Pese al anacronismo de algunos de sus principios, el PC chileno atraviesa por un momento expectatne. De la mano del movimiento estudiantil, el partido de la hoz y el martillo -próximo a cumplir 100 años- busca convertirse en una fuerza política importante en las próximas elecciones municipales. ¿Será capaz de sacar provecho del descontento ciudadano? Por Fernando Vega.

 

  • 6 septiembre, 2011

Pese al anacronismo de algunos de sus principios, el PC chileno atraviesa por un momento expectatne. De la mano del movimiento estudiantil, el partido de la hoz y el martillo -próximo a cumplir 100 años- busca convertirse en una fuerza política importante en las próximas elecciones municipales. ¿Será capaz de sacar provecho del descontento ciudadano? Por Fernando Vega.

Mientras en el mundo occidental los partidos comunistas administran su declive, el PC chileno parece salir de las sombras. De la mano del movimiento estudiantil, la tienda de la hoz y el martillo busca dejar atrás su anacronismo, consciente de que la clase obrera chilena ya no es la de antaño.

Hay un comunismo 2.0. Un partido que, a pesar de seguir organizándose en “células”, emocionándose con las canciones de Quilapayún o defendiendo a Fidel, intenta fusionar su discurso revolucionario con un mundo donde el muro de Berlín ya es historia. Una colectividad que, para recuperar la popularidad perdida, ha comenzado a hacer más flexible su estructura y sumado aspiraciones ambientales, sindicales, políticas y hasta de diversidad sexual, a sus demandas de igualitarismo.

Desde el retorno a la democracia en 1989, el PC ha captado en promedio el 6% de los votos. Sin embargo, algunos analistas pronostican que en las actuales condiciones su votación podría llegar al 10%, si finalmente se aprueba la inscripción automática. La cifra no es menor.

Pero lo que el PC no logró en las urnas durante los últimos 20 años lo ha conseguido en los movimientos sociales. Al menos, en términos de figuración pública. Los comunistas han sobrevivido a través de la presencia de sus dirigentes en las poblaciones, los sindicatos, colegios y universidades. Sin ir más lejos, en el último congreso doctrinario del partido –en diciembre de 2010– se hizo un “firme llamado a toda la militancia comunista a insertarse de lleno en las organizaciones sociales de masas, en todo ámbito y nivel”.

Y en ese trabajo –persistente, hay que decirlo– el PC tuvo un golpe de suerte: apareció Camila Vallejo (23 años).

Genéticamente comunista –y genéticamente bonita– la presidenta de la FECH y rostro emblemático del movimiento estudiantil se ha convertido en una inyección de energía para el PC, que hasta ahora parecía continuar de luto por la muerte de Gladys Marín. Por mucho que haya tenido triunfos electorales (3 diputados y 4 alcaldes), el alma todavía no le volvía al cuerpo. Hasta ahora. Ninguno había soñado siquiera con salir en la portada del semanario alemán Die Zeit –como sí lo hizo Vallejo hace algunos días–, ni había logrado convocar a tantas personas para una causa como lo ha hecho ella de la mano de la Confech.

A pesar de la notoriedad que le ha dado, los miembros del partido aseguran que el PC está lejos de manejar el movimiento estudiantil. El diputado y secretario general comunista, Lautaro Carmona, precisa que entre los estudiantes hay un amplio espectro de miradas políticas y que el PC es sólo una de ellas. De ahí que el intento de La Moneda de tender puentes con este partido para desactivar el conflicto no haya tenido ningún éxito.

“Fue un error del gobierno intentar conversar con la cúpula del PC, porque ellos no tienen la fuerza que tenían en los 80 o 90 sobre sus militantes. Es una vieja táctica, pero que aplicarla hoy es una ingenuidad”, sostiene Cristina Moyano, investigadora de movimientos de izquierda de la Usach.

A entrenar

Al igual que la mayoría de los comunistas chilenos, Camila Vallejo inició su carrera política a los 17 años, cuando entró a militar a “la Jota”, como se les llama las Juventudes Comunistas (JJCC). Con una sólida estructura entre las federaciones de estudiantes, este organismo ha sido clave en esta suerte de primavera del PC. De hecho, tiene cerca de 6 mil miembros, el doble de lo que tenía en 2010. Según el presidente PC, Guillermo Teillier, este aumento tiene que ver con las redes entre estudiantes. Sin embargo, él mismo advierte que la historia demuestra que con el tiempo muchos de estos jóvenes no siguen militando, o bien se cambian a otro partido.

