En su primera entrevista en siete años, el ex senador UDI cuenta que está viviendo en Villarrica, donde se dedica a su emprendimiento familiar con el que busca ser “uno de los mayores productores de árboles nativos del país”. Desde allá, asegura que “el plebiscito a estas alturas es una irresponsabilidad”. Además, se refiere por primera vez a la crisis social: “Esta es, por lejos, la peor oposición desde que retornamos a la democracia”, advierte.
Por: Josefina Ríos y María José López

  • 10 junio, 2020

Pablo Longueira llegó de EE.UU. en febrero. En el verano viajó una semana junto a su mujer, Cecilia Brinkmann, y venía con la idea de dar inicio a las operaciones de una empresa familiar que empezó a dibujar hace tres años. “Regresamos cuando aún no había cuarentenas, pero nos autoimpusimos una, para no contagiar a nadie, por si traíamos el virus. Nos vinimos a Villarrica con dos hijos que estaban en Estados Unidos y aquí sigo. Desde acá veo todo, me llevo entre videoconferencias y trabajos en la Arboleda Dutchman Villarrica, que estamos construyendo con mi señora”. El emprendimiento del que habla –y en el que su mujer tiene un rol protagónico– consiste en “la representación de la mejor maquinaria para sacar, transportar y replantar árboles de gran tamaño”. Para ello negociaron la representación de Dutchman Industries Inc. y la firma de compostaje europea Ritorna Medio Ambiente para Chile.
El ex parlamentario UDI –y hombre clave de la transición– se dejó crecer una densa y cana barba. Dice que está feliz con su vida sureña, la cual transcurre entre los bosques y su cabaña en el lago. Confiesa que “me cuido al máximo. Veo a muy pocas personas y siempre con distancia, no me saco la mascarilla y me lavo las manos con alcohol gel cada vez que me subo al auto. Me comporto como ingeniero frente al cuidado sanitario”. Desde la pantalla se le ve de buen ánimo. Pero admite que está muy apenado por los efectos de la pandemia, sobre todo por la situación de los sectores más vulnerables. “Conozco en profundidad esa realidad y sé el terrible impacto que se está produciendo en el mundo popular”. Cuenta, además, que en plena pandemia nació su décima nieta, Jacinta, y que tampoco han estado ajenos como familia a los dolores de la enfermedad: “Uno de mis siete hijos dio positivo para covid, por ahora sin síntomas graves. La vida es así, con luces y sombras”.

Insiste en que está completamente alejado de la política. Que no la extraña. Y que por eso, la última vez que dio una entrevista fue hace siete años. De hecho, su más reciente aparición pública se registró durante el verano, cuando declaró como testigo en la defensa del ex senador Jaime Orpis (UDI), en el marco del caso Corpesca. “Estimé un deber moral dar testimonio en el juicio de Jaime. Podrá haber cometido muchos errores para financiar su campaña a senador, pero de ahí a ser acusado de cohecho, me parece tremendamente injusto. Jamás lo ha cometido. Todos sabemos de su honorabilidad y austeridad de vida, aunque muchos no lo dicen en público, sí lo hacen en privado. Junto a Ana Luisa, su gran vocación y pasión fue y es la Corporación La Esperanza, que crearon para atender a los más pobres dentro de los pobres: los jóvenes drogadictos”.
-En esa oportunidad usted dijo que en Chile abundaban los hipócritas.
-Si volaran, en Chile no veríamos el sol.
Longueira también ha enfrentado una delicada situación judicial: en 2017 fue formalizado por delito tributario y cohecho en el caso SQM (del primero ya fue sobreseído). Y está a la espera del juicio oral en la segunda arista.
-Respecto a su situación judicial, ¿en qué etapa está?
-Estoy esperando hace más de un año, después de innumerables postergaciones, tener el juicio oral. No acepté ni aceptaré ningún acuerdo con la Fiscalía, porque jamás he cometido los delitos de los que me acusan. Por no aceptar al acuerdo, a través de mi abogado (Alejandro Espinoza) –que era cambiar el cohecho, que según ellos no existía, por tráfico de influencias y negociación incompatible, delitos que por cierto también, jamás cometí–, tres días después allanaron a las 7 de la madrugada, en forma simultánea, mi casa, mi oficina y la de mi secretaria. Soy, por lejos, el chileno más investigado, abrieron mis cuentas bancarias, las de mis colaboradores, las de las fundaciones, todos mis correos, el privado, el de senador y el de ministro. Me revisaron todas mis asignaciones del Senado, solo por mencionar algunas. ¿Qué encontraron? Nada, porque no había nada que encontrar, porque soy inocente.
El ex precandidato presidencial sostiene que “en mis más de 30 años de servicio público, me autoimpuse normas éticas muy superiores a las leyes. Nunca he tomado un solo peso que no sea mío. No puedo tener la conciencia más tranquila y lo que he sufrido es una persecución increíble, que duró más de cuatro años. En todo ese período filtraron ilegalmente a los medios lo que se les antojó. Ahora llega el tiempo de la justicia. Aunque sé que el daño que me han hecho es irreparable, espero limpiar mi honra, por mi familia y por el bien del partido que fundamos junto a Jaime (Guzmán)”.

