Hace seis meses Susana Tonda asumió como directora del Sename. Hoy está a la cabeza de una de las prioridades de la administración de Sebastián Piñera: la transformación del servicio, la creación de nuevas residencias y la división entre los menores que delinquen de los que requieren protección. ¿Por qué no se hicieron los cambios antes? La ingeniera comercial responde: “Porque los niños no marchan, lamentablemente”.

  • 15 agosto, 2018

Fotos por: Verónica Ortíz

El viernes 9 de marzo, María Susana Tonda Mitri (63) caminaba por el estacionamiento de la entrada de su casa, en un condominio en La Reina Alto, cuando le sonó el teléfono. La llamaba un viejo conocido, su primer jefe.

-Aló, Susana, te habla Sebastián Piñera…

“Fue totalmente sorpresivo. Nadie me tanteó antes”, cuenta la actual directora nacional del Servicio Nacional de Menores (Sename) desde el living de su hogar. Son las 2 de la tarde de un viernes de agosto. Viste una polera blanca con rayas azules, blue jeans y el pelo lo amarra con un colet. Su cara totalmente lavada cambiará dentro de un rato cuando, para las fotos, en tres minutos se maquille, se cambie de ropa y se suelte el moño. “No hay tiempo que perder”, aclara.

La ingeniera comercial, ex gerenta general de Bancard, ex vicepresidenta de Organización y Procesos de LAN y ex directora ejecutiva del Hogar de Cristo, cuenta que durante la conversación con el entonces mandatario electo –quien en dos días más asumía como presidente de la República–, le dijo que la necesitaba para una tarea de suma importancia: encabezar el Sename, entidad golpeada tras los dramáticos episodios descubiertos el año 2016, luego de la muerte de la menor Lissette Villa.

“Yo creo que no tengo las competencias políticas para este cargo”, le contestó. “Él me respondió que sí las tenía y me empezó a describir esas competencias”, cuenta.

-Y me dice que me conoce, que yo tengo las características a, b, c, d… Yo lo escucho y le señalo: “Presidente, usted me está describiendo las características de gestión que tengo. “Sí”, me afirma él. “Eso es lo que yo necesito. Una persona que sea buen líder para un servicio que necesita una dirección importante y fuerte, y que además conozca el mundo social”. Le expliqué que tenía que pensarlo.

Antes de cortar, Piñera le señaló que el país la necesitaba. Y que tenía dos horas para contestarle.

En esos 120 minutos, Tonda conversó con su marido, el traumatólogo Fernando Novoa, y con sus cuatro hijos (el primer nombre de todos parte con “F”). Pasado el tiempo, lo llamó. “Pensé que si el presidente y Dios querían que yo estuviera en ese puesto, tenía que tomarlo. Así es que acepté”, explica.

Esa noche se dieron cuenta de que, por ser argentina y no tener nacionalidad chilena, no podría asumir hasta solucionarlo. Un mes después, lo logró.

Los niños no marchan

Susana Tonda vivió hasta los cuatro años en la ciudad Rafaela, en la provincia de Santa Fe, Argentina. En 1958, junto a sus padres y sus hermanos se instalaron en Antofagasta, donde, según cuenta, nació su vínculo con el mundo jesuita, que se mantiene fuerte hasta hoy. “Yo estudiaba en el Santa María y mis hermanos en el San Luis, que es ignaciano. Y vivíamos a una cuadra de un sacerdote del colegio, del que nos hicimos muy cercanos”, relata.

A los 18 años se casó y se matriculó en Pedagogía en Matemáticas en la Universidad de Chile. Por problemas familiares, a mediados de los ´70, cuando estaba en segundo año, debió poner pausa a sus estudios. Por el trabajo de su marido, volvió a vivir al norte, esta vez a Iquique. Retomó su carrera seis años después, en Santiago, cuando, con dos hijos ya nacidos, ingresó a Ingeniería Comercial en la Universidad Católica, donde tuvo su primer contacto con Sebastián Piñera: era su profesor.

