Desde mañana se convertirán en una alternativa para que los habitantes de las 32 comunas del gran Santiago puedan comprar alimentos a través de aplicaciones. Aquí seis repartidores relatan cómo es hacer delivery en tiempos de pandemia y, responden a los críticos: “Nosotros no somos los que contagian”.
Por: Sofía Prat y Trinidad Infante

  • 14 mayo, 2020

“Nosotros no somos los que contagian”

Cattherine Quiroz

“La gente está equivocada. Piensan que nosotros tenemos contacto con la comida, ¡Eso es falso! Si pudiéramos tocarla, lo notarían porque los envases sellados estarían rotos. No hay manera de abrirlos. Y esto no es solo con la comida, en Rappi con los Rappi favores -donde puedes pedir lo que sea- jamás tenemos contacto con el producto. No son los socios repartidores los que están contagiando. Yo soy parte de grupos de Facebook y de Whatsapp donde estamos los trabajadores de múltiples plataformas y ahí nadie tiene coronavirus. Ojalá la gente lo entienda. Son los restaurantes los que tienen contacto con la comida. Yo he trabajado hace ocho meses como Rappi, UberEats y Pedidos Ya. Trabajando para este último hace dos semanas me chocaron frente al Hospital del Tórax en Providencia. Un auto me chocó por atrás y, cuando lo encaré y le toqué la bocina, el conductor -que estaba sin mascarilla- me escupió y arrolló mi moto con su vehículo. ¡Imagínate me hubiera sacado el casco! Qué peligro… Hay una odiosidad e ignorancia. Hay gente que se aleja de nosotros, que nos pide que le demos espacio, que dejemos los pedidos en la calle. Eso es ignorancia. Por ese choque me di cuenta que estaba embarazada, porque por el impacto comencé a tener síntomas de aborto y yo no sabía. Ahora tengo 13 semanas y dejaré de trabajar para cuidar a mi hijo en mi casa en Quinta Normal. Si no estuviera embarazada trabajaría en cuarentena. Los días anteriores de encierro trabajé con el documento que obtuve en la comisaría virtual, que te da salvoconducto por quince días. Lo hice tranquila, con toallas húmedas, guantes, antes de recibir el producto me lavaba las manos y antes de entregarlo también. Y lo hacía delante de los clientes, para que vieran que uno toma las precauciones”.

El robo de mi moto

Kristoffer Ortiz

“Antes de ayer me asaltaron. Empecé a trabajar como socio repartidor de Rappi y luego me cambié a Uber Eats en febrero de este año repartiendo en bicicleta, pero tras un mes me endeudé y me compré una bicimoto porque en las noches es arriesgado andar con el efectivo, ya que no todos son con tarjeta. Además, al no haber ciclovías es peligroso. El martes, a eso de las ocho y media de la noche estaba volviendo a mi casa en Recoleta cuando en una luz roja en Dorsal con Diagonal Caro seis personas, dos adultos y cuatro menores de edad con armas de fuego, me quitaron todo. Pasé mucho susto y me fui en taxi a una comisaría, que tenía el sistema colapsado así que no pude hacer la denuncia en un principio. Esperé unas tres horas.

Hasta ese día mis medidas de seguridad consistían en el uso de mascarillas, guantes, no tener contacto directo con la gente, limpiar los zapatos… Hay locales, por ejemplo Mc’Donalds que nos hacen desinfectar la mochila antes de recibir el pedido para repartirlo. Además, la empresa nos reembolsa $8.000 para adquirir productos de limpieza. Mi objetivo ahora es recuperar mi mochila a través del soporte de Uber y volver a trabajar. Tengo mi bicicleta todavía, así que podría salir. Me tomé esta semana de descanso para relajarme, ya que quedé muy tenso. Quiero volver a trabajar porque lo necesito y porque el delivery es súper necesario en estos días. Yo soy de Perú, llevo 15 años en Chile y sé que voy a salir adelante”.

“Hay más repartidores y menos pedidos”

Jaireson Azuaje

“Toda mi vida he practicado deportes. Soy periodista deportivo y me vine de Venezuela hace dos años, pero aquí trabajo como socio repartidor de Rappi. Cuando llegué a Chile trabajé en un restaurante de comida árabe llamado Moros y luego en una pastelería, El Parrón, en La Cisterna. Ahí me familiaricé con el delivery y más adelante en un piloto de Uber, que duró tres años, que consistía en hacerle las comprar de supermercado al cliente y luego un socio conductor se lo repartía. Andar en la ruta y en la calle se ajusta a lo que me gusta porque no soy de estar todo el día encerrado en una oficina. Desde que comenzó la pandemia pedaleo 10 kilómetros al día, hay más repartidores y siento que menos pedidos. Antes pedaleaba 30 kilómetros diarios. Cornershop ha tenido un aumento de pedidos porque el servicio es de supermecado, que es lo que más se necesita, pero las empresas de delivery no tanto. Lo que más pedían al inicio de la pandemia era ir a la farmacia, pedían medicamentos y alcohol gel y ahora mutó a la comida rápida: pizza, hamburguesas, ese estilo. Yo reparto con mascarilla, alcohol gel, mantengo el distanciamiento.”

