El huracán Katrina la puso en el mapa mundial, pero New Orleans no quiere seguir con esa tarjeta de presentación. Para eso está luchando por recuperar su sitial de una de las ciudades más lindas de Estados Unidos. Y el turismo, su gente, su encanto y su gastronomía podrían devolverle el atractivo que perdió con la tragedia de agosto de 2005.

  • 3 abril, 2008

 

El huracán Katrina la puso en el mapa mundial, pero New Orleans no quiere seguir con esa tarjeta de presentación. Para eso está luchando por recuperar su sitial de una de las ciudades más lindas de Estados Unidos. Y el turismo, su gente, su encanto y su gastronomía podrían devolverle el atractivo que perdió con la tragedia de agosto de 2005. Por Mauricio Contreras, desde New Orleans.

 

Con ritmo lento, con pausas. Si New Orleans, una ciudad musical –cuna de uno de los más grandes trompetistas de todos los tiempos, Louis Armstrong– tuviera que componer una melodía para ilustrar en qué está, sería un ritmo sin aceleración. Lento, pero seguro. El trauma Katrina se nota en las calles, pero los habitantes de Estados Unidos siempre han visto en un problema o ante una tragedia la posibilidad de reconstruirse, de reinventarse. O nacer de nuevo. En eso está la capital del estado de Lousiana, la urbe que desemboca en el Mississippi, la ciudad donde a cada rato te repiten en francés: La nueva New Orleans Laissez les bontemps rouler, o sea, “deja que los buenos momentos duren”.

 

Muchos de los visitantes que llegan a esta ciudad se declaran sorprendidos por la belleza de sus construcciones, por el encanto de sus calles y pasajes, por sus patios internos, por la sensación de que la ciudad está ofreciendo lo mejor de sí para regalarte un gran momento. “No parece Estados Unidos”, comenta un periodista colombiano que ha recorrido gran parte de este país y que sabe de lo que habla.

 

Primera señal: New Orleans es distinta, se sabe diferente y se esfuerza por mostrarse tal cual. Como una ciudad multicultural, donde las influencias francesas, españolas y africanas se instalaron como emblemas. Cuánto le debe la Nueva Orleans a sus raíces para comprender por qué hace cinco años era la quinta ciudad más visitada de Norteamérica y por qué todo eso se vino abajo con la llegada de la invitada no esperada, la señora Katrina, con categoría cinco, que la dejó bajo el agua en un 80 por ciento, demostrando sus debilidades y carencias, su desconexión con el resto del país, su fragilidad, pero sobre todo, su corazón para salir a flote.

 

 

 

Agosto, 2005, la fecha fatal

 

Han pasado 28 meses desde que el Huracán Katrina castigó la zona sur de Estados Unidos, en la tragedia natural más grande que haya vivido este país. Los errores de planifi cación y visión ingenieril estaban a la vista, pero nadie hizo mucho por advertir lo que venía. La mayor parte de la ciudad se encuentra bajo el nivel del mar y con dos vecinos como el río Mississippi y el lago Pontchartrain los diques de contención debían ser sólidos y firmes. Pero no, estaban diseñados e implementados (término familiar, ¿no?) hace muchos años, varias décadas, sin visión de futuro. Por eso no aguantaron la fuerza de los vientos y vertieron sus aguas en la ciudad, dañando principalmente el anillo exterior, la zona más vulnerable, donde habitaba la gente más pobre, principalmente de raza negra, que vieron cómo el agua entraba por todos lados. En julio de 2005 vivían en New Orleans cerca de 500 mil personas, hoy no llegan a 232 mil, en un éxodo previsible por la inseguridad y el trauma que dejó Katrina.

 

 

 

Al ritmo del sur

Rhythms of the South es la feria de Turismo que se organiza todos los años para potenciar turísticamente el sur de Estados Unidos. Este año conmemoró su sexta edición en New Orleans –el 2006 fue en Atlanta– y el 2008 tendrá lugar en Nashville, ciudad musical. La aerolínea Delta, las oficinas de Turismo y Convenciones de las ciudades participantes y los hoteles y restaurantes unen esfuerzos por mostrar en cuatro días los ganchos turísticos para visitar. Apuestan por un Estados Unidos auténtico, con mundos por descubrir y organizaron la agenda de los asistentes para que no faltara nada: encuentros de prensa, almuerzos, shopping, clases de cocina, un mini Mardi Gras, paseos por el Mississippi y city tours. Todo con acompañamiento musical.

 

 

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Llegar de día a New Orleans permite comprobar en terreno el recorrido de las aguas desde el aeropuerto de la ciudad, el Louis Armstrong Jr., hasta la zona central y barrio histórico, que sólo se vio afectado por basura y escombros. La periferia muestra construcciones en el suelo, muros que se levantan al frente de los condominios como grandes panderetas para evitar un episodio similar, a centenares de obreros de overol, pintando y echando cemento en casas pequeñas donde ya no hay gente para vivir.

