Cousiño Macul lanzó un renovado Finis Terrae 2005, elección imperdible cuando quieran gastar 10 mil pesos por una botella.

  • 2 abril, 2008


Cousiño Macul lanzó un renovado Finis Terrae 2005, elección imperdible cuando quieran gastar 10 mil pesos por una botella.

Cousiño Macul lanzó un renovado Finis Terrae 2005, elección imperdible cuando quieran gastar 10 mil pesos por una botella. Por Marcelo Soto

La salida de Matías Rivera como enólogo de Cousiño Macul para irse a Santa Helena fue uno de los traspasos más comentados de la escena vitivinícola. Hubo molestia de partede sus antiguos empleadores, fuera de cierta inquietud en el medio frente al futuro de la tradicional viña, cuyo excelente momento Rivera ayudó a construir. Pero en el vino los nombres no importan tanto. Se van los enólogos pero quedan la tierra, la fruta y la mejor evidencia es el recién lanzado Finis Terrae 2005, que muestra una imagen y un estilo renovados.

Mezcla de cabernet sauvignon (60%) y merlot (40%) de los mejores cuarteles de Macul –donde están las parras más viejas– y Buin, este Finis se parece al ícono de Cousiño, Lota, de quien es una especie de hermano menor, el segundo vino de la casa, a un precio absolutamente conveniente.

Pascal Marty, que luego de la partida de Rivera es el director técnico y hace dupla con la joven enóloga Rosario Palma, me dice que este tinto es un cruce entre el viejo y el nuevo mundo. “Las parras de Macul aportan elegancia, complejidad, mientras que las de Buin le dan frescura y esa fruta rica y jugosa que dan ganas de mascar”.

En el vino, por supuesto, trabajó Rivera como enólogo, pero –ya asimilada la noticia– en el equipo desdramatizan su alejamiento. Y Marty, que hoy también hace muy buenos vinos en Estados Unidos, desliza que tratará de innovar, embotellando otras variedades para ampliar el catálogo de la empresa, fundada en 1856 por la familia Cousiño, que todavía controla el 100 % de la propiedad.

El vino tiene un clásico color rojo púrpura y destaca por su carácter amable, gratísimo. Los aromas a fruta se unen admirablemente a la barrica, con sutiles y encantadores tonos de cereza y mora, combinados con especias, anís y salvia. En boca es de un frescor y sedosidad que alegran la vida. De gran equilibro, cada cosa está en su sitio y nada sobra. La elección definitiva cuando queramos gastar 10 mil pesos por una botella. Perfecto para platos de otoño, enjundiosos, pero no agotadores, la clase de guisos confortables, caseros, que uno añora, como osobuco con risotto a la milanesa o conejo estofado.

El otro día descorché con unos amigos un Antiguas Reservas de Cousiño Macul Cabernet Sauvignon 1986 y la verdad es que aluciné con el vino, quizá ya no estaba en plena forma, pero tenía una virtud, una manera de pararse en la mesa, que me conmovió. Las personas pasan, el vino queda.