Una medalla está muy lejos de los deportistas nacionales que participarán en Londres 2012, pero muy cerca de los televidentes que seguirán el evento desde Chile. Los Juegos Olímpicos que arrancan el 27 de julio marcarán un nuevo hito para la televisión mundial y, muy probablemente, también despedirán el experimento de la producción deportiva en 3D.

  • 24 mayo, 2012

Una medalla está muy lejos de los deportistas nacionales que participarán en Londres 2012, pero muy cerca de los televidentes que seguirán el evento desde Chile. Los Juegos Olímpicos que arrancan el 27 de julio marcarán un nuevo hito para la televisión mundial y, muy probablemente, también despedirán el experimento de la producción deportiva en 3D. Por Michael Boys.

Ninguno de los 10.500 deportistas con derecho a cama habita ya la Villa Olímpica de Londres. En las sedes de las competencias sólo ha habido gritos de niños entusiastas y uno que otro evento de prueba. La capital del Reino Unido aún está ajustando detalles para recibir a 1,6 millones de visitantes entre el 27 de julio y el 12 de agosto… mientras una cifra similar de londinenses huye de la locura y aprovecha para hacer dinero en arriendos de temporada.

Sin embargo, casi 200 estadounidenses de la cadena NBC ya están trabajando para llevar a su país la señal televisiva de los Juegos. Una veintena de ellos, de hecho, lleva más de tres años en la ciudad. Y los 900 restantes llegarán en los próximos días a tomarse los siete mil metros cuadrados comprados por la estación en el International Broadcasting Center, instalado en el Parque Olímpico, al noreste de Londres.

Es parte de la locura de los Juegos, que hace cuatro años llegó a una audiencia potencial de 4.300 millones de personas en 220 territorios nacionales, como le gusta llamarlos al Comité Olímpico Internacional (COI), para ahorrarse líos políticos. Esa locura que paraliza guerras, construye épicas perennes, levanta héroes y muestra la cara lavada del deporte amateur, bien escondida detrás de la máscara del profesionalismo.

Mil cámaras, una mano
Manolo Romero es español y ha estado vinculado a la transmisión televisiva de los Juegos Olímpicos desde Barcelona 1992, el evento que cambió la cara a la ciudad condal. Hombre menudo y severo, encabeza a Olympic Broadcasting Services (OBS), la subsidiaria del Comité que es la única encargada de levantar la señal oficial de todos los deportes y entrega servicios a los poseedores de derechos, como NBC o las chilenas TVN y Canal 13.
En una movida que causó escozor en Gran Bretaña, Romero apartó de todas las decisiones de producción a la BBC que, dicho sea y no de paso, es una de las mejores productoras de deportes en el mundo. Pero el español quiso evitar los problemas que sufrió en citas anteriores; especialmente, la última en China, al hacer descansar a su cadena en las estructuras locales. Y la BBC tuvo que aceptar que la corretearan de su propia casa y de una inauguración que tiene la vara tan alta como el Big Ben, después de la espectacular apertura en Beijing.

La mano artística de Romero tiene dos sellos que serán claramente visibles para cualquier telespectador: el lucimiento de la ciudad anfitriona y el de las innovaciones tecnológicas.

Londres se exhibirá en todo su esplendor, tal como antes lo hicieron Barcelona, Sydney, Atenas y Beijing (Atlanta escapó a la norma), y hará que los británicos recuperen el habla perdida por los millonarios presupuestos destinados a la organización. El maratón, la marcha, el ciclismo de ruta y el triatlón pasarán por todos los hitos de la urbe, como el Palacio de Buckingham, The Mall, la Abadía de Westminster y la Torre de Londres; varias pruebas acuáticas se desarrollarán en Hyde Park, y los recintos deportivos más emblemáticos, como Wembley y el nuevo Estadio Olímpico, ofrecerán vistas fenomenales.
Mil cámaras estarán disponibles para emitir y registrar la totalidad de las competencias, y 5.500 serán los profesionales encargados de poner las señales al aire. En total, se producirán 5.100 horas de caviar televisivo mientras esté encendido el pebetero olímpico. Y, como siempre, habrá sorpresas para los televidentes: un vehículo equipado con una cámara con visión en 360° seguirá las carreras en las calles, mientras por primera vez habrá imágenes con la perspectiva de los deportistas en disciplinas como el ciclismo de montaña y el canotaje.

