La trama

Apenas cinco meses tiene el ejercicio del nuevo gobierno y lo que queda de oposición de trinchera se parapeta en una especie de guerrilla lingüística de bloqueo, jugando a la peligrosa práctica actual de la posverdad del escándalo. Es la banalidad farandulera del dicho cotidiano, versus el debate inteligente de las ideas que nadie quiere enfrentar. Incendia las redes sociales la “noticia” de que un ministro dijo bingo y ese es el único debate posible. Aparecen de la nada los hermenéuticos de la mala política que hacen interpretaciones acerca de los modelos psíquicos, cognitivos y ontológicos que están detrás del dicho, quizás incluso con revelaciones de lo inconsciente más profundo del emisor. En ese proceso, emergen los totalitarios de siempre con una terrible tendencia a legislar para definir las verdades oficiales, de las que nadie podría discrepar, aunque en conciencia piense lo contrario y se exprese con respeto. 

A nadie le interesa saber qué piensa realmente el emisor del dicho, mucho menos revisar las propuestas técnicas de las políticas públicas que le competen. La pelea es de guerrillas.

La Concertación, que hizo cuatro gobiernos, ya murió y también se desvanece la Nueva Mayoría, que hizo apenas uno corto. Lo curioso es que fue exactamente la misma persona quien las hizo morir. Para los políticos profesionales de la izquierda, el Estado parece ser visto literalmente como un botín. Cuatro años fuera del poder se pueden resistir, ocho es un descalabro para sus vidas. Por eso el bloqueo y la necesidad de negar la sal y el agua al gobierno actual, aunque se hunda el país entero. Es cosa de recordar los dichos del dirigente sindical de Minera Escondida, ¿o no? 

Hace muy poco la señora Bachelet se atrevió a sostener, sin asomo alguno de vergüenza, que la economía estaba debilucha. Lo paradojal, además de quien lo dice, es que esa misma semana, el FMI situó a Chile como la economía que, para el 2018, podría tener el mayor crecimiento de la región. La oposición de la posverdad mentirosa solo daña, no construye. Sus seguidores del dogma reproducen como papagayos la frase sobre la economía, y se repite como la verdad revelada. Los comentarios que hacen sobre el empleo son para llorar a gritos, precisamente cuando la economía genera 180.000 empleos/año por el momento. Por otro lado, Giorgio Jackson, siendo diputado de la República, no sabe la diferencia entre salario e ingreso, ni entre distribución y redistribución del ingreso, pero opina igual dando cátedra de lo que se debe hacer.

El drama

El drama de fondo es que los líderes sí importan y son estos, al final, quienes están logrando que el país se polarice más y más, subiendo así el tono de la diatriba y aumentando los insultos y descalificaciones personales. En estos entornos, quienes podrían ser buenos políticos ya no están dispuestos a entrar a un ruedo que se mueve fundamentalmente por bajezas, y como dijo un actual senador, la política es sin llorar. Entonces, es mejor no ir a perder el tiempo. La calidad media del político ha disminuido ostensiblemente. Y la mediocridad que se va sumando a la institución del Parlamento lo empieza a degradar desde adentro. 

El Parlamento chileno se transformó ya casi en un reality. Hasta gala de disfraces ocurren en el lugar. Los jóvenes impetuosos, y otros no tan jóvenes, confunden ideas con opiniones y creen que las soluciones son muy fáciles, insinuando que todos los políticos anteriores eran malos y tramposos. Pero cuando esos nuevos partidos tienen problemas, los tapan y se comportan exactamente igual que los políticos de siempre. Las minorías rabiosas se toman colegios, calles e instituciones y el país se va emporcando de rabia. La rabia es la antítesis del diálogo y el preámbulo de la violencia.

Entonces, seguimos incubando la gran pelea.  

Chile se está transformando nuevamente, y con el mismo diseño de antes, en un país de dos bandos, que es el sueño permanente de la izquierda porque se asemeja un poco a su teoría, a pesar de que nunca ha funcionado. Es el escenario del enfrentamiento entre dogmas, no entre ideas, la antítesis de la democracia que dicen respetar. En la actualidad, más o menos la mitad de la población estima que la Constitución es ilegítima, y es evidente que por ese solo expediente, más tarde o más temprano se deberá cambiar. Por supuesto, la izquierda no está pensando en una Constitución para todo el país, sino en otra que el 50% restante va a encontrar ilegítima. Lo mismo ocurre con el famoso museo de la poca memoria, en que al menos a un 50% del país nos gustaría que considerara otras cosas de la historia que son parte de tan grande dolor. Ahí, sin embargo, el argumento de la ilegitimidad no aplica y si alguien se atreve a dar esa opinión se lo trata de censurar, funar, desprestigiar u otras. Incluso ahora quieren pasar una ley con definiciones de verdades oficiales.

La polarización es parte de la doctrina esencial de la izquierda dura, que todavía cree más en la lucha de clases que en la colaboración, que es la izquierda más renovada. El llamado del gobierno para encontrar algunos consensos básicos de Estado, es de hecho rechazado por la estrategia de bloqueo, de negar la sal y el agua. Por lo tanto, lo que yo veo es un proceso de polarización cada vez más agudo, o movido por la izquierda en la forma de bloqueo legislativo, acusaciones de cualquier tipo, tomas de instituciones y de las calles. Quieren evitar por todos los medios que este gobierno sea exitoso.

Las opciones

La izquierda dura aún no logra entender a cabalidad que perdieron la elección por paliza, y así, poco a poco ha tratado de ir imponiendo su lógica del enfrentamiento. Algunas redes sociales muestran las sombras personales y culturales de nuestra población, transformando esos medios en cloacas abiertas. Además de la eventual catarsis, yo creo que nada bueno puede salir de tal odiosidad. La izquierda dura tratará por todos los medios de atacar la economía, que es la espina dorsal de este gobierno. Afectar la economía es el único camino para tener una opción en las próximas elecciones y lo harán con la posverdad, tratando de afectar las expectativas. El Parlamento irá de mal en peor, ya que no puede ir más alto que los parlamentarios que dispone, y esa calidad ha bajado sostenidamente en los últimos tiempos, especialmente a partir del cambio del binominal, tan mal pensado como las otras reformas.

Epílogo

La justicia de América Latina persigue hoy a la mayoría de los líderes de izquierda que gobernaron en las últimas décadas en la región, también a un par de derecha. En Cuba han decidido erradicar la palabra comunismo y se empiezan a abrir a la libertad de la propiedad privada, su más agrio enemigo. En Chile hay aún mucha tela que cortar entre quienes quedaron fuera de las investigaciones del financiamiento inadecuado de la política, partiendo por Bachelet. La oposición está muy mal parada y hacen guerrilla comunicacional cuando pueden.

Es tanto lo que la oposición hostiga al gobierno, que es muy probable que en algún momento este se vea obligado a desclasificar aún más escándalos del gobierno anterior, que no lo ha querido hacer por un respeto republicano mal entendido. 

No hemos aprendido mucho de la historia. La herida del pasado sigue sangrando sobre la sociedad, y quienes traten de solucionar el tema imponiendo una verdad oficial, siguen con la idea de la lucha de clases y la derrota final de un grupo sobre el otro. Es tiempo de apoyar la iniciativa de acuerdos republicanos de Estado, si queremos avanzar.