• 6 mayo, 2011



Si la oposición la supera con éxito, la Alianza dispondrá de largo tiempo en el desierto para descubrir su “relato”. Pero si la oposición sigue enredada y no logra salir de este oscuro laberinto, lo del próximo año será para olvidarlo.


Dos ideas muy equivocadas recorren los anchos, pero fragmentados campos de la oposición. Una: la convicción de que la declinante popularidad del primer mandatario Piñera es una suerte de agua bendita que alimenta el crecimiento de quienes perdieron la última elección presidencial. Otra: basta que la ex presidenta de la república decida volver al país, para que las fuerzas que hasta 2010 gobernaron con ella repongan energía y vigencia y recuperen la mayoría.

Estos erróneos conceptos, actúan a la manera de un narcótico que distorsiona la apreciación de una realidad que, sin tapujos ni atenuantes, se hace cuesta arriba para quienes gobernaron los últimos veinte años, díscolos incluidos.

Es cierto que los dos últimos meses han sido fatales para el gobierno: sin conducción de la agenda, con una guerra civil al interior de la Alianza, sin capacidad de instalar sus propios temas, cuestionado por lo estratégico (la falta de “relato”) y por lo minúsculo: aquellos faltantes en gestión y en probidad que se empiezan a notar.

Pero es demasiado obvio que, cuando llegue la hora de los votos, la derecha se encontrará férreamente unida para extender sus cuotas de poder. Cuentan ahora, además, con el inestimable apoyo del gobierno para sus batallas electorales.

Del otro lado, en la oposición, ni siquiera hay acuerdo respecto del “nosotros”. Es decir, respecto de quiénes tienen que ser parte de la convocatoria a discutir y diseñar el camino de las próximas elecciones: los comicios municipales de 2012, en apenas 17 meses.

En la Concertación se inició la discusión si llevar una o dos listas de candidatos a concejales. En este debate, básicamente político, los argumentos electorales son utilizados por los “expertos” para justificar tesis de contenido estratégico. La discusión no es sobre los rendimientos y beneficios de una o más listas. El asunto es si esta coalición entre izquierda y centro debe sobrevivir o morir. El resto es música.

Lo mismo ocurre respecto de la alianza instrumental con el PC. Este no es un asunto de mecánicas electorales. Esta es la buena excusa para disputar sobre el destino histórico de la DC: si anclada en la centro izquierda o como un partido de centro autónomo e independiente que pacta alianzas hacia uno u otro lado del espectro. Palabras mayores.

El debutante PRO, partido de Marco Enríquez-Ominami, propone un debate programático antes de entrar en lo electoral. Digamos que su proceso de inscripción no fue fácil. Pero es evidente, en su caso, que quiere debutar en una cancha nivelada, que haga fojas cero de un cuadro electoral actual que está conformado por centenares de alcaldes y concejales ya existentes y que militan en los partidos tradicionales de la oposición. Revolver el naipe no es fácil ante una realidad que arrastra antiguas y pesadas inercias. La nueva ley anti díscolos, recientemente aprobada en el Congreso, petrifica aun más esta situación. Además, en las elecciones municipales el eje del debate se ubica infinitamente más cerca de la lógica local que del amplio debate que plantean.

Los errores de la Concertación en la última designación de su candidato presidencial imponen ahora un proceso de selección participativo, legítimo y todo lo transparente que sea posible. Aunque los presidentes de los partidos de la Concertación firmaron en octubre del año pasado un documento que compromete primarias, de momento éstas no son parte de la agenda legislativa. Y son muchos los que miran con escepticismo esta innovación política que permitiría dar legitimidad a las candidaturas y hacer posible que la oposición se unifique en torno a ellas. Pero ese proceso hay que organizarlo y financiarlo. Esto requiere fuertes convicciones y una capacidad de acción y unidad que no son los habituales de los últimos años.

La oposición, la Concertación y los otros partidos que componen este espacio la tiene difícil en la municipal. Hay demasiadas teorías dando vueltas y queda poco tiempo. Y muchos proyectos personales detrás de esas teorías. No hay acuerdos básicos, ni sobre los incumbentes en el proceso ni sobre los procedimientos.

Menuda tarea. Si la oposición la supera con éxito, la Alianza dispondrá de largo tiempo en el desierto para descubrir su “relato”. Pero si la oposición sigue enredada y no logra salir de este oscuro laberinto, lo del próximo año será para olvidarlo. Aunque aquello puede ser lo de menos, porque en tal caso el extravío puede ser mucho mayor.