“El gobierno ha tenido más aciertos que errores”

-¿Cómo ha visto al gobierno en el manejo de la pandemia?
-Creo que ha tenido un manejo relativamente bueno. El rol del Jaime Mañalich ha sido notable. Qué afortunado es el país de tener en esta pandemia a este tremendo ministro. Qué duro ha sido conducir esta crisis sanitaria en un país donde hay 17 millones de expertos en coronavirus. Es admirable su fuerza y el coraje. Es muy triste ver cómo algunos, con tal de figurar, no trepidan en criticar por criticar. Ningún gobierno, tampoco este, dejará de recibir los aportes de todos, si ello se hace con buena intención. Veo que el gobierno ha tenido más aciertos que errores.
-¿Le gustaría tener un rol en esta etapa?
-Ninguno.
-¿Lo ha llamado el presidente Piñera para conocer su opinión?
-Durante este gobierno, nunca.
-No hemos escuchado su opinión sobre el estallido social. ¿Cuál es su análisis?
-El mal llamado estallido social, no me sorprendió. Lo anticipé muchas veces, sabía que tarde o temprano iba a ocurrir. En esos días leí una entrevista del dirigente comunista de las mipymes, Iván Vuskovic, quien señaló que seis años antes yo lo había advertido. Lo que sí me sorprendió fue la organización de una violencia nunca antes vista. Que hay que separarla de la marcha de miles de chilenos que hubo esos días. Es evidente que no fue el alza del Metro lo que gatilló la violencia, pienso que eso estaba planificado para la COP25 y la Apec.
-¿Qué lo hacía pensar que esto vendría?
-Nuestro objetivo como país para alcanzar el desarrollo debe tener primero el de llegar a ser uno más justo y de ahí intentar un verdadero desarrollo. Si algunos creen que el desarrollo es solo dividir el PIB por el número de habitantes, estamos condenados a ser un país más que caerá en la “trampa de los ingresos medios”. Por algo el lema de mi breve desafío presidencial hace ya siete años era “Por un Chile más justo”, originado en la Fundación Chile Justo que inicié el 2006.
-¿Le pareció bien el acuerdo constitucional al que se llegó para dar solución a la crisis social?
-Creo que es fundamental avanzar en un gran acuerdo. La incertidumbre que se ha instalado en el país requiere como nunca de generosidad. Sin estabilidad y señales claras de la clase política se profundizará más aún la crisis. La base de ese acuerdo debe ser eliminar el plebiscito de entrada, está absolutamente demás. Además, gastar una fortuna en el plebiscito –con la necesidad de recursos que tendremos que destinar para enfrentar la cesantía y otros gastos urgentes fruto de la pandemia– a estas alturas es una irresponsabilidad. Otro punto esencial de esa base de acuerdo es que los convencionales se elijan a nivel nacional, es absurdo elegirlos según los distritos. Por definición, una instancia mandatada para modificar o hacer una Constitución es de carácter nacional. ¿Por qué se me niega el derecho de votar por un buen constitucionalista si este se inscribió como candidato en el distrito vecino del que me corresponde votar?
-Pero es muy probable que el plebiscito sí se realice. ¿Usted aprueba o rechaza?
-Centrar la discusión en el apruebo o rechazo es un error. La Constitución vigente ha permitido que Chile progrese como nunca lo había hecho. Dado el proceso de transformación que hemos vivido como país, soy partidario de que tengamos una nueva Constitución de la que todos se sientan parte, eso pasa por la forma en la que esta se elabore. Si los convencionales se eligen en listas a nivel distrital, el proceso será secuestrado por los partidos, se escogerán operadores políticos conocidos y populares, pero que saben poco y nada de materias constitucionales, y el resultado será muy poco serio, generando más incertidumbre de la que ya hay. Para que tengamos una Constitución moderna, inclusiva y que garantice un crecimiento con justicia e integración para todos, es necesario que los constituyentes se elijan en listas nacionales, pudiendo optar por los mejores de la derecha, el centro y la izquierda. Si es así votaré apruebo, en caso contrario, rechazo.
-Otra medida que estableció el Presidente en ese momento fue hacer un cambio de gabinete que implicó la salida del ministro del Interior, Andrés Chadwick.
