.

Pero con el correr de los años, la escasa renovación de los productos y el surgimiento de nuevos constructores que atacaron desde distintas latitudes del globo, muchas de las gloriosas casas de Francia debieron cerrar por falta de dinero. Quedaron tres: Citroën, Peugeot y Renault, siendo esta última la que más penurias vivió.

Uno de los propios fundadores de la marca del rombo, Louis Renault, fue enjuiciado luego de la II Guerra Mundial; se le acusó de colaborar con los nazis y por ello fue encarcelado. Murió en calidad de prisionero.

Citroën siempre siguió sus instintos, y fue más allá de lo que aconsejaba la prudencia. Se convirtió en un icono de la tecnología e hizo de la hidroneumática su gran aliada; pero claro, ser atrevida le causó problemas en más de una ocasión. Peugeot optó por la mesura y, en lugar de abrir nuevos caminos, prefirió fabricar automóviles de diseño glamoroso (convertibles, entre ellos), pero muy confi ables desde el punto de vista mecánico. Renault, en tanto, tomó la bandera de la funcionalidad, desarrollando una serie de automóviles polivalentes y de tamaño compacto; eso le valió un enorme prestigio.

Estas tres grandes compañías se hicieron de un buen nombre, pero eso no logró garantizarles la fidelidad de los compradores ni siquiera, la de sus propios coterráneos. El juego de la oferta y la demanda no hace excepciones, y si el oferente no es capaz de brindar algo novedoso y a buen precio, el demandante seguramente mirará para el lado.

 

Citroën C5 Citroën C-Cactus

 

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El mercado automotor puso esta encrucijada a las marcas francesas y éstas, luego de dormitar un par de décadas, vieron caer las ventas hasta el punto de que comenzaron a circular los rumores de quiebra e –incluso– de fusión; la crisis de la industria automotriz gala fue reconocida públicamente.

 

 

Tiempo de reinvención

 

Siempre que se habla de crisis, los cabellos comienzan a erizarse. Pero en lugar de temblar como conejos asustados, los máximos responsables de las tres frmas francesas, sobrevivientes de una época dorada, vieron este trance no como un problema sino que como una inmejorable oportunidad para hacer un fuerte giro… En fin, para reinventar sus marcas.

Citroën y Peugeot se aliaron, confi gurando productos que lograron penetrar en segmentos nunca antes explorados; el grupo de los citycars fue uno de ellos. Más tarde PSA, nombre que adoptó la alianza establecida entre la casa del “doble chevron” con la del “felino”, buscó en el fabricante japonés Mitsubishi el asidero para lanzarse a la conquista del mundo de la tracción integral. Para ser más precisos, del grupo de los sport utility; los ejemplares 4007 de Peugeot y C-Crosser de Citroën son los gladiadores de esta contienda.

Por su parte, Renault se alió con Nissan para también sacar partido del competitivo mundo de los SUV. En poco tiempo surgió el Koleos, un producto que, además de lucir bien, ofrece muchas cualidades para enfrentar las rutas off road.

En materia de berlinas, sin duda uno de los segmentos más influyentes de Europa, las tres marcas han jugado sus fichas. Citroën lo hizo con la renovada generación del C5, mientras que Peugeot estrenó la actualización del 407 y Renault golpeó la mesa con su casi cibernético Laguna; este último ejemplar arribó recientemente a nuestro país, equipado con la nueva generación de motores dCi. Pero claro, no podemos dejar de mencionar al Laguna versión Coupé; para muchos, una auténtica obra de arte.

Además de los nuevos productos, bellos por fuera y avanzados por dentro, las marcas francesas han puesto a disposición del mercado una serie de avances que fomentan la protección del planeta. Ya en el pasado, en el Salón de Frankfurt, tanto Citroën como Peugeot y Renault dejaron muy en claro que su color es el verde, y que todos sus esfuerzos tecnológicos irán directamente al desarrollo de ese tan ansiado automóvil ecológico.

Los franceses están de vuelta, con más entusiasmo y creatividad que nunca. Sus diseños vuelven a cautivar y su tecnología, a maravillar; así, de a poco, vuelven a estar en lo alto, en ese escalón del que nunca debieron haber descendido.

 

Peugeot 4007 Peugeot 308 RC Z