 

Jackson Square, en el corazón del Barrio Francés.El tranvía que
atraviesa la ciudad. La arquitectura que alaban los turistas. Las
señales de una ciudad viva.

 

 

Son dos ciudades en una. La golpeada, la herida, la que clama ayuda prometida que nunca llegó (o que llega muy lento) y el casco histórico, donde hay vida por montones, donde se venden libros con la tragedia como souvenir y donde comentan que cada día que pase New Orleans estará más linda, más amigable, dispuesta a recibir más turistas. New Orleans es una ciudad de ritmo distinto. Al no ser una megaurbe nadie parece estar preocupado del tiempo, las luces de los semáforos son eternas y a nadie se le va la vida cruzando las calles por temor a que el reloj lo pille. Es una ciudad slow, dispuesta a aprovechar sus momentos y no subirse a velocidades que podrían entorpecer su funcionamiento. Segunda señal: New Orleans se tomará su tiempo para volver a nacer, sin plazos, ni apuros. Mientras haya una trompeta sonando en una esquina, nadie preguntará por la hora.

 

 

 

El señor Pitt y la señora Jolie

 

Brad Pitt y Angelina Jolie se están convirtiendo, sin querer queriendo, en los embajadores por el mundo de esta ciudad. Hace tres años compraron una casa en el French Quarter (Barrio Francés, la joya de New Orleans) y disfrutan de la ciudad adoptiva, como lo señalaron en una entrevista con la revista People. La visitan regularmente, bailan en el Mardi Gras –el gran carnaval de inicio de año–, cuentan que es la única parte en Estados Unidos donde salen a la calle y nadie los molesta y quieren colaborar con el despegue de la Big Easy, como también la llaman.

 

Si la arquitectura es el ítem más valorado por los turistas para elegir a New Orleans como destino, Brad Pitt cree recuperarla construyendo casas modelos. El actor rodó aquí la película Entrevista con el vampiro y en diciembre anunció una donación de cinco millones de dólares para reconstruir barrios que están en el suelo. No satisfecho con ello, lanzó su campaña Make It Right, a través de una página web, donde venden jockeys que entregarán el financiamiento para levantar casas, pintar murallas y pavimentar calles. Todo antes de junio de 2008.

 

Tamaña ayuda le ha venido muy bien a la ciudad. La gente pregunta dónde está el chalet de la pareja más famosa de Hollywood, dónde compran té helado, dónde caminan. Pero es un efecto groupie mínimo, no hay fans gritando por sus ídolos, sólo curiosidad, algo leve.

Que los Pitt-Jolie vivan en el French Quarter es un atractivo más del barrio que le da vida a la city. Una zona donde los recorridos son a pie (los taxis casi no se ven), donde cada calle tiene algo por mostrar, donde la música suena en jazz, en orquestas, en saxos o pianos en las veredas. Los balcones exhiben banderas americanas y de la ciudad con orgullo, las casas están perfectamente pintadas y cada fotografía es una postal. Los propietarios de las viviendas conversan desde los segundos pisos con sus vecinos y saludan a los visitantes. Los ladrillos (herencia hispana, que consideró el mejor material para construir tras dos grandes incendios en 1788 y 1794) le dan el estilo de barrio acogedor que la destaca por sobre otros lugares de atracción.

 

 

 

Hasta que explote


Las ocho cuadras con más vida de la ciudad. Bourbon Street Fun es la perfecta excusa para olvidarse un rato de los problemas o del trabajo y recorrerla a pie (sus calles son cerradas para los autos de noche). Es la zona de bares, donde la música suena en vivo, hay bandas que no sólo cultivan el jazz, sino además tocan covers de Queen, Journey, Van Halen y Marillion. Es una obligación no escrita comprar collares de colores para regalar a las mujeres. Es un acto, casi un ritual: los lanzan desde los balcones para que los luzcan en el paseo nocturno.

Podríamos decir que es lo más americano de New Orleans. Es una miniatura del Mardi Gras y la mejor idea de por qué esta ciudad aparece como un destino de escape o de fin de semana salvaje. Sting, el vocalista de The Police, le dedicó una canción que habla sobre la transformación del Hombre Lobo a la luz de la luna de New Orleans. Un dato: no abuse de ella, puede ser perjudicial para su salud. Tómela en pequeñas cantidades. Y no se aloje en esta calle, puede que no duerma.