-Hubiese preferido un gabinete de unidad nacional, con participación también de destacados políticos y técnicos de la ex Concertación moderada junto a la gente de nuestro sector. Creo que esa es la fórmula para enfrentar un momento como este. La centro derechamás la centroizquierda moderada representan al 80% del país.
Sobre la salida de Andrés Chadwick del gabinete y el posterior proceso de acusación constitucional que debió enfrentar, reflexiona: “Lo de Andrés me dolió. Es mi mejor amigo. Lamento que un servidor público ejemplar como él haya sido acusado tan injustamente. Tal como se lo dije, debe tener la tranquilidad que con las medidas que se tomaron esa tarde se salvaron cientos de vidas. En política jamás se evalúa lo que se evitó, que muchas veces es incomparablemente más importante que lo que pasó. Creo que Andrés evitó mucha violencia, con consecuencias impredecibles y el país le debe mucho”.
Pero Pablo Longueira va más allá. Dice que hoy las redes sociales manejan al Parlamento. “No hay coraje para hacer públicamente lo que se dice en privado. Es increíble que hayamos llegado al nivel en que los mismos que compartieron con él por años en el Senado o estuvieron en el gobierno de la época y sabían que no había ningún fundamento para acusarlo, no tuviesen el mínimo coraje para no cometer esa injusticia. Así es como estamos. La verdad es que la sorpresa hubiese sido que algunos se atrevieran a desafiar a las redes sociales”. Y añade: “Pero la realidad es que hoy en la centroizquierda no existe ningún liderazgo significativo. Eso explica lo que ocurrió con Guillier, que después de ser el candidato de la izquierda y perder, hoy no tiene ningún liderazgo”.
-¿A quién evalúa positivamente de la oposición?
-Por Dios que le ha tocado duro a este gobierno. Qué lamentable la oposición que tienen. Cada vez se ha hecho más complejo gobernar. Esta es, por lejos, la peor oposición desde que retornamos a la democracia. Eso sí, ello también era absolutamente esperable. Es fruto de un proceso muy complejo y profundo de la política chilena. Volvimos al Chile político de siempre, con las mismas prácticas que destruyeron a nuestro país en el pasado. Para mí, la transición se terminó cuando traicionaron a Lagos en su candidatura presidencial. Ese día comenzó la desaparición definitiva de la Concertación, la socialdemocracia y la izquierda democrática como fuerza política relevante y con futuro. Nadie puede ser alternativa futura si le da vergüenza defender lo que hicieron durante los 20 años que gobernaron. Se ha creado un vacío de poder muy grande y se pulverizó el liderazgo en la izquierda chilena, no hay interlocutores válidos. Estamos observando el traspaso de una izquierda moderna, moderada, democrática, más cercana a la europea, a una añeja, intolerante, de dudoso compromiso democrático, más vinculada a las dictaduras izquierdistas del continente. Ambas cohabitan porque Beatriz Sánchez no alcanzó a pasar a la segunda vuelta. Por eso han hecho una oposición tan destructiva. La primera siente vértigo por la segunda. Es aún más complejo, porque en la segunda están todos los hijos de la primera.
-¿Quién gana con todo esto?
-El Frente Amplio y el PC. Ya no hay liderazgos potentes en la ex Concertación. La única ganadora es Sánchez, que en esta ocasión pasará a la segunda vuelta con Lavín. Al Frente Amplio no le importa que la derecha vuelva a ganar la próxima elección presidencial. Su objetivo es que su candidata pase a la segunda vuelta, incrementar su representación parlamentaria y sepultar lo poco y nada que queda de la Concertación, quedándose con el liderazgo y la interlocución de la izquierda chilena.
-¿Echa de menos la política?
-Nada. Para mí fue siempre servicio público y eso conlleva sacrificio. Así entiendo la política. Es una contribución que hice a mi país. Nunca me ha gustado el poder, ni los aplausos, ni la figuración. Estoy feliz contribuyendo en el anonimato, desde el mundo privado, como la mayoría.
-¿Qué tan alejado de la política está?
-Imposible más. Lo más cercano que he estado es esta entrevista, la primera que doy en años. Hago esta excepción, porque me dolió mucho enterarme de que este será el último ejemplar impreso. La Revista Capital fue un aire fresco en los medios de comunicación, llenó un vacío. Siempre fue interesante leerla. Lo hago como un homenaje a ese periodismo serio, riguroso y constructivo, tan escaso en nuestro país.

