Ya sea por hora, con contrato o de palabra, lo más probable es que si usted necesita hacer un upgrade a su casa o sencillamente reparar algún desperfecto, terminará mesándose los cabellos por culpa de la improvisación o la ineptitud de los inefables maestros chasquilla. “Jefe, no es que me haya quedado mal, lo que […]

  • 2 abril, 2009

Ya sea por hora, con contrato o de palabra, lo más probable es que si usted necesita hacer un upgrade a su casa o sencillamente reparar algún desperfecto, terminará mesándose los cabellos por culpa de la improvisación o la ineptitud de los inefables maestros chasquilla. “Jefe, no es que me haya quedado mal, lo que pasa es que su casa está chueca”. El problema es que ahora no hay cómo saber con qué chichita uno se está curando. Y no es posible porque la pillería del chileno se ha encargado de vestir de seda a estas monadas. Luminosos letreros, destacados en las páginas amarillas y hasta avisos publicitarios por TV ofrecen “profesionales” capaces de solucionar los más complejos dramas domésticos en un santiamén. ¿Y cuál es el resultado? El obvio: que usted y su casa están pifiados y que la obra en sí quedó perfecta, aunque se esté cayendo a pedazos. RS