Por David Bravo.
Director, Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales

Investigador, EarlyChildhoodInterventions Network, Universidad de Chicago

La evidencia reciente aquí presentada indica que una fuente de la fuerte desigualdad de nuestro país se encuentra en un evento accidental: el nacimiento. El hogar en que se nace parece determinar de modo fundamental las posibilidades de desarrollo futuro. Ya desde los primeros meses de vida se comienza a consolidar y acentuar esta desigualdad, plasmando una brecha de desarrollo entre niños y niñas de hogares con mayores recursos y aquéllos en desventaja, aun antes de entrar a la edad escolar. Esto se explica porque los primeros años de vida constituyen un período crítico para el desarrollo de habilidades fundamentales, tal como lo muestra la investigación en las neurociencias y en la psicología del desarrollo.

La evidencia internacional avala la efectividad de intervenciones tempranas sobre el desarrollo cognitivo, el desempeño educativo y el desarrollo de habilidades blandas críticas para el devenir de los niños, e incluso sobre indicadores sociales, como las tasas de delincuencia y criminalidad.

¿Cuál es la situación en nuestro país? Desde 2006, Chile ha impulsado políticas públicas en el área de la infancia temprana, incluyendo el sistema de protección integral a la infancia Chile Crece Contigo, el aumento en la oferta de salas cuna y jardines infantiles, la ley de aumento del período postnatal a seis meses y la obligatoriedad del kinder.

El programa de la Presidenta Bachelet incluye medidas relevantes en el ámbito de la educación preescolar como la construcción de 4.500 salas cuna y 1.200 jardines infantiles, lo cual se traduciría en una incorporación de 90 y 34 mil niños y niñas en dichos niveles, respectivamente. Adicionalmente, se aumentaría el número de profesionales y técnicos por niño y se crearía una Subsecretaría de Educación Parvularia en el Ministerio de Educación.

Los cambios anunciados son de envergadura y representan una oportunidad. Actualmente, sólo un 10% de los niños y niñas hasta dos años asiste a sala cuna (Encuesta CASEN 2011). El aumento previsto implicaría aumentar la cobertura a casi el 29%. En materia de jardines infantiles, la propuesta permitiría aumentar la cobertura de un 42% a un 49%. En el ámbito institucional, la creación de la Subsecretaría de Educación Parvularia puede ser una importante oportunidad para relevar al sector dentro del Ministerio de Educación y para diferenciar los roles normativos, de diseño de políticas, de fiscalización, financiamiento y provisión que hoy aparecen definidos de manera inorgánica.

La oportunidad que representan estas medidas, sin embargo, dependerá del énfasis en la calidad. El aumento en salas cuna y jardines infantiles sólo tiene sentido si se considera a éstos como centros de educación integral y no como guarderías infantiles. Propongo que este fuerte aumento en cobertura se haga mirando los estándares de calidad internacionales a los que aspiramos y no los históricos, incluyendo el número de niños y niñas por sala y por educadora, la calidad del centro, el apoyo al personal docente y la incorporación de los padres en el proceso.

Otro aspecto relevante es que la ubicación de los nuevos centros responda a los criterios que aseguren su accesibilidad y la cercanía a la demanda. La falta de datos censales puede representar un problema adicional, que deberá ser subsanado con estudios específicos.

La evidencia internacional es clara en mostrar que no es cualquier educación, sino que educación de calidad, la que hace la diferencia a nivel preescolar. Será necesario esperar a ver lo que se incluya en el proyecto de carrera docente y a las siguientes medidas en educación, para ver si se considera allí la situación de las educadoras de párvulos, cuyas condiciones de trabajo y remuneraciones debieran mejorarse de manera significativa. Es también importante conocer, finalmente, los cambios que se impulsarán para asegurar el mejoramiento de la formación inicial en la educación parvularia.

Un elemento faltante, son las innovaciones que debieran implementarse a nivel curricular. La evidencia internacional también muestra los peligros que se pueden producir si se tiende a escolarizar la educación parvularia, cuestión que es relevante frente a la actual universalización del prekinder y kinder. A nivel internacional, hay intervenciones educativas que han mostrado resultados y que han enfatizado el desarrollo de habilidades no cognitivas que incluyen el control de los impulsos, la regulación de las emociones, la atención, la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva, como es el caso del programa “Tools of the Mind”, que se ha aplicado también de modo piloto en salas chilenas. Hay otras intervenciones, como el proyecto “Naturalizar” de la Fundación Ilumina, que apunta a educar desde los espacios de la naturaleza, interviniendo los jardines y supliendo su carencia de áreas verdes. A estos ejemplos se podrían sumar otros. Un desafío de política pública sería poder implementar algunas de estas innovaciones en jardines chilenos como experiencias piloto, que incluyan una evaluación rigurosa de su impacto. De esta manera, al final del gobierno podríamos tener evidencia sobre la efectividad de intervenciones específicas que permitan tomar decisiones para mejorar la calidad a mayor escala. •••