Las cavernas

-Fue probablemente uno de los políticos más importantes de la transición, ¿cuánto cambió Chile desde entonces hasta hoy?
-Una enormidad. Para los más vulnerables, como nunca. Pasamos de ser un país pobre, a uno de clase media de esfuerzo en tan solo 30 años. Como nunca en su historia, Chile dio un salto económico y social. El problema es que la política no avanzó al ritmo del país. Siempre me llamó profundamente la atención cuando la gente afirmaba que Chile había cambiado definitivamente. Yo les respondía que no era así, porque los políticos no habían cambiado. Les recomendaba que vieran una sesión de la Cámara de Diputados cuando se discutía la ley del salario mínimo. La demagogia era impactante y el populismo, brutal. Los discursos oficialistas contra sus propios ministros de Hacienda eran surrealistas. Por eso, mientras más conocía el Parlamento, más presidencialista me convertía. Chile no se jodió, tampoco cambió, lo excepcional fueron estos 30 años post gobierno militar. Eso es lo que hay que entender. Este período será recordado como muy exitoso en la historia republicana del país, pero terminó. Se acabó. Eso es lo que hay que entender. Si hubo algo que caracterizó estas tres décadas, fue el objetivo común de hacer buenas políticas públicas. Para lograrlo, es vital la amistad cívica y un espíritu colaborativo. Como hemos vuelto a la forma histórica añeja de hacer política, también se acabó ese espíritu, yo diría que más que a las trincheras, volvimos a las cavernas.
-¿Tan mal estamos?
-Peor en muchos rubros, pero genera esperanza que el líder mejor evaluado en el país sea Joaquín Lavín. Eso demuestra que el chileno es inteligente e intuitivo.
-¿Cuánta responsabilidad tuvieron en esto los políticos de su generación? Usted es parte de este grupo…
-Ninguna, cada generación es responsable de su época. Yo me siento parte de una generación que contribuyó, estando incluso gran parte de este período en la oposición, a mejorar la vida de la inmensa mayoría de los chilenos. Mi sueño era derrotar la pobreza extrema en Chile y creo que en estas tres décadas lo logramos como nunca. Hoy, de un Chile admirado que fuimos, nos estamos transformando en un país mediocre, que quiere imitar políticas populistas y trasnochadas propias de los países latinoamericanos. Este ciclo virtuoso del país se podría haber traspasado a esta generación, pero el problema es que los líderes de la ex Concertación no supieron darles espacio a sus jóvenes. Se apernaron los mayores y sus juventudes fueron arrastradas a posiciones extremas. En cambio, en la derecha hay jóvenes muy potentes, liderazgos de gran proyección. Su problema es que tendrán que lidiar con jóvenes de izquierda de dudoso compromiso democrático.
-¿Qué pasa en Chile que cuesta tanto que surjan líderes nuevos?
-Un sector de la prensa y las redes sociales han ahuyentado a los jóvenes talentos. ¿Quién quiere ir hoy a lo público? Ese es el mayor drama del país, se destruyó lo público. A los mejores de la derecha, del centro y de la izquierda hoy no les interesa dedicarse a la política. Actualmente, muchos medios de comunicación solo buscan el escándalo. Cuesta leer una noticia positiva de lo que hacen los políticos, eso no vende, la probabilidad de que salga totalmente desprestigiado es tan alta que ya nadie está dispuesto a correr el riesgo. Esto lamentablemente se irá profundizando. Ya a la presidenta Bachelet le costó convocar a este tipo de profesionales. Espero que la gente buena que aún quede no sucumba y no abandone lo público.
-¿Cree que hay riesgo de que reflote la violencia que vimos a partir del 18 de octubre?
-Lo más probable es que eso ocurra si no hay un gran acuerdo político.