Son las 2 de la tarde y a la cubierta de vidrio de la mesa de su comedor no se le ve ni un centímetro. Está tapizada de papeles que revisa agitadamente. Habla rápido, sus frases son cortas. Explica que no tiene tiempo para nada y que estos últimos días el trabajo ha sido aún más intenso: el 7 de junio, el Ministerio de Justicia, encabezado por Hernán Larraín, recibió el informe final del Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas con el diagnóstico al Sename realizado por dos expertos, luego de su visita a una serie de centros, en enero de este año. El 31 de julio se hizo público el documento, cuyas conclusiones hablan de “graves vulneraciones” a los derechos de los niños, que incluyen abusos sexuales y torturas, y que se producen hace más de 40 años en los establecimientos.

Dos días después, el presidente citó a Tonda junto a nueve ministros a La Moneda para crear un acuerdo interministerial entre las carteras de Desarrollo Social, Educación, Salud, Justicia, Interior, Cultura, Deporte, Vivienda y Bienes Nacionales, para trabajar en forma conjunta con el organismo bajo un nuevo modelo de protección. Tres días más tarde, Piñera dio a conocer el proyecto del nuevo Sename y el cierre de los Centros de Reparación Especializada de Administración Directa (CREAD).

-Se han hecho muchas cosas en poco tiempo. ¿Lo hizo bien la directora pasada?

-¿Te refieres a Solange (Huerta)?

-Sí…

-No me corresponde evaluar a Solange. Ella avanzó lo que pudo, yo creo que sí hizo un progreso en lo que son los sistemas de información. Se trabajó bastante en un sistema que se llama Senainfo. Si me preguntas, ¿está perfecto? No. Pero se avanzó. Yo creo que las responsabilidades son compartidas y no son solo de los directores del servicio. Son de mucha más gente. Algo se hizo en el gobierno anterior. Pero esta es la primera administración que instala este tema como tarea 1 dentro de las prioridades gubernamentales.

-¿Por qué no se hizo antes?

-Porque los niños no marchan, lamentablemente.

-¿El documento aceleró este proceso? van varios anuncios en pocos días…

-No lo aceleró… desde que asumimos la administración, hemos estado trabajando a toda máquina para implementar estos proyectos.

-“No nos sorprende, pero nos duele”, la escuché decir sobre el informe de las NU.

-Es así, el informe no nos sorprende, pero no por eso no nos duele. Es una tragedia lo que plantea, y coincide con lo que otros informes dicen. Por tanto, ahora pasamos de la etapa del diagnóstico a la acción. Por ello, el presidente creó el acuerdo interministerial. En La Moneda nos dijo que le hemos encargado al Sename más cosas de las que está capacitado para revisar. “Y hay mucho que es responsabilidad de los ministerios que están aquí presentes”, nos señaló. Y lo otro que anunció es el cambio de Sename, o mejor dicho, el nuevo servicio…, porque ya estamos empezando a hablar del nuevo servicio de protección. El presidente dijo que con el cierre de Playa Ancha, iniciamos la reestructuración del sistema residencial: es el fin de los CREAD. Va a haber un nuevo modelo de hogares, que serán residencias familiares, totalmente distintas a las actuales. Estamos rediseñando también los programas ambulatorios para privilegiar y fortalecer el trabajo con las familias de los niños, para que la mayor cantidad permanezca con sus familias de origen. Ese es el objetivo.

-En el caso de que haya problemas con las familias, los niños entran a estas nuevas residencias…

-No. Si nos va mal con los padres, la idea es que los reciban las familias de acogida: los tíos, abuelos. Ese sistema tenemos que también fortalecerlo. Al igual que la familia externa, como tú, como yo, que transitoriamente podemos estar con niños que no pueden estar con sus padres. Y si finalmente se requiere una residencia, tiene que ser familiar. El ejemplo es la casa de Cerro Alegre, que es una construcción de 400 m2, no es un edificio masivo, ni una cárcel infantil, como yo les digo hoy día a algunos de nuestros CREAD. Es una casa grande, con ambiente seguro, con trabajo terapéutico con los niños, que se pueden mover libremente como nosotros cuando éramos niños que estudiábamos, que podíamos ver televisión, que podíamos entrar libremente a la cocina…

Cierre de Playa Ancha:

“Fue cero doloroso”

-Dice que ya no habla de Sename. ¿Qué le pasa con la palabra?

