Desde Gran Bretaña hasta las repúblicas del este, el continente europeo estrena también su “nueva derecha”. Se trata de un selecto grupo que comparte varias características. Obviamente, se ubican a la derecha de sus respectivos mapas electorales, ya sea en tiendas conservadoras, liberales o democratacristianas. Ninguno rebasa los 45 años, son ganadores en las urnas y todos apuntan hacia el centro político. A su manera, cada uno de ellos ha desafiado el estereotipo tradicional de la derecha.

  • 27 enero, 2011

Por Cristóbal Bellolio/ Desde Londres

Desde Gran Bretaña hasta las repúblicas del este, el continente europeo estrena también su “nueva derecha”. Se trata de un selecto grupo que comparte varias características. Obviamente, se ubican a la derecha de sus respectivos mapas electorales, ya sea en tiendas conservadoras, liberales o democratacristianas. Ninguno rebasa los 45 años, son ganadores en las urnas y todos apuntan hacia el centro político. A su manera, cada uno de ellos ha desafiado el estereotipo tradicional de la derecha.

La lista la encabeza, por supuesto, David Cameron (44). El ocupante de Downing Street Nº 10 fue comparado durante mucho tiempo con Tony Blair, justamente, por su capacidad para desligarse del pasado de su partido y encabezar un profundo proceso de renovación al interior de los tories. Para muchos, su apretura ideológica lo pone en las antípodas del modelo thatcheriano de liderazgo conservador.

Luego se suele citar a Fredrik Reinfeldt (45), desde 2006 a la cabeza del gobierno sueco. El año pasado fue reelecto, convirtiéndose en el primer político de derecha en ejercer el poder por dos periodos consecutivos. Doble mérito en el arquetipo del Estado de bienestar europeo. Fue justamente Reinfeldt quien ajustó el nombre de su Partido Moderado agregándole el calificativo de “nuevo”.

En Alemania, los ojos están puestos en la emergente figura de Karl-Theodor zu Guttenberg (39), que pasó de ministro de Economía a ministro de Defensa con Angela Merkel. Con AC/DC como banda de cabecera, este socialcristiano acaba de darle un buen dolor de cabeza al nacionalismo alemán al abolir el servicio militar obligatorio. En la lista siguen Valdis Dombrovskis (39), desde hace dos años primer ministro de Letonia; Alexander Stubb (42), ministro de Relaciones Exteriores de Finlandia; Jyrki Katainen (39), también finlandés, elegido por Financial Times en 2008 como el mejor ministro de Hacienda de Europa; y Jean-Francois Copé (46), nuevo líder del UMP francés.

Angela Merkel (56) y Nicolas Sarkozy (55), increíblemente, pasaron a reforzar la vieja guardia. Tampoco califica Mariano Rajoy (55), del Partido Popular español, ni menos el actual gobernante de Portugal (que va por la reelección en las próximas semanas), Aníbal Cavaço Silva (71).

La tarea para la “nueva derecha” europea es ardua. Por un lado, los que tienen el poder deben administrarlo durante una etapa especialmente difícil para las finanzas públicas. Austeridad no suele ser sinónimo de popularidad. Deberán, además, enfrentar a una izquierda que promueve un uso más extendido de las herramientas estatales para sortear la crisis. Pero, por otra parte, existe escepticismo respecto de sus capacidades para articular un discurso común que tenga cierta consistencia intelectual. Los miembros de esta patrulla juvenil se ufanan de sus redes y buenas relaciones, pero está claro que eso no basta. El pragmatismo quizás no sea suficiente como emblema. Se suele recordar que en los años noventa muchos líderes fueron seducidos por la “tercera vía” de Blair, Clinton y compañía, pero finalmente no hubo un aporte político particularmente distintivo ni perdurable en el tiempo. Está por verse si Cameron, Reinfeldt y compañía logran marcar un hito relevante.

Por de pronto, son conexiones útiles para la derecha chilena. Aunque el presidente Piñera haya abandonado hace un buen rato sus cuarenta y tantos, puede pavimentar el camino para la aparición de una nueva patrulla juvenil cobijada al alero de su administración. Si la tesis Hinzpeter pretende tomar vuelo, estos son ejemplos a imitar en el fondo y en la forma: una derecha que copa el centro político y que se comunica de manera distinta.

Alguna vez escuché que la derecha chilena miraba como ejemplo a los republicanos de EEUU mientras la izquierda criolla le seguía la pista a la socialdemocracia europea. Hoy la recomendación debiera ser, al menos para el oficialismo, olvidarse por un buen rato del Tea Party (aun considerando su reciente boom) y enfocarse en las experiencias del viejo continente.