La nueva normalidad de Longueira

-¿Piensa quedarse en Villarrica hasta que termine el coronavirus?
-La verdad es que con la Chichi, mi señora, el año pasado viajábamos prácticamente todas las semanas a Villarrica. Quiero organizar mi vida viviendo una semana en Santiago y otra acá, porque es maravilloso lo que estamos haciendo. Quiero que la Arboleda Dutchman sea el mayor productor de árboles nativos del país. Tenemos miles de araucarias, mañíos, lingues, arrayanes, peumos, ulmos, alerces, robles y decenas de otras especies… Como puedes ver, pocas ganas me dan de volver a Santiago.
-¿En qué etapa está el emprendimiento?
-Mi sueño siempre fue emprender y ojalá con mi familia. Al retirarme tan tarde del servicio público, pensé que no lo lograría. El primer container de maquinaria de Canadá venía a la cuadra de Panamá para el 18/O y el de España recién logramos que se embarque esta semana por el covid. No pude elegir “mejor momento” para emprender. Con el 18/O y el Covid-19 estoy viviendo el mismo calvario que todas las pymes del país. Pero saldremos adelante. No paramos, ni sábados ni domingos. Esta semana subimos nuestra página web. Ya que este es el último número impreso de la Revista Capital, permítame un poquito de publicidad… (www.dutchman.cl) (ríe).

Sueño con que seamos pronto una Empresa B, que además de la misión intrínseca de Dutchman –de salvar árboles, reforestar con nativos y abonar la tierra–, podamos tener un activo rol social, para ello construiremos gratuitamente plazas en sectores vulnerables, para que haya más equidad territorial. En esto serán claves las alianzas y la colaboración entre distintos actores públicos y privados, ya tengo casi listo el primer proyecto, será épico.
Este no es el único plan que tiene en el sur. En 2017, Longueira comenzó un proyecto turístico bautizado como Parque Austral, en la Región de Aysén. Se trata de una red de parques desde Cerro Castillo hasta el monte Fitz Roy.
“Por razones obvias, lamentablemente lo tuve que postergar. Parque Austral es un proyecto país”. El ex senador cree que Chile “ha sido irresponsable con la Patagonia”. Lo explica: “Le hemos dado la espalda a nuestra Patagonia. La tenemos totalmente abandonada. Tenemos una de las reservas de agua dulce más importantes del planeta y precisamente ahí es donde no tenemos definido los límites con Argentina”.
Cuenta que en enero del año pasado organizó una expedición al Fitz Roy por el lado chileno. Estuvo 10 días recorriendo Campo de Hielo Sur. Ingresó a Argentina por el Paso Marconi, hasta Chaltén, y volvió por la Laguna del Desierto hasta Candelario Mancilla. “Es dramático constatar que Chile, al sur del lago O’Higgins, solo tiene el retén Candelario Mancilla, unas tres heroicas familias de colonos, casi todos descendientes de don Candelario, y un refugio de Conaf a los pies del Fitz Roy con cuatro camarotes”.
Longueira dice ser un gran conocedor de esas tierras, por ello, insiste en que existe una enorme diferencia en la forma en que Argentina ha cuidado su Patagonia. “En Chile hay tan solo ocho camas, en Argentina, más de tres mil. O nos preocupamos ahora o las futuras generaciones estarán expuestas a sufrir lo mismo que vivió la mía con el conflicto austral. Cuando vuelvan a estar las condiciones, espero retomarlo”, dice.
-¿Algún otro proyecto?
-Viene todo en mi libro… pero ahora voy a tener que cortarles porque comienzan mis clases.
-¿Qué clases?
-Estoy sacando licencia clase A para manejar camiones, me conecto a clases de lunes a viernes de 18 a 22 horas.