A regañadientes, eso sí, Romero y OBS debieron incorporar la producción 3D. Después de que FIFA y Sony lo hicieran en Sudáfrica 2010, Panasonic presionó por tener su propia oportunidad en Londres. Y aunque la BBC y otras 12 cadenas con capacidad técnica de transmisión en 3D ya se han sumado al proyecto, lo más probable es que sea la última experiencia en tres dimensiones, vistas la lenta penetración de la tecnología en los hogares y las dudas respecto de su valor para el deporte.

¿Y el negocio?
Junto con los mundiales de Fútbol, los Juegos Olímpicos son los eventos por los que los broadcasters internacionales están dispuestos a perder la cabeza. Y en Estados Unidos, donde el fútbol sólo pelea el cuarto lugar entre los deportes más populares, casi todo se vuelca a la gran cita polideportiva: a mediados de 2011, la mentada NBC renovó sus derechos hasta 2020 por ¡4.380 millones de dólares!

En Chile, Televisión Nacional y Canal 13 se unieron para pagar un millón de dólares y monedas por los Juegos Olímpicos de Invierno Vancouver 2010 y los de verano de Londres 2012, más los nuevos eventos juveniles de Innsbruck 2012 y Singapur 2010, respectivamente. Cifra tres veces superior a la que cancelaron en el ciclo anterior, en conjunto con Mega, pero que les permitió controlar en parte la ofensiva de Chilevisión por los derechos deportivos.

Por contrato, TVN y Canal 13 tienen la obligación de emitir entre ambos 220 horas de los Juegos durante los 18 días de competencia. Un compromiso alto para el embudo de la televisión abierta analógica; más aún considerando que la selección de fútbol no clasificó y que la diferencia horaria con el Reino Unido alterará trenes programáticos asentados para la mañana y la tarde.

Además, deberán lidiar con la competencia de pantallas más flexibles: DirecTV ofrecerá 900 horas de emisiones en vivo a través de seis canales, dos de ellos en alta definición; ESPN hará una apuesta de casi 600 horas en sus diversas plataformas, también incluyendo la de HD; y en Internet y móviles, Terra TV llegará a la friolera de 4.760 horas, por 36 canales. Claro que éstas son todas producciones pan-regionales, por lo que el foco no estará puesto necesariamente en la participación de los chilenos.

En todas las escalas y para casi todos los licenciatarios de derechos, los Juegos Olímpicos representan un negocio deficitario. Y si se suman los costos de producción en directo y las ingentes restricciones a la comercialización impuestas por el organizador, los ceros se acumulan en el balance en rojo.

¿Por qué los canales de televisión siguen invirtiendo en ellos, entonces? Porque nada construye tanta imagen como la vinculación con los cinco anillos de colores.
El COI gobierna el deporte mundial desde su sede en Lausana, Suiza, y administra el emblema más reconocido del mundo. Presentado en 1913, tanto su creador como su significado han sido objeto de múltiples teorías, siendo la más aceptada la representación de los continentes unidos por el deporte.

Hoy, casi 100 años después de ese lanzamiento y a tres décadas de su apertura “comercial”, 11 transnacionales pagaron 957 millones de dólares por asociarse al símbolo después de Beijing 2008 y hasta Londres 2012: Coca-Cola, Acer, Atos, Dow Chemicals, General Electric, McDonald’s, Omega, Panasonic, P&G, Panasonic y Visa integran la sexta generación del llamado TOP Programme, por el cual se transforman en socios del movimiento olímpico y sus eventos.

Pero el ROI de este patrocinio es un rompecabezas: las marcas casi no tienen presencia en pantalla ni tampoco en los estadios; las canchas están limpias de publicidad y, en contrapartida, firmas no asociadas (como las de indumentaria deportiva) asoman con muchísima más preponderancia durante las pruebas. Entonces surge para justificarlo todo la inigualable bendición de los cinco anillos, particularmente evidente para empresas cuestionadas por su dudoso aporte a la vida sana.