El próximo gobierno requiere de la misma savia nueva, no de los sospechosos de siempre.

  • 16 abril, 2009


El próximo gobierno requiere de la misma savia nueva, no de los sospechosos de siempre.

 

El próximo gobierno requiere de la misma savia nueva, no de los sospechosos de siempre. Por Cristóbal Bellolio.

Los candidatos presidenciales debieran tomar nota de ciertas particularidades del denominado “estilo Bielsa”. Guardando las proporciones entre la planificación deportiva y la actividad política, hay una serie de claves coherentes que parecen perfectamente extrapolables de uno al otro campo.

En primer lugar, Marcelo Bielsa confía en una nueva generación de jugadores, desprovistos de los clásicos vicios de sus antecesores. En Chile, hace rato que la ciudadanía demanda una renovación de la dirigencia política para dejar atrás las inmovilizantes divisiones del pasado. Cuando en las primeras nóminas de la selección abundaban los nombres de recién aparecidos, parte de la prensa reclamó que se trataba de jovencitos sin experiencia en la alta competencia. Hoy son indiscutibles. No les pesó la camiseta, se hicieron grandes en la cancha y demostraron una personalidad hasta entonces desconocida en el futbolista chileno. El próximo gobierno requiere de la misma savia nueva, no de los sospechosos de siempre.

Además, el sentido de propósito del DT nacional es tan claro, que transmite a sus jugadores una convicción que invita a desafiar la historia. Como pocas veces, nuestra selección se para en cualquier estadio del mundo buscando torcerle la mano al destino. No siempre se puede, pero lo intenta. El nuevo contingente que dirija los rumbos del país en los próximos años debe estar motivado por una convicción similar; aquella que, revestida de épica, busca la trascendencia. En el caso del fútbol puede ser la clasificación al mundial; en la política chilena debe ser alcanzar el desarrollo en una estrategia verdaderamente inclusiva. Tal como lo hace Bielsa con sus muchachos, el próximo presidente tiene que invitar a los jóvenes a escribir un nuevo capítulo, radical y transformador, en la historia de Chile.

En tercer lugar, al argentino le gusta jugar a ganador. Pone todas sus fichas al ataque, lo que a veces significa descuidar la retaguardia. Pero nadie como él cree que la mejor defensa es una ofensiva poderosa. En efecto, hemos visto ambas caras de la medalla. Fuimos vapuleados por Paraguay y Brasil en casa, pero hicimos lo propio con Colombia, Argentina y Perú. Sumando y restando, la estrategia ha dado resultados. Tenemos más puntos que en cualquier otro proceso clasificatorio a estas alturas. En el panorama político, en cambio, la crisis económica parece aconsejar todo menos osadía, en el entendido de que es preferible acentuar las seguridades. Pero sabemos que sin crecimiento alto y sostenido, es mucho menos lo que podemos hacer por los más desfavorecidos. La recomendación de Bielsa es evitar el arratonamiento y buscar siempre el arco contrario. ¿Podríamos hacerlo?

Finalmente, llama la atención la analogía entre el puesto del entrenador y la posición del primer mandatario. Bielsa sabe que lo suyo es convocar las piezas necesarias, dibujar el esquema táctico, acentuar los aspectos relevantes e inspirar a sus figuras. Sabe que él no puede atajar los penales ni hacer los goles por los jugadores, que son en definitiva los que ganan o pierden partidos. Nuestro próximo presidente debe asumir una lógica similar: convocar, dibujar, acentuar e inspirar, pero no puede hacer el trabajo del resto del equipo. El verdadero ejercicio de liderazgo consiste en movilizar personas para que sean capaces de adaptarse dinámicamente a los nuevos retos, no en encarnar una autoridad que soluciona verticalmente los problemas. Lo mismo necesitamos de nuestros dirigentes en las puertas del bicentenario. ¡A mirar fútbol se ha dicho!

Académico Escuela de Gobierno U. Adolfo Ibáñez. Integrante de Independientes en Red.