“Los gastos de las mascarillas corren por mi cuenta”

Javier Ortiz

“Hace un año y medio que soy repartidor en Rappi, pero con llegada del Covid mis horas de trabajo han aumentado. Salgo de mi casa todos los días como a las 8 de la mañana y llego tipo 9 de la noche cuando mis vecinos ya están todos en sus casas. Esto para ahorrarme los malos ratos de que me digan que estoy contagiado y que no me dejen entrar a mi propia casa. En comunas con cuarentena, la situación es agradable, pero de repente sientes una sensación de soledad que es un poco angustiante. Voy pedaleando por la Alameda y recuerdo el estallido social lleno de gente y con mucho ruido. Eso lo comparo con lo que veo ahora, calles vacías, muchas consignas en las paredes como “Fuera Piñera” y la calle libre para pedalear tranquilo. Creo que ese ha sido un cambio, antes el mayor riesgo era que te atropellaran, ahora es contagiarnos estando todo el día afuera. Mi señora trabaja en un hogar de ancianos en San Bernardo y yo ando todo el día repartiendo pedidos por Rappi. Si llego a ser positivo y la contagio, ella no puede volver a su trabajo y no estamos en condiciones de darnos ese lujo, porque además de mantenernos a nosotros, le mandamos plata a nuestro hijo que vive en Perú. Me cuido usando mascarillas y guantes, pero los precios de estas cosas han subido demasiado y esos gastos corren por mi cuenta, entonces uso un par de guantes al día y un tapabocas hecho por mi señora que es reutilizable.

Por el hecho de haber salido piensan que ya estoy contagiado. Incluso mi señora se aleja un poco, no dormimos en la misma pieza y comemos con distancia. Pero trabajo sin parar desde marzo y no he tenido ningún síntoma. La protección no es demasiada, voy con mi mascarilla y los guantes, pero los precios de estos han subido demasiado como para que pueda cambiarlos a cada rato. Uso un par de guantes al día que corren por mi cuenta los gastos y mascarillas lavables”.

Esto es por mi hija

Alejandro Noriega

“No veo a mi hija hace más de dos meses y desde el 18 de marzo que duermo unas cinco horas diarias. La mezcla entre ser shopper de Cornershop y estudiar Ingeniería Mecánica en horario vespertino es difícil, pero vale la pena, porque es buena plata y a diferencia de otras aplicaciones de este estilo, Cornershop nos ha dado medidas de seguridad. Tuvimos que insistir, pero lo logramos. Empezamos enviando correos, al principio brillaba por su ausencia, pero después, a finales de marzo nos reembolsaron los guantes y las mascarillas y ya a inicios de abril, ellos mismos nos daban estos insumos cada vez que íbamos a buscar bolsas. Pero lo mejor que tiene, es que en caso de contagiarte, desde Cornershop te aseguran 15 días de sueldo que es el promedio de lo recaudado el último mes.

Mis días parten a las 8 de la mañana. Tomo mi auto que es un Hyundai i10 usado y tipo 9 ya estoy en algún supermercado. Antes del coronavirus hacía entre 3 y 4 pedidos al día y ahora hago unos ocho, en las comunas con cuarentena es donde más pedidos hay, pero también más miedo de contagiarse. Igual Cornershop en la aplicación tiene un protocolo que anda permanentemente recordándote que no te toques la cara y que te laves las manos frecuentemente.

En mi caso mi familia y mis vecinos no me han discriminado, donde vivo todos tienen que salir a trabajar, asique estamos todos en las mismas. A mi hija fui yo el que decidió no verla, para no ponerla en riesgo, pero la echo mucho de menos, quiero ir a verla y al final estoy haciendo todo esto por ella, para poder comprarle sus cositas y más adelante darle una mejor vida”.

“Deberían darnos herramientas de seguridad”

Daniela Zambrano

“La cuarentena no es para todos. Estaría feliz trabajando desde mi casa, con mi hija de 7 años y sin poner en riesgo a mi mamá, pero también tengo que comer y pagar cuentas como cualquier persona. Me contagié hace 2 semanas, no tengo ni idea en donde, pudo haber sido trabajando o cuando salgo a comprar mis cosas. Fue horrible, por suerte mis síntomas no fueron tan fuertes, pero estar encerrada tanto tiempo y sin recibir ningún peso es muy complicado. Ni Siquiera le avisé a Rappi que me había contagiado, solo apagué la aplicación hasta ahora. Han sido 14 días de comer lo justo y de quedarnos en la casa haciendo puzzles y viendo tele.

Trabajé desde marzo hasta ahora, nunca antes había usado estas aplicaciones, yo hacía el aseo en un salón de eventos cerca de Los Dominicos, pero era sin contrato, así es que esta fue una buena solución para que llegue plata a la casa. El papá de mi hija me prestó una bici y ahí empecé, a pedalear como diez kilómetros diarios y pasaron dos meses y para la casa. Yo sé que es un trabajo informal, pero en estas situaciones deberían darnos algunas herramientas de seguridad igual. He sabido de otras aplicaciones que les reembolsan las compras de mascarillas y de jabón, pero acá nada. Igual, apenas pueda salir, lo haré para ganar algo de plata”.