Puertas adentro
Estructura jerarquica: presidente, secretario general, comisión política (16 miembros), comité central (80 miembros), comisiones nacionales, comités regionales, comités comunales, células.
Militantes: 45 mil, 17 mil activos.
Diputados: Hugo Gutiérrez (Iquique), Lautaro Carmona (Copiapó) y Guillermo Teillier (PAC, Lo Espejo y San Miguel) Alcaldes: Isaías Zavala (Diego de Almagro), Rodrigo Sánchez (La Ligua), Salvador Delgadillo (Tiltil) y Claudina Núñez (PAC).
Votacion: 5,03% (concejales 2008)
Figuras emblemáticas: Luis Emilio Recabarren, Pablo Neruda, Luis Corvalán, Volodia Teitelboim y Gladys Marín, entre otros.

Como sea, la Jota tiene una cuota importante de responsabilidad en esta supuesta modernización del PC. Por ejemplo, su página web es bastante más atractiva que la del partido y en ella se encuentran sus ideas sobre medioambiente, autocultivo, diversidad sexual y, obviamente, educación. Allí están los links a todo tipo de redes sociales, invitaciones a encuentros y –durante este mes– publicidad de una fiesta llamada “Pachanga colorá” donde tocará el popular Chico Trujillo. Todo, usando el signo arroba para dirigirse a mujeres y hombres, tipo “estimad@ compañer@” y llamando a sumarse a la “alegre rebeldía de la Jota”. Ellos, según cuentan en el PC, han asesorado a los dirigentes del partido para entrar en el mundo digital e instalado a figuras como el propio Teillier, con una cuenta en Twitter que ya lleva 9.500 seguidores.

Hija de dos antiguos militantes, Reinaldo Vallejo y Mariela Dowling, Camila fue preparada por el PC y antiguos dirigentes de izquierda para ejercer su liderazgo. En su estructura, el partido mantiene grupos de personas encargadas de formar –tanto en la teoría como la práctica– a los nuevos militantes, con el fin de vincularlos a la identidad de la hoz y el martillo.

La formación básica de todo comunista parte con la lectura. Se promueve mucho la auto educación, en línea con la tradición de la “cultura obrera ilustrada” que viene desde los inicios del movimiento emancipador de la clase trabajadora. Esa preparación se refuerza con las tradicionales “escuelas de cuadros”, que son instancias formales de instrucción política que duran entre uno y dos años. Pero la verdadera formación, eso sí, la obtienen en el trabajo concreto al lado de los militantes más viejos.

Con estas figuras, los nuevos comunistas aprenden, por ejemplo, cómo estructurar o convocar a una marcha. Participan juntos en foros y peñas. Ahí también la vieja guardia les enseña que una de las prácticas más comunes en el partido es la de convivir con no comunistas, para así aprender a tolerar y conocer mejor a sus adversarios.

Se reúnen generalmente una vez al mes, hoy sin los riesgos que significaban estos encuentros en los años ’80, cuando la colectividad estaba proscrita y sus adherentes eran perseguidos. Por esos días, se encargaban de aprender tácticas militares para asegurar su supervivencia.

Según los estudiosos del comunismo chileno, a los militantes PC les gusta proyectar la imagen de personas ilustradas, amantes de la discusión y del debate. Y se esfuerzan por serlo y no sólo parecer que lo fueran. Son persistentes, comprometidos, dogmáticos. Entre sus militantes hay cristianos –incluso católicos populares que participan en los bailes religiosos de las iglesias del norte–, así como ateos, agnósticos y veganos.

Los observadores del PC señalan como una de sus características la idea de hacer visible una condición de liderazgo, desde cualquier esfera en la que se encuentren. En las universidades, en los colegios –donde rivalizan con los grupos de izquierda más extrema como “los autonomistas” o “la Surda” o–, en los movimientos sindicales y en las áreas políticas.

