Amables, divertidas y calidas. Así son Anita Briones Goich y Anita Justiniano Briones, hija y nieta –respectivamente- del emblemático empresario Hernán Briones., quienes por primera vez dan a conocer en detalle el proyecto de fundación que lleva el nombre del patriarca de la familia. Para ellas esta obra es, ante todo, una “misión” familiar y por eso se han aplicado casi un año a su diseño.

  • 11 diciembre, 2008

 

Amables, divertidas y calidas. Así son Anita Briones Goich y Anita Justiniano Briones, hija y nieta –respectivamente- del emblemático empresario Hernán Briones., quienes por primera vez dan a conocer en detalle el proyecto de fundación que lleva el nombre del patriarca de la familia. Para ellas esta obra es, ante todo, una “misión” familiar y por eso se han aplicado casi un año a su diseño.


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Las oficinas de Invesa, el holding de la familia Briones, lucen distintas. Ubicadas en el piso 10 del Edificio de la Industria, en ellas se nota la mano de Anita Briones Goich (60) y Anita Justiniano Briones (35), hija y nieta –respectivamente– del fallecido empresario Hernán Briones, quienes no sólo han remodelado el lugar, sino que además le han impreso nuevas lógicas de trabajo, las que tienen que ver con uno de los proyectos más sentidos del clan: la constitución de una fundación que lleve el nombre del patriarca.

A primera hora de la mañana, Anita Justiniano nos recibe para conversar del proyecto y, mientras nos dirigimos a la sala de reuniones, nos confiesa que “hemos estado remodelando la oficina… y créeme que ha sido un caos”. En el camino se nos une su mamá, la consejera de SFF Anita Briones, quien se declara incómoda con la exposición mediática, pero que la asume si con ello se logra dar a conocer esta obra que califica de noble y muy trascendente para la familia.

Nos cuentan que los Briones han invertido mucho tiempo en definir la misión y características de la nueva institución, proceso en el cual las preguntas han sido varias (qué hacer, cómo, cuándo) y en la que, por cierto, los hermanos (Hernán, Loreto y Pablo) han tenido mucho que decir. También ha sido relevante la opinión de Sylvia Goich (85), quien en una de las primeras reuniones de directorio estableció que “hagan lo que hagan, no se olviden de apoyar a la Escuela Manuel de Salas en Guanaqueros”, lugar con el cual la familia tiene fuertes vínculos, ya que por décadas fue el preferido del “mosquetero” Hernán Briones.

Las ansias de crear la fundación incluso los llevó a constituirla legalmente, sin siquiera tener idea de lo que harían después. Fue así como, hace exactamente un año, el abogado del grupo, Felipe Vial, realizó todo el papeleo legal para su inscripción. “Este proyecto partió al revés de los cristianos, antes de saber lo que íbamos a hacer, la parte jurídica ya estaba… Sí, porque lo único que teníamos claro hace un año era que había que hacer algo”, cuenta con total transparencia Anita Justiniano.

Y aunque no sabían concretamente qué iban a hacer, sí tenían una noción: la fundación debía estar –“de todas maneras”– ligada al ámbito educacional. Es que no podía ser de otra forma, teniendo como antecedente la innata fascinación de Hernán Briones Gorostiaga por el estudio de todo tipo de temas… “hasta del genoma humano”, como recuerda su hija.

Según nos cuenta Anita Briones, por décadas su padre mostró preocupación por la excelencia académica, inquietud que lo llevó a ser uno de los principales benefactores de las becas educacionales de la Fundación Pinochet, entre otras instituciones.

Tras su muerte, en la familia quisieron transformar esa inquietud del patriarca en algo sistemático y con proyecciones de largo plazo, tarea que asumió con especial ahínco esta dupla. “El siempre se sintió socialmente responsable, y aunque fue muy solidario y ayudó al pueblo de Guanaqueros de una u otra forma, donando computadores, construyendo el edificio de los bomberos o haciendo la iglesia, sin duda le hubiese gustado hacer más y por eso hoy nos quisimos hacer cargo de eso”, enfatiza su hija.

Manos a la obra

Pero el proyecto no podía desarrollarse sin plazos. Y no podía, entre otras cosas, porque en la familia saben de las urgencias que hay en el país en materia educacional y saben de primera agua que aquella escuelita de Guanaqueros, a la cual alude Sylvia Goich, tiene necesidades imperiosas. De hecho, con ocasión del cumpleaños número 80 de Sylvia, los Briones regalaron en forma simbólica becas de transporte para los niños de la escuela, al darse cuenta de que muchos escolares dejaban de estudiar por no tener dinero para trasladarse. “Algo similar hicimos también cuando el papá cumplió 90 años, habilitando la sala de computación de la escuela, la que, por cierto, lleva su nombre”, explica Anita.

Ahora, tras la creación de la fundación no había excusa para poner en marcha un proyecto de mayor escala, misión que recayó nada menos que en Anita Justiniano. Su madre cuenta orgullosa que no fue una elección al azar. “De hecho, hubo todo un proceso de selección, en la que se evaluó a varias personas”, pero finalmente sus credenciales académicas (master en Ciencias Políticas y con gran expertise en políticas públicas) y sus ganas de formar parte del proyecto familiar la hicieron calificar como la candidata ideal para asumir la dirección de la fundación.