 

 

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Desde Canal Street, una avenida preciosa con luces navideñas –elegida por la American Planning Association como una de las diez mejores calles de Estados Unidos– hasta Jackson Square, la Plaza de Armas de la ciudad, pasando por la bohemia y fiestera Bourbon Street (ver recuadro) y limitando con el paseo peatonal del Mississippi, French Quarter tiene lo mejor para ofrecer. Es aquí donde están los mejores restaurantes de la ciudad (hay 868 en el Area Metropolitana), donde los hoteles ofrecen sus 38 mil camas y donde se expresa mejor la multicultura. La Catedral de Saint Louis y los artistas que rodean la plaza parecen importados de París, con una semejanza notable con Montmartre. Acá se levantan tiendas, cafés (el famoso Du Monde, ver recuadro) y el tranvía que volvió hace un mes a recorrer sus calles.

 

 

 

La tabla de salvación

 

 

Después del atardecer. Antigüedades, hora de pasarlo bien, entretención, música en vivo y fin de semana salvaje. Estas características de New Orleans fueron votadas en primer lugar por 60 mil turistas en una encuesta de CNN y la revista especializada Travel and Leisure, en un estudio donde compitieron 25 ciudades. En segundo lugar calificó en categorías como variedad de restaurantes, amabilidad, lugar de negocios y compras, donde el tax free atrae mucha gente.

El turismo podría sacar a flote a New Orleans. Lo sabe su gente y lo domina el Metropolitan Convention and Visitors Bureau de la ciudad. “Tras Katrina, la gente tiene curiosidad por saber cómo hemos respondido para levantarnos nuevamente. Y nuestros focus indican que el visitante sigue valorando las mismas cualidades de antes del 2005. En primer lugar, la arquitectura. Segundo, la música y tercero la gastronomía. Ese trío es nuestro imán para remontar nuestras cifras de viajeros”, comenta Kelly Schulz, vicepresidente de Comunicaciones y Relaciones Públicas de la ciudad.

 

Una cosa lleva a la otra. La comida cajún, el plato típico (un cocimiento con mucho condimento, con pollo, cecinas y mariscos, mezclados con arroz), es inconcebible sin jazz de fondo. Cuando esos dos elementos se suman a la vista de las terrazas de los restaurantes se conforma el gancho para cautivar a los visitantes, brindando una experiencia de momento grato. Las ostras y los camarones son los platos más requeridos, siempre con mucho aliño.

 

Es una ciudad de fiestas, de descontrol por momentos, el único lugar en Estados Unidos donde está permitido tomar alcohol en la calle o manejando. Impresiona ver los pitchers de cervezas por las calles, arriba de los autos o compartiendo un trago en las esquinas. Los americanos que la visitan aman esa libertad y la demuestran un martes por la noche, un viernes e incluso un domingo en el día, antes de que jueguen los Saints, el equipo de fútbol americano de la ciudad, una verdadera devoción de sus habitantes, que visten sus camisetas negras con mucho orgullo y que llenan el SuperDomo para verlos jugar.

 

Mardi Gras es un mundo aparte. El tradicional carnaval de la ciudad, que se desarrolla en febrero, lentamente retoma sus cifras antes de Katrina, cuando movía más de un millón de personas. En el 2006 asistieron 700 mil y este año 800 mil, con una ocupación hotelera cercana al 85%. Las máscaras, los collares brillantes y el recorrido por sus barrios más tradicionales sigue siendo una postal turística por el cual muchos apuestan.

New Orleans no descansará en su intento por demostrarle al mundo que pudo levantarse tras Katrina. Es cierto que los tours por las zonas afectadas cautivan a los amantes del turismo de desastres, pero la ciudad se está vistiendo de frac para recibir a sus visitantes. Ese es el esfuerzo común de su gente, de su historia. O de su misión. Su lugar dentro de Estados Unidos es el de divertir y dejar que las cosas buenas duren. O no terminen nunca.

 

 

 

Stop

Café du Monde: Atiende desde 1862 las 24 horas del día. Cuando Katrina arrasó con la ciudad, mantuvo sus puertas abiertas. A pesar de que hay locales en algunos mall, el clásico está en el Barrio Francés, donde la gente consume el café au lait y los beignets (una especie de calzón roto) con azúcar flor. www.cafedumonde.com

Vintage 429: Una joya de tienda para los fanáticos de la música y la historia americana. Discos autografi ados por los Beatles, cartas del ex presidente John Fitzgerald Kennedy y la bandera del Masters de Augusta de golf con la letra y puño de Tiger Woods. Un mundo de recuerdos y souvenirs para coleccionistas. www.vintage429.com

Hotel Monteleone: Pertenece a la colección de hoteles históricos de Estados Unidos. Es conocido en New Orleans porque Truman Capote, Ernest Hemingway, William Faulkner y Richard Ford escribieron ahí sus novelas. Seiscientas habitaciones de lujo y un confort de hotel boutique. www.hotelmonteleone.com.