-Me produce una pena tremenda. Sename hoy es el símbolo de que durante varias décadas lo hicimos mal como país y como Estado. Ahora estamos pensando en dos servicios nuevos y modernos; uno de reinserción juvenil, que toma todo lo relacionado con justicia, y otro de protección de la niñez.

-¿Cómo será la transición?

-Ya estamos trabajando. Desde que asumimos nos sentamos a conversar con Unicef, y ellos licitaron un gran proyecto de evaluación de todos los programas ambulatorios. Se le adjudicó a la UC, y ya empezamos el trabajo para evaluar el 90% de la demanda ambulatoria. La primera entrega de resultados es en septiembre y la final, en diciembre. Eso va a permitir rediseñar todos los programas ambulatorios, tanto los de diagnóstico, como de intervención.

-¿Fue doloroso cerrar Playa Ancha?

-Cero doloroso. Primero, pienso en los niños. Entonces, para nadie de fuera ni dentro del servicio puede ser doloroso cerrar Playa Ancha. Es una cárcel infantil y juvenil. Es realmente terrible. De hecho, fue una prisión en el pasado. Muros altas, rejas… Con los cambios va a haber dolores, porque todos los cambios producen dolores. Pero cuando pienso en el cierre y en los niños, yo creo que nos debiera producir alegría a todos.

-Hay incertidumbre entre los trabajadores. Alicia del Basto, presidenta de la Asociación de Funcionarios del Sename, dice que esto significa reducción de personal y que no se ha reunido con ellos.

-Nos estamos reuniendo con ellos. Estuve con ella el otro día… ayer (jueves 9 de agosto), de hecho. Los fui a ver a Las Cruces. Los trabajadores saben que se requieren cambios en el sistema. Y que vienen reestructuraciones. Por supuesto que estas cosas producen incertidumbre e inquietudes. Vamos a ir viendo en el camino, porque todo cambio tiene costos. Voy a tratar que sean los menos posible, pero no van a ser cero.

-¿Qué costos en concreto?

-Va a haber personas que no van a querer permanecer porque no les va a gustar todo lo nuevo, y a lo mejor hay algunas que no cumplen con los perfiles, y tendremos que conversar con ellas y ver qué hacer.

-Son cuatro mil funcionarios…

-Sí, de los dos servicios juntos. En los CREAD son, aproximadamente, mil funcionarios.

-¿Cuál es la inversión de esto? Usted ha trabajado con números y cifras en su vida…

-La ley de presupuesto va a ser pública en pocos meses más. Estimamos una cifra, pero estamos en negociación. No la puedo mencionar a la prensa.

-Alicia del Basto se preguntaba: ¿tendrán los recursos para esto?

-Durante la reunión con los nueve ministros, el presidente dijo expresamente, mirándome a mí, que los recursos iban a estar.

-¿Por qué llegamos a esta dramática situación?

-Por una suma de cosas. Falta de recursos, de coordinación intersectorial, los modelos no fueron los adecuados y nos demoramos en cambiarlos. Los gobiernos del pasado no tomaron en serio el tema y no les dieron la prioridad que debían a los niños. El sistema está en crisis porque en Chile no existen leyes de prevención de vulneración de derechos, es parte de lo que ahora, con el acuerdo nacional de la infancia, se busca corregir. Que existan los mecanismos, las alertas tempranas para tratar a los niños y que frente a las primeras alertas, estemos atentos. Todos sabemos que si un niño deja de ir al colegio, algo grave pasa. Y eso hay que atenderlo inmediatamente: ver qué pasa, qué ocurre con su familia y cómo lo apoyamos. Sabemos que cuando un niño tiene un primer consumo de droga, hay que estar ahí. No podemos llegar tarde. Y si vamos a llegar tarde en prevención, vamos a tener problemas en protección. Eso es parte del sistema.

Costos y dolores

-¿Cómo evalúa la investigación del fiscal Marcos Emilfork, quien indaga las muertes del Sename?