Geográficamente, son cuatro los focos donde su presencia es más fuerte: las regiones mineras del norte, la ex zona carbonífera del sur, el sector poniente de Santiago y la V Región. Y en el mapa político ya cuentan con tres figuras instaladas en la Cámara de Diputados y cuatro en diversas alcaldías.

 
La notoriedad de Camila Vallejo dentro del PC es similar a la de sus diputados Guillermo Teillier, Lautaro Carmona y Hugo Gutiérrez

Próximo objetivo: la CUT

En el mundo sindical tiene bastante presencia. Allí uno de sus rostros emblemáticos es Cristián Cuevas (42), presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre y encargado de conflictos de la CUT. Al igual que Camila Vallejo, comenzó a militar siendo adolescente, pero en Lota. Fue vicepresidente de la Federación de Estudiantes del Carbón en la enseñanza media y luego, coordinador de derechos humanos de la zona. Se vinculó al PC en 1999, en la campaña de Gladys Marín.

Según destaca Teillier, el próximo objetivo del partido es aumentar su influencia sindical. Aunque no hay una decisión tomada, en el PC ya se habla de disputar la presidencia de la CUT al socialista Arturo Martínez en las próximas elecciones de 2012. En ese esquema, la figura de Jaime Gajardo, líder del Colegio de Profesores, es la que más fuerza concita, a pesar de los trascendidos que apuntan a que “el profe” –como le llaman algunos– genera resquemores al interior de la colectividad. De hecho, uno de sus compañeros en la comisión política del PC, Daniel Núñez, asegura que esos rumores son parte de una “intencionalidad política” en orden a generar conflictos donde no los hay.

Con todo, los estudiosos del PC enfatizan que no hay que olvidar que una de las gracias de este partido es que ha guardado fidelidad al dicho “la ropa sucia se lava en casa”. Y que, por lo mismo, las innumerables historias de pugnas de poder y traiciones internas al interior del PC se guardan bajo siete llaves.

Las nuevas caras

Aunque claramente la presidenta de la FECh es “la” cara del momento en el partido, los dirigentes coinciden en que hay una nueva camada de jóvenes –y no tanto– por los cuales el PC está apostando. Entre los primeros nombrados aparecen el secretario general de la Jota, Oscar Aroca, el presidente de la Federación de Estudiantes de la Usach, Camilo Ballesteros, y el encargado de educación superior del partido, Juan Urra.

Entre los más adultos, destacan la concejal de Santiago Claudia Pascual y los dirigentes del sector público Carlos Insunza, Angela Riffo, María Eugenia Puelma, Lorena Pizarro, Jeannette Jara y Bárbara Figueroa. También se menciona a Marta Godoy, considerada una de las responsables del éxito en el reclutamiento de jóvenes.

Y entre los “históricos” del partido figuran –además de los diputados Teillier, Carmona y Gutiérrez– la alcaldesa de Pedro Aguirre Cerda, Claudina Núñez; el encargado de organización, Juan Andrés Lagos; los dirigentes Guillermo Salinas y María Eugenia Puelma, y el Core metropolitano Manuel Hernández.

“Tenemos dirigentes en casi todos los ámbitos del mundo social. Algunos, más o menos reconocibles. Hemos estado entrando en nuevas áreas como el retail o la industria salmonera”, señala Hernández.

Las banderas de hoy

Aunque el partido algunos han tomado cierta distancia del marxismoleninismo como doctrina y reconocido el pluralismo político y la democracia participativa, su manera de entender el mundo continúa en la lógica del capitalismo como enemigo y, básicamente, culpable de todos los males. “Está lleno de grandes fracasos”, dice Teillier. Así lo señala también el documento final del último congreso comunista: “la contradicción principal, en esta etapa del desarrollo del capitalismo en Chile, continua siendo entre neoliberalismo y democracia… Es frente al desenfreno del libre mercado y a un afán de lucro que no tiene límites, que los comunistas hacemos un llamado a la más amplia convergencia democrática para acabar con décadas de neoliberalismo, y darle un nuevo rumbo al país”.