Muy matea, desde que tomó su nuevo rol en junio pasado Anita Justiniano cuenta que en tres meses se reunió con más de 50 expertos y visitó innumerables proyectos en busca de referentes y apoyo para materializar la fundación. Pero eso no fue todo. Junto con conocer estas experiencias, también investigó la situación académica de la escuelita de Guanaqueros. “La verdad es que es que en esa parte nos dimos cuenta deque no andaba nada de bien. Por ejemplo, su puntaje Simce no supera los 220 puntos, lo cual es bajísimo”.

Con estos antecedentes en la mano, no perdió más tiempo y en cuestión de horas tomó contacto con el director de la escuela, Jaime Aguirre, a quien la familia conoce desde hace varios años. En esa conversación le planteó la idea de trabajar en conjunto para mejorar con urgencia el desempeño académico y luego, en una segunda etapa, fomentar el espíritu emprendedor de los niños.

Para apoyar la primea parte del proyecto piloto, la fundación decidió contratar la asesoría de la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP), la que con su reconocido método de aprendizaje reforzará las áreas de lenguaje, matemáticas y ciencias en los niños de kinder a cuarto básico. El programa ya está en marcha y, de hecho, ya durante el mes pasado partieron las pruebas de nivel, las que una vez que finalicen darán la pauta para la creación de un programa especial para la escuela. Mientras tanto, el plan continuará el próximo mes con la capacitación de los profesores.

Como se trata de una experiencia piloto, en principio la idea es apoyar al establecimiento durante los próximos cuatro años y, una vez que tengan los primeros resultados –previa evaluación de cada una de las etapas de implementación–, extenderán el programa a otras escuelas y colegios de aquellas zonas donde se ubican las plantas de Cementos Bio Bio e Indura en todo Chile. Es decir, a Antofagasta, Teno y Concepción.

Justiniano aclara que la idea de la fundación no es sólo mejorar los estándares educacionales de las escuelas a intervenir, sino también complementar el área académica con programas de emprendimiento. “Queremos ampliar la visión del mundo que tienen los niños que asisten a estas escuelitas, darles a conocer la comuna, la región, el país, el planeta, cómo se interconectan las culturas, el intercambio comercial, en fin… La idea es que estos niños al final del día no sientan que están condenados a hacer lo mismo que hicieron sus padres para sobrevivir, sino que busquen otras alternativas, que sean emprendedores”, enfatiza.

Sabe que esto último no es tarea fácil y que en Chile hay pocas experiencias de este tipo. “Pero las hay”, dice optimista. Una de ellas es el programa de junior achievement implementado por Invertec en varias escuelas del sur del país, el que no tiene otro objetivo que incentivar a través de la educación básica la creatividad y la innovación.

Mientras piensan en una segunda etapa del proyecto, en lo inmediato lo que las tiene de cabeza es la ejecución del plan piloto en Guanqueros. “Luego se evaluará el próximo paso a seguir y para eso hay que esperar también que pase un poco la crisis”, dice con algo de preocupación la consejera de SFF.

En paralelo, saben que deben fortalecer la institucionalidad de la fundación y, por eso, ya están pensando en crear un comité integrado por expertos. “Ya hemos sondeado a varias personalidades en este ámbito; entre ellos Tomás Ariztía, quien también es director de la Sociedad de Instrucción Primaria, además de Cristóbal Elton, María José Rodríguez y Oscar Justiniano”, agrega. Ellos, eventualmente, se sumarían al directorio de la fundación integrado por Sylvia Goich, Hernán, Pablo, Loreto y Anita Briones, Rodrigo Landea (hijo de Loreto) y Anita Justiniano.

“Nuestra misión es clara: llevar a sectores de escasos recursos un ideal formador que permita el acceso a una educación de calidad y que fomente el espíritu emprendedor, tal como el abuelo hubiese querido”, concluye.

 

¿Por qué Guanaqueros?

Más de cuatro décadas llevan los Briones instalados en Guanaqueros. Para esta familia la zona representa mucho más que un lugar de veraneo. El lugar era destino obligado de Hernán Briones todos los fines de semana, a donde se trasladaba en avioneta, religiosamente. Sus cercanos sabían de su fascinación por la zona, encanto que pronto cautivó a sus hijos, quienes hoy tienen casa en el campo, “todas construidas con el mismo plano y con el mismo maestro”, señala Anita Briones.

Guanaqueros tiene una historia que se entrelaza íntimamente con la familia Briones. Sí, porque el clan se trasladaba todos los años a un mismo sitio a hacer camping. El terreno era de propiedad de “la señora María”, quien sagradamente les guardaba un espacio. Eso, hasta que un día lo llamó y le dijo: “Hernán quiero ir a Europa y necesito vender este terreno, pero no puedo porque la ley (Reforma Agraria) no lo permite, ¿qué hacemos?”. Enseguida surgió la idea del trueque, el cual tomó forma en “una especie de contrato de compra y venta a futuro. Así fue como la señora María logró irse a Europa, mientras nosotros nos instalábamos en el lugar… Obviamente, todo eso después se regularizó”, cuenta Anita Briones.

De ahí en adelante comienzan a estrecharse los lazos con la comunidad. Poco a poco, los pobladores vieron en este nuevo vecino un gran aliado y benefactor. Los bomberos fueron los primeros en descubrirlo, una vez que “don Hernán” –como le decían– los ayudara desinteresadamente a terminar la construcción de su cuartel. Luego vendrían nuevas contribuciones, proceso en el cual fue clave el suizo Willie Lindeman, quien se hizo cargo de la administración del campo. A través de él, la familia pudo conocer en detalle las necesidades y carencias de los vecinos y forjar vínculos estables con Guanaqueros