-Yo creo que el fiscal está cumpliendo una labor importantísima. Está haciendo una investigación que aborda las muertes hasta el año 2016, y es importante saber qué pasa y cuándo hay responsabilidades penales. Nos hemos contactado y estamos brindando todo el apoyo que requiere para que las investigaciones avancen rápido. También prestamos colaboración en la pesquisa sobre un programa que existió en el Ministerio de Justicia, Ascar, que hizo evaluación de residencias y sobre el cual hay una auditoría de Contraloría que lo cuestiona.

-Llamaron a declarar a Javiera Blanco y a José Antonio Gómez…

-Hay temas ahí…el Ministerio Público cumple un rol fundamental y vamos a apoyar todo lo necesario para que eso siga adelante.

-en La Tercera, el fiscal dijo que le sorprendía que las autoridades del Sename no supieran de los fallecimientos que ocurrían en la institución que dirigían. Plantea que esas situaciones tienden a normalizarse…

-A las personas que estamos en el Sename, nos duele mucho que una persona fallezca, sobre todo si es un niño, y más aún si pertenece a la red Sename. Cualquier muerte de un niño le duele al país entero. Cuando se plantea que algunas cosas se normalizan, se refiere a aquellos casos de personas que están con enfermedades complejas. Nosotros tenemos en el Sename casi mil personas que son adultos con discapacidad severa, muchos de ellos postrados hace muchos años… personas que no debieran estar con nosotros pero llegaron de niños y como tienen una tremenda discapacidad, cumplen 18 años y no hay nadie que los reciba. Eso se va a corregir en el futuro. Van a estar bajo la tutela del Servicio Nacional de Discapacidad. Cuando fallecen, no es que lo normalicemos, pero sentimos que se les ha dado la oportunidad de tener una vida y muerte lo más dignas posibles. Pero no es una muerte que se pueda evitar. Distinto sería si por negligencia dolosa la persona se muere, y yo creo que es parte a lo que el fiscal se puede referir y lo que está investigando. Cuando fallece un niño, como es el caso de Lissette, duele mucho.

-¿Usted está al tanto de las tragedias?

-Todas las muertes se investigan desde el punto de vista administrativo. Toda muerte tiene denuncia al Ministerio Público. Pero varias de ellas han sido por accidentes de calle, de riña callejera, que eso tiene que ver con la violencia de los barrios, que nos duele enormemente, y estamos tratando de hacer cosas para disminuirlo, pero no podemos hacerlo todo. Distinto es, por ejemplo, niños que fallecen en residencias. No me ha tocado eso, pero sí hay dos decesos que son relacionados con Red Sename, como Ámbar (la niña de un año que murió tras ser violada), y es muy trágico. Estamos trabajando para que en el futuro esos riesgos sean menores.

-¿Cuánto le afectan esas situaciones en su trabajo?

-Son casos en los que inevitablemente se te caen las lágrimas, me afecta mucho. Y también se me caen cuando voy a un centro y los niños están ahí de una forma que no nos gusta. Si vas a Galvarino, Pudahuel, Playa Ancha, ves que son cárceles infantiles. Me subo al auto y te juro que se me caen las lágrimas. Eso afecta enormemente. Y no es un niño. Son muchos niños. No hay ninguna posibilidad de que este trabajo no te mueva.

Mientras habla, Tonda se mantiene estoica.

-¿Es muy difícil esta pega?

-Es difícil, pero si logramos avanzar será gratificante.

-¿Es de lo más complejo que ha enfrentado durante su carrera?

-Es una de las más desafiantes, claramente sí, porque la tarea es titánica, es muy difícil, y tiene costos personales y de los equipos, que estamos dispuestos a enfrentarlos.

-¿Cuáles son los costos personales?

-El tiempo. Me vienen a buscar todos los días a las 7 am y llego cerca de las 9 de la noche a mi casa. A mis diez nietos poco los veo, y mi madre que vive ahí arriba (apunta la casa vecina del condominio), que tiene 88 años, no se cansa de decirme que en cuatro años no sabe si va a estar.

Por primera vez, en toda la entrevista, los ojos de Susana Tonda se llenan de lágrimas.