Pero la lucha comunista ha asumido banderas que antes no estaban entre sus prioridades, como el medioambiente, la diversidad sexual y el conflicto étnico. “Hoy, el PC tiene un capital acumulado de práctica política, de experiencia histórica que posibilitan estudiar esos temas”, dice Claudia Pascual.

De ahí que se viera tanta bandera comunista en las protestas contra HidroAysén o a favor de la diversidad sexual, algo impensando en la vieja guardia comunista. “Somos un partido que tiene una mentalidad mucho más abierta que hace 30 años”, reconoce Teillier.

Vivir sin el oro de Moscú

La pregunta del millón es cómo se financian los comunistas. Hasta el año 89, la ex Unión Soviética y sus satélites enviaban dinero a los movimientos izquierdistas de América latina, incluidos los chilenos.

Hoy, según sus militantes, existen tres fuentes de recursos: la primera es la devolución de los bienes confiscados por el régimen militar, los cuales sumarían unos 10 millones de dólares entre propiedades y platas que el PC recibió en los 90. Una parte ya se gastó, pero se mantienen varios inmuebles y depósitos a plazo que permiten asegurar el funcionamiento de las oficinas.

La segunda fuente es el aporte de los militantes. Cada uno entrega el 1% de su sueldo como cuota social y, si puede, un poco más. Por ejemplo los tres diputados, emulando lo que los parlamentarios y ministros comunistas hacían hasta 1973, donan el 80% de su ingreso al partido.

Una tercera forma de recaudación son las campañas de finanzas. Durante el año se realizan actividades de recolección de dinero a través de almuerzos, fondas, onces, rifas, que se suman a donaciones provenientes de dirigentes sindicales o sociales. Además se dice que durante los gobiernos de la Concertación el PC recibía dineros de los gastos reservados del ministerio del Interior, lo que actualmente no estaría ocurriendo.

Sin embargo la cuestión financiera no es lo que hoy desvela al PC. En medio de la euforia de los eslóganes estudiantiles, el partido fundado en 1912 busca renovarse y administrar su suerte al alero de los movimientos sociales. Su desafío es convertirse en una fuerza política potente en las próximas elecciones. ¿Hasta dónde pueden llegar?

Después del colapso
“Junto con la UDI, los comunistas probablemente son los únicos que se pueden denominar un partido de verdad. Actúan como partido, de manera obediente y organizada, sin díscolos”, dice Cristián Pérez, historiador del CEP que ha estudiado a la izquierda chilena.

El investigador cree que el PC está sub-representado y por eso no le extraña que hoy coseche presencia en los movimientos sociales. “Uno podría intuir que en las actuales condiciones podrían tener un 10% de apoyo. Y si tuviesen plata para hacer campañas más fuertes, seguramente tendrían más parlamentarios y alcaldes”, señala. “El PC siempre ha tenido una cierta influencia en sectores de la sociedad, en las poblaciones, entre los mineros y pescadores. No es menor que se trata de un partido de 100 años, que ha estado proscrito varias veces y ha sobrevivido”.

En efecto, el PC ha debido ingresar a la clandestinidad al menos en tres ocasiones: en los gobiernos de Ibáñez, González Videla y Pinochet. “Pero nunca dejaron de existir, incluso después del golpe, cuando perdieron dos o tres direcciones enteras. En todos los pueblos hay células comunistas, y culturalmente son muy fuertes. Pertenecer al partido es una tradición familiar que generalmente pasa de padres a hijos, de abuelos a nietos”.

Aparte de las fortalezas de su organización, el historiador considera que los comunistas hoy están captando simpatía entre los estudiantes y trabajadores porque han sido consecuentes –y obstinadosen su crítica al modelo neoliberal. “Siempre han dicho lo mismo: que el sistema no es legítimo y en algún momento debía fracasar, porque no representa a la mayoría. Esa es su visión. Y ahora que surge este cuestionamiento al modelo, ellos no quedan mal parados”.

Agrega que el partido ha sido pragmático, más allá de su adhesión al marxismo leninismo. “El PC tiene una vocación de aceptar las reglas del juego y formar parte del sistema. Por ejemplo, cuando fueron proscritos en 1947 el secretario general de entonces intentó crear una línea radicalizada y fue expulsado. De hecho, cuando vuelven a la legalidad, diez años después, insisten en la vía electoral”.

