Nadie esperaba un nuevo disco del autor de Like a Rolling Stone a tan solo tres años de su trabajo anterior, el notable Modern Times. Pero aquí esta, a pocos días de ser editada, la ultima apuesta del músico norteamericano, Together through life. Viejo zorro.

  • 14 abril, 2009

 

Nadie esperaba un nuevo disco del autor de Like a Rolling Stone a tan solo tres años de su trabajo anterior, el notable Modern Times. Pero aquí esta, a pocos días de ser editada, la ultima apuesta del músico norteamericano, Together through life. Viejo zorro. Por Andrés Valdivia.

La figura de Bob Dylan es mítica, tanto por la estatura del personaje como por la reluctancia mediática y el hermetismo de su persona. El tipo reniega de su rol fundacional y de la chapa mesiánica que se le cuelga, pero al mismo tiempo pareciera nunca dejar en claro de qué lado, a fin de cuentas, está. Si en esta parte –o en la otra– de la trinchera. Igual que un jugador de poker, mantiene la intriga hasta el final. Son las canciones las que hablan por él, muy a pesar de lo que cualquier periodista, biógrafo o simple fanático quisiera.

Y como nada nunca es muy claro alrededor de Dylan, lo de su último disco también trae una historia adosada que parece cierta y mentira a la vez. La cosa va así: de Robert Zimmerman (el nombre detrás de la máscara) se esperan discos cada cuatro o cinco años, por lo que nadie pensaba que a menos de tres de su última producción, Modern times (2006), se anunciara una nueva placa.

Al parecer, a Dylan le gustó mucho la cinta biográfica La vie en rose que el director Olivier Daham hizo sobre Edith Piaf. Enterado de esta inesperada devoción, el cineasta le encargó una canción para su nuevo filme My own love song. Dylan, obediente como es, sacó de la manga un tema que tituló Life is hard y, en el proceso, tuvo la suficiente inspiración como para componer otras nueve canciones que le pareció que cumplían los requisitos mínimos para ser registradas y editadas. Todo muy rápido, todo sobre la marcha.

Tomó entonces a la banda con la que sale de gira regularmente, le agregó algunos invitados –entre ellos, Mike Campbell, guitarrista de Tom Petty, y a uno de los fundadores de Los Lobos, David Hidalgo, en el acordeón– y simplemente grabó el disco. Lo produjo él mismo bajo su histórica chapa Jack Frost.

El resultado se llama Together through life y será editado el 28 de abril en el mundo entero. Sea cierta o no la historia de sus circunstancias, el hecho es que ya tenemos algo nuevo de Dylan, y eso es noticia en sí misma. El hermetismo alrededor de su trabajo es, como siempre, alto. De hecho, sólo un selecto grupo de críticos del planeta pudo escucharlo antes de su edición y ya ha generado auspiciosos reportes de su contenido. Pero vamos por partes, que el filete parece bueno y abundante.

Together through life se enmarca perfectamente como continuación de lo que ya se entiende como una trilogía acerca del amor y la muerte (¿habrá algún otro tema que merezca la pena ser revisado en profundidad?), cuyos puntos cardinales son los soberbios Time out of Mind (1997), Love and theft (2001) y Modern times (2006). Una de las maravillas más sorprendentes de este triángulo, y un asunto que confirma su nuevo álbum, es que Dylan pareciera ir avanzando en la densidad de sus reflexiones al mismo tiempo que retrocede cada vez más en su sonido, inspirándose disco a disco en melodías y estilos a estas alturas centenarios.

Una interesante paradoja para un músico que se despegó del legado ancestral de la canción folk para adentrarse en los vapores del rock and roll y hacer historia, en 1965, con Highway 61 revisited (ver recuadro). Pero esta vez, enfrentado a su propia vejez, opta por retroceder hasta la fuente, hasta el corazón de la canción norteamericana.

El veterano artista dice que Together… es romántico, y la superficie indica que esa es la dirección del disco, pero no hay que dejarse engañar: Dylan se encuentra con la muerte y con el amor casi como si fueran lo mismo. O si se quiere, como si la solución al dolor que presentan ambas disyuntivas no fuese distinguible entre una u otra. Cuesta encontrar en la industria musical de hoy resultados líricos tan profundos como los que Zimmerman ha logrado en la trilogía que ya hemos escuchado. El nuevo disco continúa el viaje, en lo lírico y en lo musical, y nadie prevee hasta dónde llegará ni cuál será su próxima parada. Con Dylan nunca se sabe.

En el detalle, Together… retoma las rutas del blues profundo, real; mientras Dylan, el cantante, muestra una voz que se acerca cada día más a un aullido ronco; las melodías son bellas, rítmicas, de tugurio sureño, con frases repletas de ambigüedad y sentido, y un desprecio por la contingencia que sólo habla de sabiduría y cautela (¿alguien dijo Obama?). Así es que la recomendación es trivial: si amaste algo de los últimos tres discos de Dylan, Together through life te debería volar los sesos.

 

 


Enfoque

En sus propias palabras


A propósito de su nuevo disco y de los múltiples cambios que ha protagonizado a lo largo de su carrera, Dylan declaró: “algunos prefieren las canciones de mi primer período. Otros, las del segundo. Otros, el período cristiano. Otros, el post colombino. Otros, el prerrafealista. Alguna gente prefiere mis canciones de los noventas. Yo veo que mi audiencia ahora no está particularmente preocupada de la etapa a la que pertenecen las canciones. Sienten el estilo y la sustancia (de los temas) en un modo más visceral… No hay mistificación. Esa es la única manera en que puedo explicarlo”. Genio

Piratas oficiales

Dylan ha editado algunos de sus “bootlegs” –registros de conciertos y versiones desechadas- más famosos, que tradicionalmente eran botín de piratas. Aquí, tres imperdibles

The Bootleg Series, Vol. 6. Bob Dylan Live 1964 – Concert at Philarmonic Hall. El registro del peak de la etapa folk de Dylan. Bello, emocionante.
The Bootleg Series, Vol. 4. The Royal Albert Hall Concert. Registro de la mítica gira del año 1966 en la que Dylab tocaba un set acústico y luego uno eléctrico. Pocas veces se ha escuchado un set acústico más sobrecogedor y pocas veces se ha escuchado rock más rockero que en este disco doble. Memorable.
The Bootleg Series, Vol. 8. Tell Tale Signs – Rare and Unreleased 1989-2006. Sólo para fans, este bootleg muestra cómo armó las canciones de sus últimos tres discos, una verdadera lección de composición y arreglos. Precioso.

Revoluciones Dylan

Los discos que cambiaron las nociones de la música popular en términos de industria y arte, reinvención y persistencia.

The freeweeling BobDylan (1963). Su segunda placa y uno de sus mejores discos acústicos. Insuperables Masters of war y Girl from the northern country, entre otras joyas. Guitarra de palo, armónica y voz. Esencial.
Highway 61 revisited (1965). Un disco fundacional del rock and roll. Destacan hits como Like a rolling stone y una de las canciones más brillantes nunca compuestas, Desolation row. Nada ha sido igual desde entonces.
Time out of mind (1997). Probablemente el disco más interesante sobre el amor y la muerte jamás escrito. Desolador, notable y con algunas de las baladas más hermosas que se hayan escuchado.