Si la crítica hacia el modelo de sociedad abierta ha sido dura y consistente, no hay tanta claridad sobre qué sistema proponen. “Ya no piensan en una revolución social y están por una lucha democrática de masas, que permita cambiar la Constitución y el modelo económico. Pero no tienen una opción clara sobre lo que pretenden a cambio del sistema actual. En rigor, el PC no ha superado el colapso de los socialismos reales. Propone, en líneas gruesas, una sociedad distinta, con un papel preponderante del Estado; nacionalizar las riquezas naturales y dar cabida a una asamblea constituyente”.

Pese a que los lineamientos de Lenin están bastante cuestionados, siguen siendo un partido monolítico, en que no se aceptan disidentes: “por ejemplo, en los 80, el PC dio un giro y adoptó la política de rebelión popular de masas, incluyendo la vía armada. Eso fue un acuerdo de la dirección en Chile, aunque algunos dirigentes en el exilio no estaban de acuerdo. Gladys Marín, que era la encargada de la dirección interior, fue la que tomó la decisión. Orlando Millas, por ejemplo, estaba en contra”.

Otro giro ocurrió luego del descubrimiento del arsenal de armas en Carrizal y el atentado a Pinochet, dos fracasos que determinaron un cambio frente a la política militar. “La decisión no es aceptada por algunos de los jefes del FPMR que se van del partido”, dice Pérez. Y explica que la decisión de abandonar la lucha armada se debió a puro pragmatismo: luego del atentado, el PC quedó aislado y, para evitar ese aislamiento, decide dejar de alentar las acciones militares, las cuales eran un componente de la estrategia de lucha de masas.

Las grandes crisis de la agrupación son más antiguas: en los años 20-30 el entonces Partido Socialista Obrero se transforma en el Partido Comunista y se convierte al bolchevismo, para así poder ingresar a la Internacional Comunista. “Ahí pierde parte importante de la tradición representada por gente como Luis Emilio Recabarren. Empieza a adoptar una estrategia determinada desde la Unión Soviética, acepta posiciones dogmáticas, alejándose de sectores que antes los apoyaban y dando cabida con ello a la irrupción del PC. La influencia foránea se aprecia sobre todo cuando el PC expulsa a los militantes que se declaran partidarios de la opción china y, más adelante, cuando evita cualquier acercamiento al eurocomunismo. Gente como Ernesto Ottone –ex asesor de Ricardo Lagos- abandona el partido. Lo misma pasa con la caída del muro de Berlín: dirigentes como Luis Guastavino se van porque creen que el partido debe reinventarse ante la derrota histórica de los socialismo reales”.

Pérez piensa que el PC está aprovechando el momento de crítica hacia el modelo. Y que su consecuencia en esa línea le está trayendo beneficios, aunque no lidera el movimiento estudiantil. “El PC nunca se aburguesó. Sus parlamentarios entregan la dieta al partido y se han mantenido viviendo en sus barrios, sin cambiar a sus hijos de colegio, sin cambiar de comuna, como pasó con el PS”.

Municipal a dos bandos
“Una de sus grandes virtudes es que hace las cosas con mucha naturalidad”, dice un viejo comunista, orgulloso de Camila Vallejo. El partido ya tomó la decisión de proyectarla como figura política y está casi decidido que será rostro de las elecciones municipales del próximo año. Ella misma ha reconocido su interés y disposición a participar en alguna competencia electoral.

Su estrategia para las municipales consiste en una doble alianza: con los partidos y agrupaciones de izquierda para la elección de concejales; y con la Concertación para la de alcaldes. Lautaro Carmona conduce las negociaciones y explica que está conversado con “todas las fuerzas” como el Juntos Podemos de Jorge Arrate, el MAS del senador Alejandro Navarro, los ecologistas, el movimiento del diputado ex PS Sergio Aguiló y hasta el PRO de Marco Enríquez Ominami, entre otros.

Con la Concertación, el PC pretende cerrar un acuerdo que considere como mínimo que se mantengan sus candidatos en las 7 comunas donde el partido por sí solo o aliado al “Junto Podemos” ya posee un alcalde, a cambio de apoyar con sus votos a los candidatos de los otros partidos.